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Rompiendo el Silencio
Descubriendo el Principio del Altar y el Remanente.
Volumen 1 - El antiguo testamento
Autor Pastor Fred Saleh
Finalmente vamos a tener el privilegio de publicar el borrador de la traducción en español de "Breaking the Silence" antes de su publicación en formato impreso. Este libro contiene un gran potencial espiritual que muestra Principios de Verdad que están siendo mal interpretados o no considerados por el cuerpo de Cristo, los cuales han de ser asimilados y comprendidos para que Dios pueda seguir trabajando en nosotros.
ÍNDICE DE CONTENIDOS
Prólogo 7
1. El Reino de Dios 11
Tres facetas que definen el Reino de Dios
La Batalla por la Soberanía de Dios
El Altar comprometido con el Carácter de Dios
El Remanente que expresa el Testimonio de Dios
2. Identificado con el Altar 17
El Altar que representa el Señorío de Dios
El Altar arde con el Fuego de la Consagración
El Altar prueba la Realidad del Remanente
3. Apartados para el Altar 23
Un Conflicto Constante
Un Altar que sienta un Precedente
Un Ídolo Seductor
Un Remanente Apartado
Una Minoría Fiel
4. La Lucha por el Altar 29
Un Remanente Fiel con un Corazón Inmaculado
Un Sacerdocio deteriorado con un Corazón Corrupto
Un Juez Divino con Corazón Fiel
Un Rey, con Corazón Desobediente, elegido por el Hombre
Un Rey, con un Corazón Falible, elegido por Dios
Un Sucesor con Corazón Idólatra
5. Un Altar Verdadero – Muchas Imitaciones 37
La Vida Consagrada de Sacrificio Total
Dos Altares Polémicos de un Reino Dividido
Una Religión Conveniente sin Sacrificio Personal
Una Adoración Falsificada con una Imitación Fraudulenta
6. Hombres de Dios - ¡Cuidado! 45
Unidad Comprometida ... Falsa Cruz
Gracia Conveniente .... Adoración Contemporánea
Fidelidad del Hombre de Dios que no se Compromete
Conformidad Comprometedora con un Viejo Profeta
Alerta Vigilante del Remanente de Dios
7. Dulces y Apacibles Conformistas 51
Insidiosa Influencia Interna
Dulce y Agradable Influencia
Influencia Santificada que no se conforma
8. Destruir y Construir 57
Un Amor Fiel del Remanente por el Reino de Dios
Una Recompensa para el Remanente fiel por no conformarse
Fidelidad del Remanente en sobrellevarlo todo hasta el final
9. La Amenazante Rivalidad del Reino de Satán 65
El Desafío de los Altares Idólatras de Samaria
El Testimonio del Mandamiento Final de Moisés
El Testimonio del Reto Final de Josué
El Testimonio del Pacto Memorable de Siquem
El Testimonio de las Ruinas de los Muros de Jericó
10. Un Llamamiento para el Reino 75
Elías – Un Representante del Reino
Mateo – Un Evangelio del Reino
El Cristianismo – una Religión “sin Reino”
11. La Iglesia contra el Mundo 81
El Verdadero Objetivo de la Iglesia
El Reto de la Única Iglesia Verdadera
Un Benigno Mundo Bueno y un Maligno Mundo Malo
La Alternativa al Mundo
12. Preparación del Remanente 87
-
Estar firme ante el Dios Vivo
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Identifíquese con el Señor en Oración
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Aprenda a rechazar La Gloria de la Carne
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Confíe en la Promesa de la Providencia de Dios
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Obedece aboliendo tu Origen Religioso
-
Tómese su Tiempo para recibir más Luz
13. Conociendo el Carácter de Dios 95
Las lecciones de Fe en la Providencia de Dios
Las lecciones de Fe en la Resurrección de Dios
14. Preparados para el Día de la Confrontación 103
“Una Luz para los Gentiles”
“Los Cielos están Cerrados”
“Los Enemigos de la Cruz”
“Ve, Preséntate a Acab”
15. El Triste Estado de los Siervos de Dios 111
La Impotente Religión de un Siervo de Dios
Las Amistades Mundanas de los Siervos de Dios
Dos Categorías de Siervos de Dios
16. “Oh Turbador de Israel 121
Aceptar la Responsabilidad del Reino
Ejercitar el Valor del Remanente
Fieles Supervivientes que nos avivan
Retar a los Cristianos Vacilantes
17. La Batalla entre los Altares de dos Reinos 129 La Impotencia de la Religión
El Significado del Sacrificio de la Tarde
“El Dios que contesta con Fuego”
Dos Reinos representados por Dos Altares
18. La Unidad del Altar de Dios que todo lo
Abarca 137
El Único Altar de Adoración
Una Réplica del Altar como Memorial
El Altar del Señor roto
Un Altar Universal para Todo el Pueblo de Dios
La Inquebrantable Unidad del Altar
19. El Fuego Consumidor del Cielo 145
El Sacrifico de la Tarde y la Muerte de Cristo
Elías el Profeta y Juan el Bautista
El Fuego Consumidor y el Sacrifico Consumado
20. La Recompensa – Un Carro de Fuego 153
La Espada de Juicio que no se compromete
El Templo Apartado de Dios
La Escuela de Entrenamiento a la Disciplina
La Recompensa Extraordinaria de la Resurrección
NOTA PRELIMINAR
No hay nada tan crítico, para el Cuerpo de Cristo, como el reino de Dios. Y aún así – como señala Fred Saleh en este libro tan fascinante y oportuno – no hay nada tan desatendido, ni tan malinterpretado por muchos Cristianos de hoy.
El reino de Dios debe ser la meta de la salvación. Debería ser el ejercicio diario, en la vida de cada creyente, si él o ella desean ser recompensados en la Segunda Venida de Cristo. En éste libro, ROMPIENDO EL SILENCIO, Fred Saleh nos reta, a vivir enérgicamente esa vida del reino. Nos insta a construir el altar de Dios, en una vida consagrada, para que se levante un remanente fiel que venza a las invasoras fuerzas idólatras del mundo seglar y religioso.
Es obvio, que Dios ha depositado en el autor, el ministerio de despertar a los hijos de Dios, a la tierra prometida de la plenitud, en el reino de Dios. ¡Qué el mensaje de Dios, presentado en este libro, sea soberanamente ungido por el Espíritu Santo, para todos aquellos que lo lean! El Cristianismo moderno en este nuevo milenio, necesita desesperadamente, el soplo fresco del Viento Divino, y el nuevo ardor del Fuego Santo, como se evidencia en este volumen.
Durante los últimos años, nuestra comunión mutua ha sido una fuente de bendición y ánimo, para mi y mis compañeros. Le estamos muy agradecidos, por haber recopilado en un libro estas reflexiones acerca del reino, en cuanto al altar y al remanente, para que circule más ampliamente. En lo que se refiere a las escrituras, a la búsqueda y a la práctica, es un mensaje de rabiosa necesidad en nuestro siglo. Ningún lector podrá ponderar su verdad sin sentirse retado y cambiado.
--William E. Mallon
Prólogo
Entrar en ministerio, a tiempo completo, fue una gran lucha para mi. No es que no atendiese al llamado, o que no me gustara ese gran privilegio, sino que encontraba la tarea enorme y mis habilidades limitadas. Sabía que no dependía, ni de mis medios, ni de mi capacidad. Solo de Dios Mismo, quien me fortalecería por el Espíritu Santo, para poder hacer aquello, que era agradable a Sus Ojos. Sin embargo, igual que Jacob, me resistí y luché contra El. Y, al igual que Moisés, no paré de decir, “Oh Señor, te ruego que envíes a otro para hacerlo” (Ex. 4:13 NIV).
En uno de sus mensajes, Bob Mumford dijo, bromeando:”si alguna vez ves una zarza ardiendo, ¡corre! ¡No te pares a investigar!” Sin embargo, hace mucho que, viendo la zarza arder, me paré lo suficiente, como para que se prendiera un fuego, en mi corazón, por la obra de Dios. Aún así, me sentía remiso a entrar en el ministerio, a tiempo completo. Finalmente, el Señor me enseñó algo, que me hizo caer de rodillas. Y en ese momento fue cuando dije “Heme aquí, Señor, envíame a mi.”
Ahora, me gustaría compartir con usted, lo que el Señor abrió para mí, acerca de los dos principios: el altar y el remanente. Hace años, probablemente en 1979, el Señor abrió mis ojos a la situación degradada y deteriorada, en que se halla el Cristianismo. Después, las palabras de Jeremías tomaron vida: “y curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz.” (Jer. 6:14 ) Y se me hizo obvio, que la iglesia visible, en una gran medida, se había convertido en un barco naufragado. El mundo se había introducido en la iglesia, cuando esta se hallaba inmersa en muchas presiones culturales, políticas, nacionales y económicas. Éstas la obligaron a conformarse y a someterse. La condición no ha cambiado, sino que ha empeorado.
Cualquier esfuerzo, humano, de restaurarla es en vano. Empecé a ver, que no hemos sido llamados a restaurarla, sino a permanecer limpios de la contaminación, para que el Espíritu Santo pueda tener un testigo verdadero. Durante años, mis observaciones acerca de esta situación me han frustrado y atormentado. No podía ver cómo se podría abordar este enorme trabajo.
Pero luego, el Señor me recordó, según Su misericordia, cómo me había hecho conocer Su voluntad y Su plan; cómo me había impartido luz en lo concerniente a los principios del altar y el remanente. Entonces, me dio la paz que yo necesitaba para ese ministerio. Fue en ese momento, cuando me postré en adoración, maravillado, y totalmente sometido a Su voluntad. Inmediatamente después de entrar en el ministerio a tiempo completo, empecé a escribir sobre la verdad que el Señor me había revelado. He completado estas series de escritos, que usted puede ahora conseguir bajo el aspecto de un libro.
Conforme iba escribiendo estas series, oraba y pedía al Señor que me utilizara como Su humilde instrumento, por medio del cual pudiera hablar con Su pueblo. Me resultaba difícil asegurar, que nada de mi propia cosecha se introduciría en lo que el Señor quería decir a Su pueblo. Sin embargo, confiaba en el Señor mismo, en que El se encargará del trabajo de criba, y dejara que sólo Sus pensamientos penetraran en el espíritu de los lectores. Cuando acabé el último tramo de las series, enseguida sentí que me había quitado un peso de encima.
Pero quedaba un temor – el de ser malinterpretado por nuestros lectores. En vista de ello, emprendí el escribir un prefacio que aclarase mi postura.
Primeramente, quisiera que nuestros lectores supiesen y creyesen, que mi intención, no es la de criticar, ni a iglesias, ni a creyentes, por el mero hecho de ser crítico; tampoco la de reclamar una posición por encima de ellos o la de tirar por tierra a ninguna organización. Mi intención ha sido, revelar la condición en la que se encuentra el Cristianismo, desde el punto de vista y la perspectiva del Señor, tal y como Él me lo ha mostrado.
La cuestión no es quien está equivocado y quien tiene razón. La cuestión es, cuánto va a contribuir la iglesia o el Cristianismo, como tal, en el plan final y el propósito de Dios. La cuestión es, cómo puede una media verdad ayudar o perjudicar la obra de Dios. Algunos dirán que medias verdades son mejor que ninguna verdad. Y otros discutirán que las medias verdades pervierten la verdad, así como la ignorancia está vacía de toda verdad. Dejaré este juicio a nuestros lectores, quienes, confío, pedirán la respuesta al Señor en oración.
Esto sabemos: el Señor juzgará y recompensará a cada creyente y cada obrero, según lo que Él espere de ellos. Yo no cuestiono la hermandad de todos los santos. Sin embargo, la pregunta es ¿cómo estaremos cada uno de nosotros ante el trono de juicio de Cristo? ¿Estaremos como el mal siervo perezoso, o como el buen siervo fiel? Al primero se le niega la entrada, mientras que el último es invitado a entrar en el descanso glorioso y el gozo triunfante del Señor.
Ha sido, y sigue siendo mi carga, avisar a todos los santos – todos mis hermanos y hermanas en el Señor – acerca de algunos factores perjudiciales. Quizás os alerte en términos muy fuertes, a veces con lágrimas en mis ojos, pero el motivo es siempre el más profundo amor hacia todos y cada uno de vosotros. Como dice la palabra del Señor: “un reproche abierto es mejor que un amor escondido”. No es mi intención sentarme y juzgar a otros creyentes, ya que todos conocemos las consecuencias de ese tipo de actitud según Su Palabra. Antes bien, mi intención es la de despertar a todos y cada uno de aquellos que lean estas líneas, a la crisis que prevalece hoy en día en la iglesia, según profetizó nuestro Señor mismo, mucho antes, por medio de Su Palabra. No pretendo criticar, aunque mis palabras puedan resultar duras; mi intención es la de ser una voz de alerta, de parte del Señor, especialmente para aquellos que todavía tengan oído para oír.
Finalmente, se debería considerar que, cuando hablo del remanente, no pretendo crear una casta superior o una élite exclusiva. De acuerdo con la palabra de Dios, el remanente siempre es representativo y relativo, nunca concluyente ni excluyente. El remanente siempre está en la brecha del muro, en nombre de sus hermanos. Las mismas funciones relativas y representativas caracterizan a todos los remanentes – tales como Elías, el Rey Ezequías, El Rey Josías, Daniel, etc. – quienes se enfrentaron al enemigo, no solo por ellos mismos, sino en nombre de sus hermanos. Estas funciones se pueden encontrar a todo lo largo de la Palabra de Dios, y esto es importante, para que no haya orgullo. ¡Que el Señor tenga misericordia de nosotros! Sin embargo, no tengo elección, sino que debo resaltar estas ISSUES estos asuntos para la gloria del Señor, esperando todo el tiempo, que no se me malinterprete.
Es mi deseo sincero que este libro ayude a mis hermanos y hermanas en Cristo para que reciban un mejor entendimiento del plan de Dios, Sus expectativas y Su recompensa, que esperan al que es fiel. Todos los defectos e insuficiencias en estos capítulos son míos, y ruego me perdonéis por ellas. Todas las cosas buenas son del Señor mismo.
Me gustaría dedicar este volumen a la amada compañera de mi vida, Irene, quien ha sido siempre la mayor inspiración en mi ministerio.
Mi aprecio se extiende también a todos mis colaboradores en el Señor, todos los miembros de mi iglesia local, y cada persona que haya contribuido -- directa o indirectamente – en hacer que este libro pudiera publicarse.
Un agradecimiento especial al Sr. Y la Sra. Bill Mallon por haberse ofrecido para editar y corregir el manuscrito original.
¡Gloria sea a Su Nombre!
Fred Saleh
Febrero del 2.001
1
El Reino de Dios
Un tema que eclipsa, y abarca todo lo demás en la Biblia, es la frase “el reino de Dios.” El Nuevo Testamento es muy explícito y enfático acerca de esto. Juan el Bautista vino predicando, diciendo “el reino de los cielos está cerca” (Mateo 3:1-2). Jesús enseñó y predicó acerca de ello (Mat. 4:17). Después de Su resurrección, ÉL habló de ello con Sus discípulos (Hechos 1:3).
Este fue también el tema de las enseñanzas de los Apóstoles. Pablo predicó, y lo enseño, mientras vivió. Hasta el final mismo de su vida, habló acerca del reino de Dios y de las cosas de Jesucristo (Hechos 28:31). La carta a los Hebreos puede resumirse en una frase:”Por lo tanto, si estamos recibiendo un reino inconmovible...” (12:28). Y finalmente, el Libro de Apocalipsis, puede resumirse en una afirmación: “Ahora... El reino de nuestro Dios... ha llegado” (12:10)
Tres Facetas que definen el Reino de Dios
Ya que el tema predominante, de toda la Biblia, es el reino de Dios, es extremadamente importante, que comprendamos el sentido correcto de la palabra “reino”, y que tengamos una clara definición de la frase “el reino de Dios”.
Muchos estudiantes cristianos piensan, que la palabra “reino” no es una buena traducción de la palabra original griega. El verdadero sentido de la palabra original, traducido como “reino”, en nuestras Biblias, es “ gobierno soberano”. Por consiguiente, la frase “el reino de Dios” debería traducirse mejor como “el gobierno soberano de Dios.” Seguiremos, por supuesto, utilizando la palabra “reino”, pero mantendremos su sentido más profundo en nuestra mente. Lo que debemos transmitir es la soberanía de Dios.
T. Austin Sparks ha atribuido, muy acertadamente, tres aspectos al reino 1) Es el gobierno soberano de Dios. 2) Es de acuerdo con un orden de cosas que toma su carácter, de Dios. 3) Es un área en el que Su orden y Su naturaleza operan libremente, y son expresados. Podemos entrar en esa área, pero nunca dejar aparte los otros dos aspectos. Entonces, el reino de Dios es donde Dios gobierna soberanamente, de acuerdo con un orden, que expresa Su carácter, y en un área, donde todo opera según Su naturaleza.
En otras palabras, el Señorío absoluto de Dios es un hecho. Y, por medio de una obra poderosa de Dios, hemos llegado a ser partícipes de la divina naturaleza (2ª Pedro 1:4), lo que significa, que la naturaleza misma de Dios ha sido puesta a nuestro alcance, y se ha introducido en nuestro interior, estableciendo así un nuevo orden de cosas. Esto es lo que define al reino de Dios.
La Batalla por la Soberanía de Dios
La Biblia desvela los planes y propósitos de Dios en la creación, pero por la posterior caída del hombre, toda la creación cayó fuera de toda correspondencia con esos planes. La caída hizo necesaria la consiguiente redención, que trajo a la creación de vuelta al eterno propósito de Dios. En Su Palabra, Dios revela lo que pasó en la eternidad pasada; cómo Su soberanía fue codiciada y retada por un angélico ser cósmico. Desde entonces, ha habido una guerra muy fuerte y grave por la soberanía de este universo. ¿Quién debe gobernar? ¿Dios? ¿O acaso algún otro ser independiente y rival?
En el propósito eterno de Dios, la humanidad estaba predestinada para ser la expresión, representación y manifestación de Su soberanía en el mundo material. Por consiguiente, la humanidad era un precioso comodín, tanto para Dios, como para esta otra entidad, conocida como Satán.
En Génesis 1:26-28, leemos acerca de la intención de Dios cuando creó la raza humana: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree... Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla, y señoread...”
Puesto que Satanás estaba rivalizando por el reino, también contendía por el instrumento de su expresión, a saber: la especie humana. Si el pudiera ganar ese instrumento como aliado, llegaría a poseerlo y establecería su propia soberanía sobre la tierra; luego la exportaría al resto de la creación. Y así empezó la batalla. La especie humana se convirtió en un factor decisivo en esta controversia.
La batalla sobre el instrumento comenzó cuando Satanás se acercó a Eva y le dijo “Seréis como Dios” Y cuando Eva aceptó la mentira y arrastró a Adán al engaño, la caída de la creación tuvo lugar. Aparentemente, Satanás había tenido éxito – pero solo superficialmente. El Espíritu de Dios no va a permitir un derrumbamiento total. Él buscaba individuos que fuesen sensibles a la voz de Dios y los llamó para mantener Su soberanía sobre este mundo. La humanidad como tal había perdido el entendimiento de las razones divinas, que estaban detrás de la creación y de la existencia del hombre. Por consiguiente, la raza humana había caído en un oscuro estado mental. Se habían sometido a un orden diferente, y el final de esto era el caos total – ¡la muerte! Pero en medio de ese caos, Dios tenía a aquellos que se aliaron con El, que reconocieron Su soberanía, que aceptaron el orden que tomaban de Dios su carácter, y que reclamaron el mundo entero como esfera en la que este orden, libre de muerte, encontraría su expresión.
El Altar Comprometido con el Carácter de Dios
El medio por el cual, estas gentes proclamaron la soberanía de Dios, fue un simple objeto llamado el altar. Representaba la soberanía y el carácter de Dios. La soberanía de Dios era el fundamento sobre el cual se desplegaba cualquier acción de Dios. Y cada tipo de sacrificio proclamaba una verdad distinta.
Inicialmente, aquellos que levantaban un altar ofrecían una “ofrenda quemada”, que indicaba su total lealtad a Dios, Quien era Su Gobernador Soberano. Tales fueron los casos de Noé, Abraham, Isaac y Jacob. Estos individuos fueron llamados a mantener el testimonio de la soberanía de Dios y su lealtad a El. Su acto consagrado simplemente afirmaba, ante todo el universo: “en este lugar, Dios gobierna”. Más tarde, Dios sacó a Moisés y a los hijos de Israel de Egipto. Instituyó la adoración del tabernáculo. Los sacrificios, ofrecidos en el altar santísimo, daban testimonio de la llegada de un nuevo orden, de acuerdo con el carácter de Dios. Y, finalmente, cuando Dios los llevó a Canaán, designó un reino una esfera, donde ese orden hallaría su total expresión.
El Remanente Que Expresa el Testimonio de Dios
Como Israel fracasó en mantener ese testimonio, Dios llamó a otros para hacerlo. Estos, fueron individuos, o pequeños grupos, sacados de una mayoría, que empezaron a identificarse como “el remanente”. Fueron aquellos, que, alzándose fielmente sobre la base de la soberanía de Dios, pasaron la antorcha de este testimonio al remanente de la siguiente generación, hasta que el testimonio de Dios tomara su expresión total en la Persona de Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, y el Hijo del Hombre.
Jesucristo, como ser humano, era, no solamente la expresión total de la Persona y carácter de Dios, sino que era también, en él mismo, en quien se expresaba este nuevo orden. Después de la muerte de Cristo, y de su resurrección, la Iglesia, como Cuerpo corporativo y vivo, formado por individuos regenerados, se convirtió en esa expresión.
Desafortunadamente, la Iglesia ha perdido de vista su llamamiento y se ha descarriado en las mismas pisadas divagantes de Israel. Sin embargo, así como en el caso de Israel, Dios encontró en la Iglesia un remanente, que no perdió de vista su llamamiento individual y corporativo. Ellos mantuvieron, fielmente, el fuego encendido sobre el altar (un símbolo del Espíritu Santo que opera sobre la base de la soberanía de Dios).
Lo que sigue, entre las páginas de este libro, es una mirada detallada a esos individuos, o grupos pequeños, llamados “remanente” en el Antiguo Testamento; más tarde, en otro volumen, consideraremos el remanente en el Nuevo Testamento.
Es mi oración, que cada uno de nosotros reconozcamos la soberanía de Dios en nuestra propia vida individual. Luego, al ir encontrándonos con otros creyentes, que piensen igual, que nos unamos a ellos, y, por el medio que sea, que proclamemos Su reino. Dios tiene que gobernar en nuestras vidas de acuerdo a un nuevo orden, que toma su carácter de Él. Debemos permitir convertirnos en ese núcleo, en el cual, y por medio del cual, Dios se exprese a Si Mismo y a Su soberanía. Llegará el día, en el que ese orden encontrará, en nosotros, la total expresión universal, y luego se cumplirá Apocalipsis 11:15: “Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de Su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.”
2
Identificado con el Altar
El Altar que Representa el Señorío de Dios
El hombre fue creado con un privilegio especial, un acceso directo, y un acercamiento libre a Dios. Génesis 2 nos retrata a ese hombre andando con Dios y experimentando cada día la comunión en Su Presencia.
Sin embargo, la desobediencia del hombre interrumpió esta relación personal con Dios. Perdió el contacto con Dios por medio de la mentira astuta de Satanás. Por consiguiente, el pecado entró en la raza humana, llenando a la humanidad con la trágica plaga de la muerte. El hombre perdió desde entonces su acceso libre a Dios y quedó excluido de la relación mutua con El.
Además, la ley de la santidad y justicia de Dios requiere un castigo para cada desobediencia. Dios, que es intrínsecamente santo, gobierna Su universo creado, de acuerdo con Su justicia. Cualquier desobediencia, que ocurra dentro del área de Su gobierno justo, exige una retribución justa. Por lo tanto, uno de los resultados de Su trato gubernamental con el hombre pecador, fue que no podemos acercarnos a Dios si no es por medio de un altar.
Eva fue la primera en escuchar a Satanás disfrazado de serpiente. Luego, fue seducida para que comiese del fruto prohibido, del árbol de la sabiduría del bien y del mal. Haciendo esto, la especie humana intentó establecer su propio reino independiente, teniendo señorío sobre su propia vida. Había rechazado el control del reino de Dios sobre su vida. ¿Acaso no le insinuó Satanás a Eva : "Ciertamente no moriréis, sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios." (Gen. 3:4-5). Ser "como Dios" significaba tener otro señorío sobre su vida. Por medio de la desobediencia, Adán y Eva habían declarado simplemente, "¡No queremos Tu soberanía sobre nuestras vidas! ¡Queremos ser libres!"
Ahora, el único camino de vuelta a Dios, era por medio de un sacrificio redentor sobre el altar de Dios. La mención de "pieles" (Gen. 3:21) sugiere la necesidad de un altar de sacrificio, donde se requería la muerte de los animales, antes de que pudieran utilizar sus pieles para vestirse. El sacrificio era necesario para el perdón. Más aún, el altar representaba el reino de Dios y Su gobierno. Al construir un altar para el Señor, estaban reconociendo, de nuevo, el mismo reino divino y el señorío que habían negado. El sacrificio solo era aceptable sobre el altar del Señor – en ningún otro altar. El perdón reconoce y restaura el señorío de Dios en nuestras vidas. Podemos ser perdonados, y sin embargo, seguir bajo el señorío de otros dioses. Esto frustra el plan de Dios y Su propósito para la humanidad.
Desde la primera página de la Biblia, vemos dos grupos de personas: Uno consiste en aquellos que han rechazado el altar de Dios y han encontrado, para sí, un sustituto de Dios y de Su gobierno. El segundo, aunque mucho menor en número, se acerca a Dios Mismo por medio de Su altar verdadero. En términos generales, este segundo grupo representa el principio del remanente. Por consiguiente, en el trato de Dios con el hombre y en el acercamiento del hombre a Dios, estos dos principios siempre funcionan juntos – el principio del altar y el principio del remanente.
El Altar arde con el Fuego de la Consagración
El remanente representa a aquellos que ponen todo su ser sobre el altar de Dios; Dios no se conforma con algo que no sea la totalidad del corazón. El quiere una consagración total y absoluta. No puede aceptar un corazón dividido. Watchman Nee dice, muy correctamente, que el altar no significa el trabajo del hombre por Dios, sino la identificación total del hombre con Dios, como defensor de la causa de Dios.
De acuerdo con este criterio básico acerca del altar, siempre ha existido un remanente, y continuará siendo así, por siempre, hasta que el Señor Mismo vuelva y establezca Su Reino. Estos dos principios, el altar y el remanente, han estado siempre vigentes, desde la Caída del hombre. Incluso antes de que el pueblo Judío existiera, estos dos principios ya regían. Abel, en las primeras páginas de la Biblia, fue el primer remanente, seguido luego por Enóc.
Durante la generación de Noé, el mundo entero estaba pervertido. El fuego del altar de Dios (soberanía) se había extinguido. ¿Hubo alguien en quien ardiera este fuego de consagración absoluta? En Noé, Dios encontró a una persona cuyo corazón no estaba dividido. Por consiguiente, Dios salvó ocho almas, Noé y su familia, de las aguas que inundaron todo aquel mundo depravado que no podía ser ya redimido.
Al mundo que fue destruido por el diluvio no le importaba lo más mínimo el reino de Dios. Inmediatamente después del Diluvio, cuando salió Noé del Arca, leemos:
“Y edificó Noé un altar a Jehová, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar”.(Génesis 8:20-21)
Veamos qué hizo Dios en respuesta a la acción de Noé:
“Bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Fructificad y multiplicaos, y llenad la Tierra.El temor y el miedo de vosotros estará sobre todo animal de la Tierra, y sobre toda ave de los cielos, en todo lo que se mueva sobre la tierra y en todos los peces del mar, en vuestra mano son entregados.” (Génesis 9:1-2)
Anteriormente a esto, Dios había declarado las mismas palabras a Adán, “Creced y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla “(Gen. 1:28)
Al construir el altar de Dios sobre la tierra, Noé había declarado el derecho de Dios sobre ella y proclamando Su reino a son de trompeta. Lo que Adán y Eva habían rechazado y cedido en manos de Satanás, Noé lo había reclamado y vuelto a poseer. Adán y Eva habían perdido su derecho a las bendiciones de Dios y a gobernar en Su nombre. Sin embargo, al erigir el altar de Dios y sacrificar sobre él ofrendas quemadas – prueba de la absoluta dedicación y consagración – Noé recuperó la bendicion. Derecho de gobernar para Dios también le fue conferido de nuevo. Noé es, ciertamente, un ejemplo de creyente del remanente de su generación, porque fue el único que reconoció el derecho gubernamental de Dios para gobernar la tierra. Y aún más, al erigir el altar, Noé declaró ese derecho a todo el universo.
Pero, ¿siguieron todos los hijos de Noé los caminos de su padre? Sabemos que la respuesta es que no. Satanás, que se había propuesto establecer y forzar su propio reino de oscuridad sobre esta tierra, penetró una vez más el corazón humano por medio del engaño y pervirtió a la humanidad.Sin embargo, Dios siempre ha tenido Su remanente. No importa cuánto se haya corrompido el mundo, Dios siempre tuvo a aquellos que reconocieron y confesaron Su reino y señorío sobre la tierra y sobre sus vidas humanas.
El Altar prueba la Realidad del Remanente
Pongamos un ejemplo: Dios llamó a un hombre, de nombre Abram, cuyo nombre fue luego cambiado por el de Abraham. El tenía que representar al remanente de Dios en un mundo contaminado por las masas de adoradores idólatras. Tenía que proclamar el reino de Dios. A Abram se le ordenó que saliese de su parentela situada en Ur de los Caldeos y que viajara a la tierra de Canaán. ¿Qué se le había perdido allí? ¿Debía pelear por una revolución? No. ¿Era para que se lo pasara bien en Canaán? No. ¿Tenía un propósito? Si. Leamos en Génesis 12:7-8 “Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y edificó allí un altar a Jehová, quien le había aparecido. Luego se pasó de allí a un monte al oriente de Bet-el, y plantó su tienda, teniendo a Bet-el al occidente y Hai al oriente; y edificó allí altar a Jehová, e invocó el nombre de Jehová.”
¿Qué iba a hacer Abram? El debía ser el heraldo del reino de Dios en la tierra de Canaán. El informó de que ese territorio pertenecía al Señor. Se identificó con Jehová al reconocer sus derechos de gobierno sobre la tierra. Al edificar Abram el altar del Señor, declaró el paso que tomaba con y para el Señor. Su vida está marcada por la construcción del altar del Señor, allí donde iba, en la tierra de Canaán. El se afirmó sobre el principio del altar. El altar era el símbolo de los derechos de Dios sobre el lugar donde era erigido.
Dondequiera que se edificaba el altar, se establecía el hecho de que Abraham también se levantaba como principio del remanente."La marca de un remanente es que esa persona nunca reniega del reino del Señor ni de sus derechos sobre la tierra.
Pero, ¿fue la confesión de Abraham un acto genuino? ¿Fue la demostración de una dedicación y consagración de todo corazón? o fue sólo un acto egoísta, fingido, para asegurarse las bendiciones del Señor para sí mismo ¿Era la visión de Abraham completamente para el reino del Señor? ¿Se había sometido totalmente y había entregado todo su ser, de corazón, sobre el altar del Señor? ¿Se trataba, más bien, solamente de una demostración externa de una religión que solo busca su propio bien? ¿Era el altar de Jehová para Abraham una realidad que le comprometía o estaba fingiendo?
Todo debía ser probado. Mientras tanto, él había puesto todo su ser sobre el altar. Y, finalmente, llegó el día de probar su sinceridad y su realidad. Génesis 22 revela esta comprobación, cuando Dios le pidió a Abraham que pusiera su todo – absolutamente y sin reservas – sobre el altar:
“Y Abraham edificó el altar... compuso la leña... Ató a su hijo Isaac, y lo puso en el altar, sobre la leña” (22:9).
¿Aprobó la ``prueba Abraham´´? ¿Demostró que el reino de Dios, tipificado en el altar, había llenado toda su visión y que nada más importaba? ¿Acaso esto no le cualificó como remanente que había cumplido el reino del Señor en su propia vida, y que, en adelante, reconoció los derechos de la soberanía de Dios sobre toda la tierra?
¡Si, pasó la prueba! Dio todas las pruebas de que la única cosa que le importaba era el reino de Dios. Y ahora estaba listo para poner su todo sobre el altar de Dios, para cumplimiento del reino de Dios. Leamos la frase acerca de Abraham que sale de la propia boca de Dios. Cuando Dios estaba a punto de destruir Sodoma y Gomorra y había dejado a Abraham de pié delante de su tienda, dijo:
¿“Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer, habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra? Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio (los principios del reino de Dios), para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él
En verdad, Abraham educó a sus hijos mandándoles y enseñándoles cómo guardar los caminos del Señor y a mantener Su altar erigido en Canaán. Además, tanto Isaac, su hijo, como Jacob su nieto, siguieron las pisadas paternas de Abraham y erigieron también el altar del Señor allí donde iban en Canaán. (Gen. 26:25; 33:18-20; 35:1,7). Si, ellos edificaron el altar del Señor y declararon Su reino en Canaán, como su padre les había enseñado.
Notemos que, de entre todos los hijos de Abraham, sólo Isaac continuó la línea del remanente.
Asimismo, de los dos hijos de Isaac: Jacob y Esaú, solo uno permaneció fiel. Jacob guardó las instrucciones de su padre y anduvo en el camino del Señor. Mantuvo el fuego ardiendo sobre el altar del Señor. Así, Jacob dio la talla para continuar la línea descendiente del remanente. En ningún sitio leemos que Esaú edificara jamás un altar al Señor. Cualquier altar que levantó, fue a los dioses que sus mujeres extranjeras adoraban – nunca a Jehová como Dios, que reclamaba que se reconociera y aceptara su derecho sobre la tierra.
3
Apartados para el Altar
Un Conflicto Constante
Dios escogió, por medio de Jacob, a la nación de Israel para que Le representara sobre la tierra. Israel era el remanente apartado, de entre todas las naciones, para defender y declarar el reino de Dios. ¿Cómo debían hacer esto? Tenían que mantener el altar erigido y el fuego ardiendo, de generación en generación. Este fuego fue encendido directamente por Dios Mismo desde el cielo.
Y, según seguimos leyendo a lo largo del Antiguo Testamento, podemos observar el conflicto por el derecho de gobernar la tierra. Es una batalla entre las fuerzas de la oscuridad y el pueblo de Dios. Las fuerzas de la oscuridad quieren eliminar el altar de Dios, profanándolo y reemplazándolo por el altar de Satanás. Así establecerían el reino de Satanás y su derecho de gobernar, sobre la tierra. En contrapartida, un remanente del pueblo de Dios lucha por defender el altar erigido de Dios, por conservar el fuego ardiendo, así como las ofrendas de sacrificio, y de esta manera, mantener la declaración de Su reino eterno.
Un Altar que sienta un Precedente
El Antiguo Testamento narra la historia del pueblo Judío, su esclavitud en Egipto, y la intervención del Señor para liberarlos de sus ataduras. En Egipto, Israel fue obligado a adorar en “extraños” altares idólatras. Pero Dios, por medio de Moisés, los liberó de esa adoración molesta y los sacó de Egipto, con el único propósito de establecer Su reino en y por medio de ellos. Porque Moisés conocía el plan de Dios, la primera cosa que hizo después de sacar al pueblo de Israel fuera de Egipto, fue levantar un altar:
“Moisés edificó un altar y lo llamó “El Señor es mi bandera” (Ex. 17:15). Y Moisés .... se levantó de mañana muy temprano y edificó un altar al pié de la montaña. (Ex. 24:4).
Así, edificando este altar, proclamó el reino de Dios y declaró a Israel su representante.
Un Ídolo Seductor
Antes de continuar, es necesario que observemos un incidente que, pudiera parecer no muy significativo en un principio; pero al comprobar sus consecuencias espirituales, veremos la mentira y la astucia de Satanás. Leamos acerca de este incidente en Éxodos :
“Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos. Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón.; y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición. Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo : Mañana será fiesta para Jehová. Y al día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron ofrendas de paz; y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a regocijarse.” (Ex. 32:1-6)
Este incidente fue de gran importancia, no solo porque el pueblo de Israel empezaba a adorar a un ídolo, sino porque estaba edificando, ante ese ídolo, un altar que retaba a Dios. Estaba declarando que transferían los derechos del reino – unos derechos que solo pertenecían a Jehová – a alguien distinto. Moisés estaba arriba, en la montaña, para recibir la Ley, las directrices con las que gobernar al pueblo de Dios, bajo el señorío de Jehová Mismo. Mientras tanto, Satanás incitó al pueblo de Israel, a declarar su reino desafiante sobre la tierra, mediante un altar de rebeldía construido delante del becerro, a pesar de que ellos lo llamaron “una fiesta `para el Señor”. ¡Qué paradoja! Sacrificaban ofrendas quemadas sobre este altar idólatra del becerro de oro, con fuego encendido por el hombre y no por Dios. Se estaban identificando con este altar hecho por el hombre y declarando su adhesión a Satanás. ¡Qué rápido cayeron y se pervirtieron! Temporalmente, Satanás, el maestro de engaño había tenido éxito. Pero sigamos :
“Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido. Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado.” (Ex. 32:7-8)
Al dejar de declarar el reino de Dios, el pueblo de Dios se pervierte. Cuando pasa ésto, Satanás sabe que terminará aceptando el señorío de otro dios y su adoración en cualquier otro altar. Por eso, utilizará todas sus fuerzas para poner a sus ídolos delante de ellos. Cada ídolo tiene su altar. En cuanto un ídolo tiene entrada en sus vidas, exigirá sitio para su propio altar en su elel corazón. Insistirá en la sumisión y la corrupción será finalmente la consecuencia. Pero Dios siempre tendrá una minoría que se ha mantenido firme sobre el principio de Su altar y Su soberanía. Son aquellos que Le representan y declaran Su reino. Aunque pocos en número, permanecen fieles a El. Dondequiera se ve el altar del Señor, allí se descubre también a Su fiel remanente.
Un Remanente Apartado
Ahora veamos lo que pasa, invariablemente, cuando el pueblo de Dios olvida su llamado y su misión :
“Y viendo Moisés que el pueblo estaba desenfrenado, porque Aarón lo había permitido, para vergüenza entre sus enemigos, se puso Moisés a la puerta del campamento y dijo: ¿Quién está por Jehová? Júntese conmigo. Y se juntaron con él todos los hijos de Leví.
La pregunta es perpétua : “¿Quién está por el Señor?”. En respuesta, un remanente da un paso al frente. De las doce tribus de Israel, solo una respondió. En cualquier tiempo y en cualquier lugar, Satanás se atreve, una y otra vez, a remplazar el altar del Señor con el suyo propio. De esta manera, consigue que el pueblo de Dios se postre ante él, y puede así esclavizarlos. Como es un engañador, hace que su altar se parezca al del Señor y lo llama “una fiesta para el Señor”. Pero detrás del escenario, Satanás quiere que su altar se levante, se reconozca su gobierno y su reino sea establecido. Sin embargo, ¡gloria a Dios porque siempre ha tenido a Su remanente! Por medio de él, siempre derrotará al enemigo aunque la gran mayoría se desvíe.
Estos dos principios, del altar y el remanente, continúan a lo largo de todas las Escrituras. Dios había ordenado, explícitamente, a Moisés y a los Israelitas, después del incidente con el becerro de oro, que tuviesen cuidado en su trato con elementos que podrían esclavizarles. Sin embargo, no mucho después de esto, volvieron a cometer el mismo error. Veamos lo que dice el Señor en Éxodos 34:
“Por tanto no harás alianza con los moradores de aquella tierra; porque fornicarán en pos de sus dioses y ofrecerán sacrificios a sus dioses, y te invitarán, y comerás de sus sacrificios; o tomando de sus hijas para tus hijos y fornicando sus hijas en pos de sus dioses, harán fornicar también a tus hijos en pos de los dioses de ellas. No te harás dioses de fundición.” (Ex. 34:15-17)
Este mandamiento era muy explícito y claro, pero veamos qué ocurre en Números 25:
“Moraba Israel en Sitim; y el pueblo empezó a fornicar con las hijas de Moab, las cuales invitaban al pueblo a los sacrificios de sus dioses; y el pueblo comió y se inclinó a sus dioses. Así acudió el pueblo a Baal-peor; y el furor de Jehová se encendió contra Israel.” (Num. 25:1-3)
Este problema permanece, claramente, aún hoy. El deseo de Satanás es que la gente se postre ante él, acepte su reino y levante sus altares idólatras. Pero Moisés y los Levitas se afirmaron sobre el principio del remanente. Se unieron a Jehová con la declaración de que ellos, e Israel, eran el pueblo de Su reino.
Más tarde, Dios, por medio de sus ordenes, estatutos, sacrificios y el sacerdocio, desveló a Su pueblo, Israel, que el altar no sólo representaba Su reino, sino también Su misericordia, amor, perdón y santidad. El camino a Dios se abrió, a todos, si se acercaban a El por medio de Su altar. Ahora, el altar tenía un significado nuevo para Israel. No sólo representaba el reino de Dios, sino que se había convertido en el medio de adorarle y de aceptar Su gracia. El altar se había convertido en una representación tanto del reino de Dios, como de Su gracia.
Una Minoría Fiel
Israel tenía que entrar en Canaán y levantar el altar de Jehová donde una vez Abraham, su padre, lo había hecho. Pero durante los años de esclavitud en Egipto, la gente nativa de Canaán habían rechazado el reino de Jehová, se habían entregado a los poderes de la oscuridad y habían establecido los altares de Satanás de asesinato y adulterio. Ahora, se suponía que el pueblo de Dios debía volver a poseer la tierra. Debían destruir todos los altares cananitas falsos y sustituirlos por el altar único de Jehová.
Israel debía entrar en la tierra prometida y reclamarla para Jehová su Dios. Debían levantar Su altar en medio de las naciones. Estas naciones habían sido infiltradas por Satanás, quien hacía proliferar la adoración de ídolos paganos. Pero, de entre todo el pueblo que salió originalmente de Egipto, y vagó por el desierto, solo Josué y Caleb entraron en Canaán. Estos hombres representaban el remanente de la generación original que Dios llamó fuera de Egipto.
“Luego edificó Josué en el Monte Ebal un altar al Señor, Dios de Israel” (Josué 8:30). Así, el altar que representaba el reino de Dios y su reclamación sobre la tierra, permaneció como parte inseparable de unos cuantos fieles, llamados “el remanente”. La mayoría había sucumbido a las presiones de su entorno. Se habían entregado a los deseos de su antojos personales.
Viendo el peligro que corría Su pueblo, al asociarse con las naciones paganas de Canaán que los rodeaban, Dios advirtió a Israel de antemano, que no entrasen en pactos de negocio, sociedad o relaciones matrimoniales con los Cananitas. El Señor sabía que esa gente incitaría a Israel, apelando a sus impulsos carnales, al deseo de los ojos y a la lujuria de la carne. Estas naciones paganas llegarían a engañar a Israel, hasta hacerles postrarse delante de los altares erigidos y colocados ante sus ídolos. Por consiguiente, el reino de Satanás invadió la vida del pueblo de Dios. La reclamación de Satanás, de gobernar sobre Canaán y la tierra, también fue aceptada.
A pesar de las incesantes advertencias de Dios, Israel se vió envuelto con las naciones paganas de Canaán. Desde aquel momento en adelante, el conflicto entre la mayoría de Israel y la fiel minoría se intensificó. La mayoría se comprometió, y terminó amoldándose a las naciones de su entorno, mientras que la minoría se convirtió en el remanente fiel y vencedor. Los fieles pelearon para mantener el altar de Jehová levantado e intacto. A partir de ahí, la historia de Israel se convirtió en una lucha constante desde dentro y desde afuera. Detrás de cada conflicto, interno y externo, estaba Satanás con su determinación de establecer su propio reino.
4
Lucha por el Altar
Un Remanente Fiel con un Corazón Inmaculado
No tenemos tiempo de mirar todos los detalles de cómo Israel falló en tiempos de los Jueces y de los Reyes. Basta con decir, que siempre permaneció un remanente fiel que mantuvo el altar de Dios sin profanar. Se acercaron a Dios en las bases requeridas por Su justicia, santidad y misericordia. Individuos como Gedeon, los padres de Sansón, Jefté, Rut, Booz y, otros muchos, mantuvieron la línea del remanente, cuando la mayoría se había entregado a la adoración de ídolos en altares extraños. Este remanente defendió y respaldó la reclamación del gobierno de Dios sobre la tierra y sobre sus vidas humanas.
Un Sacerdocio Deteriorado con un Corazón Corrupto
La historia de Israel nos introduce, finalmente, en la era de absoluta corrupción del sacerdocio de Eli y sus dos hijos. Ellos, como sacerdotes del Dios Altísimo, debían ofrecer los sacrificios, divinamente prescritos, sobre el altar de Dios. Debían mantener el fuego ardiendo para que Israel pudiera acercarse a Jehová y adorarle. Pero, en vez de esto, se habían vuelto tan corruptos, que habían convertido el altar del Señor en un objeto de adoración a los ídolos. Ellos promovieron la prostitución y el robo ante aquel santo lugar. Habían sido contaminados por los caminos y costumbres de las naciones de su entorno. Por consiguiente, el Señor juzgó y mató a Elí y a sus hijos, de acuerdo con Su Palabra que había sido dada a Samuel cuando era aún un jovencito.
Un Juez Divino con Corazón Fiel
En contraste, Samuel creció y se convirtió en el líder de Dios en Israel. Trajo de vuelta a Israel a la adoración verdadera, ante del altar de Jehová, que había sido limpiado. En su generación, Samuel se destacó como individuo representante del principio del remanente. Debemos mencionar que Samuel venía de un padre creyente y de una madre especialmente devota de Dios. Ellos, a su vez, eran un remanente en medio de un Israel corrompido. Samuel fue el último Juez de Israel, pero conservó el altar del Señor erigido y sin mancha. “...y allí juzgaba a Israel ; y edificó allí un altar a Jehová” (1 Sam. 7:17).
Un Rey con Corazón Desobediente, Elegido por el Hombre
La corrupción de Israel era tan profunda, que incluso Samuel no pudo purgarlos. Llegó un tiempo en la vida de Samuel, en el cual Israel vino a él y le comentó su deseo – querían un rey como las otras naciones. Satanás era muy listo. Sabía que no podría gobernar sobre Israel mientras Samuel fuese juez. Samuel siempre fue para Dios un apoyo constante para gobernar sobre Israel. Si tan sólo Satanás consiguiera que Israel nombrara a un hombre sobre su nación en vez de Dios, podría una vez más esclavizarlos y corromperles. Así sucedió en el Eden cuando Adán y Eva desobedecieron y comieron del árbol prohibido. Ellos rehusaron depender de Dios. Una vez más era la misma serpiente antigua manipulando la misma vieja naturaleza humana caída.
“Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron, y vinieron a Ramá para ver a Samuel, y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones. Pero no agradó a Samuel esta palabra que dijeron: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró a Jehová. Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos.” (1ª Sam. 8:4-7)
¡Qué doloroso y qué obvio era para Samuel todo lo que estaba pasando! Pero, ¡cuánta es la gracia de Dios! Él no se auto-impone. ni a la gente ni a ninguna nación. Más bien, como Dios fiel, Él le dijo a Israel por medio de Samuel, lo que les iba a suceder si obtenían lo que querían. Igual que le había dicho a Adán “Si coméis, ciertamente moriréis,” aquí también, le enumeró a Israel las consecuencias que tendría su trágica elección – una esclavitud total y lamentable. ¡Exactamente lo que Satanás tenía planeado para ellos!
¡Qué duro podía volverse el corazón! Después de que Samuel les hubiese dicho todo lo que el Señor le había advertido, todos se rebelaron a una : “Pero el pueblo no quiso oir la voz de Samuel, y dijo: No, sino que habrá rey sobre nosotros; y nosotros seremos también como todas las naciones, y nuestro rey nos gobernará, y saldrá delante de nosotros, y hará nuestras guerras.” (1 Sam. 8:19-20).
Y vemos que Israel pidió a Saúl y le eligió como su primer rey. Pero, ¿les llevó Saúl a la victoria como ellos habían deseado? ¡De ninguna manera! Ese hombre egoísta llevó una vida desastrosa. Su vida fue malgastada en desobediencia al Señor, en la búsqueda de su propia gloria y no tuvo ningún interés en establecer el reino de Dios. Malgastó la mayor parte de sus años en una árdua persecución contra David, instrumento elegido por Dios, de quién debía nacer Cristo, de acuerdo con la línea real de Judá. Saúl estaba allí para destruir la semilla prometida. ¿No fue este rey, elegido, un instrumento en las manos de Satanás? Años después de empezar su reinado sobre Israel, tras una victoria en la guerra, causó que el pueblo de Dios pecara sentándose a comer carne cruda sin escurrir la sangre. Y luego, para quedar bien, con el mayor egoismo, intentó parecer muy religioso.“ Y edificó Saúl altar a Jehová; este altar fue el primero que edificó a Jehová.” (1 Sam. 14:35).
Dios recoge, a propósito, en Su Palabra que Saúl, después de años gobernando su propio reino, se dió cuenta de que Jehová también reclamaba la tierra prometida. Por eso, después de muchos años como rey sobre el pueblo de Dios, se acordó de edificarle un altar. Pero lo
construyó según su propio interés para sacar provecho. Este hombre, que tuvo la posibilidad de ser parte del remanente de Dios, murió de una muerte trágica. A causa de su profundo pecado y su desobediencia, Israel perdió una guerra decisiva, perdió a su rey elegido y fue hecho cautivo por los Filisteos. Sin embargo, había sido Israel mismo, quien había rechazado el reino de Dios y había deseado ser como las demás naciones. Y así se convirtieron en lo que ellos habían deseado ser.
Un Rey con Corazón Falible, Elegido por Dios
Debo abstenerme de meterme en la vida de David en detalle. Pero Dios mismo testificó de David diciendo que fue “un varón conforme a mi corazón” (Hechos 13:22). David no solo levantó el altar de Jehová, sino que hizo todas las preparaciones necesarias para construir el templo. De esa manera, trajo una mejor revelación de Dios al pueblo de Israel. Sus intenciones eran de traer la morada del Rey divino a Su pueblo. Sin embargo, no formaba parte de los planes de Dios que David edificara el templo. Era su semilla quien edificaría la morada para Dios. Muchos siglos después, como cumplimiento del símbolo, fue el Señor Jesús, como la Semilla de David, Quien edificaría el verdadero tabernáculo y templo de Dios.
Hay un incidente que me gustaría compartir con ustedes. Esta parte de la palabra de Dios no puede entenderse si no la miramos a la luz de los dos principios que estamos estudiando.
“Volvió a encenderse la ira de Jehová contra Israel, e incitó a David contra ellos a que dijese: Vé, haz un censo de Israel y de Judá. Y le dijo el rey a Joab, general del ejército que estaba con él: Recorre ahora todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Beerseba, y haz un censo del pueblo, para que yo sepa el número de la gente. Joab respondió al rey : Añada Jehová tu Dios al pueblo cien veces tanto como son, y que lo vea mi señor el rey; más ¿por qué se complace en esto mi señor el rey? Pero la palabra del rey prevaleció sobre Joab y sobre los capitanes del ejército. Salió, pues, Joab, con los capitanes del ejército, de delante del rey, para hacer el censo del pueblo de Israel.” (I2ª Sam. 24:1-4)
En un pasaje paralelo, en 1ª Crónicas 21:1, leemos acerca del mismo incidente, pero con una diferencia importante : “Satanás se levantó contra Israel e incitó a David a hacer un censo sobre Israel.”
En una experiencia, tanto Dios como Satanás intentaban alcanzar sus metas opuestas. ¿Porqué era tan importante contar el número de personas que había en Israel? ¿Quién estaba realmente contando el ejército de hombres de guerra? Si David sucumbió a esa tentación y contó los hombres de guerra de Israel, estaba proclamando una sola cosa – que él era el rey sobre Israel y quería tener un inventario de sus propios hombres de guerra. Esto era exactamente lo que quería Satanás – un rey humano sobre Israel, como Saúl, a quien él pudiera manipular.
De alguna manera, Joab se dió cuenta del peligro de la decisión de David. Le advirtió y le alertó, pero fue inútil. David era testarudo y cayó en la tentación. Sin embargo, Dios utilizó esta tentación. Dios mostró a David lo que había en su corazón. Estaba lleno de la falibilidad y debilidad de la carne humana. El resultado fue el juicio : una plaga que se propagó sobre Israel. Pero Dios, en Su misericordia, mostró el camino de salvación a un David arrepentido, por medio de Su profeta Gad:
“Y Gad vino a David aquel día, y le dijo: Sube, y levanta un altar a Jehová en la era de Arauna jebuseo” (2ª Sam. 24:18).
¿Qué debía hacer David? Al construir el altar, declaró públicamente quien era el verdadero Señor y Rey soberano sobre la tierra y sobre el pueblo de Israel. Y así, una vez más, puso a Dios en el trono de Su pueblo y de Su armada. Este mismo David, cuando se enfrentó con Goliat, anteriormente siendo un joven, había declarado la soberanía de Dios diciendo, “Quien es este incircunciso Filisteo que osa desafiar a los ejercitos del Dios vivo?” Ahora había pecado y había asumido que el ejercito era de su propiedad. Pero luego, se dio cuenta de su error y, una vez más, volvió a su posición de siervo del Señor Dios, el verdadero Rey de Israel. Y esto solo pudo hacerlo edificando un altar para Él y ofreciendo los sacrificios demandados por la ley del reino. “Y edificó allí David un altar a Jehová, y sacrificó holocaustos y ofrenda de paz; y Jehová oyó las súplicas de la tierra y cesó la plaga en Israel.” (2ª Sam. 24:25)
¡Qué final tan hermoso para un libro! Al levantar el altar del Señor, David se identificaba con él y declaraba su firme postura de remanente. ¡Ojalá que Dios nos dé la misma visión!
Un Sucesor con Corazón Idólatra
Salomón, hijo natural de David, llevó el plan de su padre a cabo y edificó el primer templo en Israel. El resultado de los esfuerzos de Salomón fue la más espléndida pieza de arquitectura que construyera nunca el hombre.
Pero, aunque sea triste decirlo, tambíen fue él quien introdujo la idolatría en Israel, y levantó otros altares en la tierra, para los dioses de sus mujeres que eran de distintas naciones. De esa forma, no solo reconocía el reino del Señor y Su soberanía, sino que también aceptaba las reclamaciones de otros dioses de gobernar sobre Israel (1 Reyes 11:1-10) Salomón, con toda su sabiduría, pompa y gloria, pecó y se convirtió en la causa de un reino dividido – con Israel como Reino del Norte y Judá como Reino del Sur.
Antes de entrar en las prácticas de estos dos reinos, con los impactos e influencias del uno sobre el otro, podrán preguntarse, “¿Qué tiene todo esto que ver con nosotros como cristianos?” Antes de que lleguen a una conclusión, deben seguir leyendo. Luego podrán juzgar por ustedes mismos.
Aquí llega la respuesta a esta pregunta, en términos muy breves : Estos dos principios, del altar y el remanente, se aplican a los cristianos de hoy. Descubriremos que no somos nada distintos, en cuanto a nuestra responsabilidad de levantar el testimonio de Dios, ya sea individual o corporativamente. A medida que seguimos por el Antiguo Testamento y procedemos hasta el Nuevo Testamento, vemos la línea del remanente llevada adelante desde el Antiguo hasta el Nuevo. La palabra “vencer” que aparece frecuentemente en el Nuevo Testamento, tendrá un nuevo sentido para nosotros. Abarca ambos principios. Por la gracia de Dios, tendremos el deseo y la voluntad de luchar, con todo nuestro corazón, para llegar a ser el remanente del Nuevo Testamento. Viviremos y proclamaremos el Reino del Señor a cualquier precio, hasta que Él venga a hacerse cargo de todo y nos llame para ser Su remanente que reinará con Ël.
5
Un altar verdadero – Muchas Imitaciones
La Vida consagrada de Sacrificio total
La vida de un cristiano es una vida sobre el altar. Pero, vivir una vida cristiana, de altar, requiere una sumisión básica, ante Su señorío, en todo momento momento a momento. Cultivando este tipo de relación sumisa, Dios nos impartirá, finalmente, una clara revelación de Sí mismo que, posteriormente, nos llevará al altar, como vemos en la vida de Abraham. “ Y apareció Jehová a Abram y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y edificó allí un altar a Jehová, quien le había aparecido.” (Gen. 12:7)
El altar de Abraham representaba la consagración. Para ser un cristiano consagrado, necesitamos una revelación de Dios. No podemos vivir una vida de altar mientras non hayamos establecido un altar de consagración.
Muchos pueden alegar, que el altar representa la expiación. Ésto no lo negamos. Sin embargo, lo que el altar representa, depende del tipo de sacrificio que se ofrece sobre él. De acuerdo con el libro de Levítico, cuando se hacía una ofrenda por un pecado, el altar representaba la expiación. Pero cuando era una ofrenda quemada la que se presentaba al Señor, el altar señalaba la consagración y finalmente el señorío y el reino de Dios – Su gobierno soberano.
En este libro, estamos considerando el altar, desde la perspectiva del Reino, en la vida de aquellos creyentes para quienes la expiación redentora es una obra acabada. Tras la experiencia inicial de la salvación, a los creyentes, todavía les queda: rendir por completo su voluntad al señorío de Jesús, presentarse a ellos mismos como ofrenda quemada, y vivir la vida consagrada del altar. En este punto, el altar ya no es para saldar el tema del pecado, sino más bien, la aceptación del absoluto señorío de Cristo, y el ofrecer la propia vida de uno a Dios. Este es el tipo de ofrenda al que se refiere el Apóstol Pablo en sus epístolas (ver Romanos 12:1-2). De acuerdo con la ley de la ofrenda quemada en el Antiguo Testamento (Lev. 1:3,30,14). Dios no puede aceptar nada que no sea la consagración total de un sacrificio completo. Esto significa que Él quiere, no sólo nuestras obras, sino también la totalidad de nuestro corazón. Cuando aceptamos Su señorío incuestionable sobre nuestras vidas, el altar significa no lo que hacemos para Dios, sino lo que somos delante de Él.
El fracaso de David, como vimos en el último capítulo, fue debido a una consagración que no había llegado a ser absoluta. Sin embargo, el Señor hizo que se diese cuenta de la deficiente condición de su corazón. Como resultado de ello, David se arrepintió, y, más tarde, edificó un altar al Señor como le ordenó el profeta Gad:
“Y edificó allí David un altar a Jehová, y sacrificó holocaustos y ofrendas de paz; y Jehová oyó las súplicas de la tierra, y cesó la plaga en Israel.” (2ª Sam. 24:25)
La sucesión de los hechos es interesante: Primero, David edificó el altar. Segundo, trajo los holocaustos (ofrendas quemadas) que representaban su total consagración al señorío de Dios. Tercero, presentó ofrendas de paz, que caracterizaban la ratificación y confirmación del pacto. Confirmando su parte del acuerdo con estas ofrendas, David estaba declarando que podía defender el reino de Dios. Ésta era la forma en la que David recordó a Dios Su pacto. Luego, Dios también confirmó Su parte del pacto contestando la oración de David.
Cuantas veces, nosotros, igual que David, nos convertimos en reyes de nuestras vidas y nos metemos en todo tipo de problemas. Esto puede ocurrir en cualquier etapa de nuestra vida espiritual. Podemos caer incluso después de haber disfrutado de la multitud de bendiciones de Dios, como hizo David. Pero ¡bendito sea Su Nombre! Cuando levantamos el altar proclamándole Rey a Él, y acudimos a Su Trono, la plaga se para.
Dos Altares Polémicos de un Reino Dividido
Como vimos anteriormente, Salomón edificó el templo para el Señor. Ese magnífico templo no sólo representaba la morada de Dios entre los hijos de Israel, sino que expresaba, también, Su soberanía sobre Su reino. El altar era la primera cosa que los hijos de Israel podían ver al entrar al templo.
Con el tiempo, el templo y su altar se convirtieron en un tema de controversia y de división. Esto es lo que ocurrió : Israel, como resultado de los pecados de Salomón, se dividió en dos reinos – el reino del norte y el reino del sur. El reino del norte se convirtió en el reino de Israel, y constaba de diez tribus, lideradas por una persona llamada Jeroboam, hijo de Nabat, siervo de Salomón (1ª Reyes 11:26). El reino del sur, que consistía en las tribus de Judá y Benjamín, se conoció como reino de Judá, con Roboam, hijo de Salomón, al frente. Jerusalén, con el templo y el altar de Dios, se convirtió en parte de Judá. De acuerdo con el mandato de Dios, todos los hijos de Israel –de las doce tribus—debían ir a Jerusalén a adorar. Allí debían ofrecer sus sacrificios sobre el altar del templo. Cada judío varón debía ir al templo y presentar una ofrenda sobre el altar del Señor. Esto le identificaba con el altar y con Dios, como su Rey, capacitándole para disfrutar de Su gracia y de Su misericordia.
Sin embargo, Jeroboam, el hombre que heredó el reino del norte, cometió un acto perverso: “ Y dijo Jeroboam en su corazón : Ahora se volverá el reino a la casa de David, si este pueblo subiere a ofrecer sacrificios en la casa de Jehová en Jerusalén, porque el corazón de este pueblo se volverá a su señor Roboam rey de Judá y me matarán a mi y se volverán a Roboam rey de Judá. Y habiendo tenido consejo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: Bastante habéis subido a Jerusalén; he aquí tus dioses, oh Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto. Y puso uno en Bet-el y el otro en Dan. Y esto fue causa de pecado; porque el pueblo iba a adorar delante de uno hasta Dan. Hizo también casas sobre los lugares altos, e hizo sacerdotes de entre el pueblo, que no eran de los hijos de Leví. Entonces instituyó Jeroboam fiesta solemne en el mes octavo, a los quince días del mes, conforme a la fiesta solemne que se celebrabc en Judá, y sacrificó sobre un altar. Así hizo en Bet-el, ofreciendo sacrificios a los becerros que había hecho. Ordenó también en Bet-el sacerdotes para los lugares altos que él había fabricado. Sacrificó pues sobre el altar que él había hecho en Bet-el a los quince días del mes octavo, el mes que él había inventado de su propio corazón; e hizo fiesta a los hijos de Israel, y subió al altar para quemar incienso.” (1ª Reyes 12:26-33).
Desde un punto de vista mundano, Jeroboam era un hombre con muchos recursos. Si hubiera vivido en nuestros días, se habría dicho de él que era un gran político. Un estudio cuidadoso del pasaje anterior revelará algunos puntos interesantes. Jeroboam volvió la espalda a Dios completamente, por una cosa. Se olvidó que el reino del norte le había sido entregado en cumplimiento de la promesa del Señor, profetizada por Ahías silonita (1ª Reyes 11:29-39). En su incredulidad premeditada y su temor injustificado, se convirtió en un instrumento en las manos de Satanás. La forma en la que actuó es también de suma importancia. ¿Porqué hizo Jeroboam dos becerros? ¿Fue una coincidencia que hiciera lo mismo que Aaron y los hijos de Israel habían hecho, cientos de años antes, cuando salieron de Egipto? No, no era una mera coincidencia.
Veamos cuales fueron las razones de los actos de Jeroboam : “Por esto Salomón intentó matar a Jeroboam, pero Jeroboam se levantó y huyó a Egipto, a Sisac rey de Egipto, y estuvo en Egipto hasta la muerte de Salomón.” (1ª Reyes 11:40)
Aparentemente, Jeroboam había aprendido las costumbres de Egipto y las había introducido en la adoración de Israel. Lo que él había aprendido en Egipto fue lo que hizo en el reino del norte. Por medio de Jeroboam, Satanás estableció sus propios altares y, en realidad, desplegó su propio reino sobre Israel. La forma en que Satanás contaminó la adoración verdadera fue mezclándola con las costumbres mundanas de Egipto. Jeroboam llegó a llamarlo “una fiesta a Jehová”. A Satanás no le importa como lo llames, siempre y cuando te inclines ante su altar, fuera de la verdadera casa de Dios. Mientras no estés adorando en el altar verdadero, no le preocupa en qué altar sacrifiques. Sus altares son muchos, pero el altar del Señor es sólo uno, y se encuentra únicamente en Su morada.
Una Religión Conveniente sin Sacrificio Personal
“Bastante habéis subido a Jerusalén” (1ª Reyes 12:28). Esto fue lo que afirmó Jeroboam delante de los hijos de Israel, como si él estuviese más preocupado por ellos que Dios. El quería darles una religión conveniente, sin sacrificios personales. Les dijo que podían adorar cerca; ¿para qué ir hasta Jerusalén? Esto es exactamente lo que nos dice la gente: “No vayas tan lejos. ¿Para qué ocuparte tanto de tu vida espiritual? La religión es tolerable siempre y cuando equilibres tu vida religiosa y tu vida mundana.” Te recomiendan una religión sin sacrificio. Te proponen que sacrifiques sobre cualquier altar, siempre y cuando sea conveniente. ¡El Cristianismo de hoy en día es, en su mayor parte, un altar de Jeroboam! Las costumbres del mundo se han mezclado con los caminos del Jehová. Pero ¿por qué es el pueblo de Dios tan inocente y vulnerable que cae en las mentiras de Satanás?
“Y puso uno en Bet-el, y el otro en Dan.” (1ª Reyes 12:29). Las dos ciudades, Bet-el y Dan, ponen al descubierto los planes y esquemas de Satanás. Si Jeroboam hubiera designado una ciudad, estratégicamente situada en el centro de Israel, reino del norte, se comprendería. Pero Dan era el lugar más al norte y Bet-el el lugar más al sur del reino del norte. Satanás quería abarcar todo el territorio del reino de Israel.
Bet-el se encontraba a una corta distancia de Jerusalén, solo 12 millas aproximadamente. Todos los que adoraban en Bet-el podían haber bajado fácilmente a la casa del Señor en Jerusalén. Ellos deberían haber razonado y haber pensado que, si Jeroboam estaba preocupado por ellos, habría designado una ciudad en la zona central del país donde todos pudieran juntarse. Quizás Dan le resultaba cómodo a los habitantes del norte de Israel, pero, si la gente del sur iba hasta Bet-el, podría haber ido fácilmente a Jerusalén. ¿Cómo no vió el pueblo de Israel las mentiras de Jeroboam?
Cayeron en una adoración pecaminosa, en un altar que no era el del Señor. Bet-El estaba en un lugar crucial para Satanás. Él quería tener su altar a unas pocas millas solamente del altar del Señor. Quería establecer su reino estratégicamente cerca de los límites del reino de Dios, para interceptar al pueblo de Dios.
Una Adoración Falsificada con una Imitación Fraudulenta
Por otra parte, Satanás tiene una falsedad para cada verdad. Por ejemplo, por medio de Jeroboam declaró una fiesta improvisada. ¡Qué astuto y qué mentiroso puede ser Satanás!
Originalmente, Dios quería que su pueblo fuera diferente de las demás naciones de los alrededores. Todo lo que los hijos de Israel hacían, debía ser un testimonio de su Dios. Las siete fiestas anuales de Israel, ordenadas por el Señor, eran memoriales y proféticas a la vez. Uno de los festivos religiosos era la Fiesta de los Tabernáculos (Lev. 23:33-36) que, de hecho, se guardaba en Jerusalén, el decimoquinto día del mes séptimo.
“Entonces instituyó Jeroboam fiesta solemne en el mes octavo, a los quince días del mes, conforme a la fiesta solemne que se celebraba en Judá; y sacrificó sobre un altar” (1ª Reyes 12:32).
¿Cuál es la diferencia entre estas dos fiestas? La Biblia lo deja muy claro: “Sacrificó, pues, sobre el altar que él había hecho en Bet-el, a los quince días del mes octavo, el mes que él había inventado de su propio corazón; e hizo fiesta a los hijos de Israel y subió al altar para quemar incienso.”(1ª Reyes 12:33).
La fiesta de Dios era en el séptimo mes, mientras que la de Jeroboam era en el octavo. ¿Sobre qué altares hizo el sacrificio? ¡Sobre los falsos altares de otros dioses! ¿Podemos nosotros, como pueblo de Dios, distinguir lo genuino de lo falso? A lo largo de un periodo de casi veinte siglos, Satanás, por medio de sus “Jeroboams”, ha instituido tantas imitaciones fraudulentas en el Cristianismo, que es prácticamente imposible detectarlas. El único modo de ver la diferencia entre lo genuino y la imitación es acercándose a la Biblia, la Palabra de Dios, en oración.
6
Hombres de Dios – ¡Cuidado!
Unidad Comprometida ... Falsa Cruz
Gracia Conveniente ... Adoración Contemporánea
Jeroboam era listo. Su habilidad como político religioso era suprema. En aras de la unidad nacional de su propio reino, hizo lo que hizo –levantó otros altares e instituyó otras fiestas – imitaciones todas de los oríginales que había en Judá.
Muchas cosas en el Cristianismo no son más que falsos duplicados. Por ejemplo, muchas conversaciones engañosas, acerca de la unidad, se esconden tras eslóganes como “Todos Uno en Cristo,” “Unidad en la Variedad”, o “Variedad Contra Uniformidad”. Pero, la pregunta es ¿a qué precio?, ¿al de cambiar las fiestas que el Señor instituyó para el séptimo mes, por el apaño del octavo mes?, ¿al coste de ofrecer los sacrificios sobre los altares más convenientes, Bet-el y Dan, en vez del altar verdadero de Jerusalén?
Por lógica, entre lo que muchos califican de cuestiones menores, la unidad parece mucho mejor que la división. Pero ésto es algo superficial. Debemos hacernos estas preguntas : ¿Estamos siguiendo los pasos de Jeroboam practicando alguna ceremonia mediocre e imitable basada en doctrinas secas y muertas? ¿O vamos por el camino del remanente que pagó el precio de mantenerse firme, en defensa de la verdad viva, y ofreció sus sacrificios sobre el único altar en el templo de Jerusalén?
Según el Nuevo Testamento, el templo antiguo era, seguramente, un símbolo de la verdadera casa de Dios de nuestro tiempo. Hoy, Satanás ofrece una cruz falsa, disfrazada de gracia, que no requiere ningún sacrificio, y que se presta a una unidad conveniente y una unidad que lo abarca todo. Pero el remanente del pueblo de Dios no caerá en estos trucos de la serpiente antigua, el diablo. Sólo se postrarán ante la cruz del Calvario –el altar en Jerusalén – sin mirar a lo que cueste; nunca en el altar de Bet-el en aras de la conveniencia y de la unidad.
Dejemos que la gente nos llame “fanáticos”. El principio del mundo es mezclar lo que es verdad con lo que no lo es, y presentarlo bajo la forma de un Cristianismo conveniente, equilibrad, racional, comprensible e intelectual.
Los contemporáneos de Jeroboam le consideraban, probablemente, un patriota y un ejemplo, porque a partir de ese momento, todos los reyes de Israel siguieron los caminos de Jeroboam. Estos reyes permanecieron enredados en su mismo pecado hasta el tiempo de su cautiverio. Incluso cientos de años después de Jeroboam, al preguntarle a Israel porqué adoraban como lo hacían, ellos contestaron : “¿Quiénes sois vosotros para cuestionarnos? Hemos estado adorando en esta forma patriótica – la forma de Jeroboam, hijo de Nabat, en el altar de Bet-el – durante cientos de años.” La Cristiandad ha caido en la misma trampa. Cuando se les pregunta porqué adoran como lo hacen, los Cristianos contestan, “¿Quiénes sois vosotros para preguntarnos? Seguimos las tradiciones de nuestros padres de la iglesia.”
La Inflexible Fidelidad del Hombre de Dios
Dios no permanece silencioso frente a tal corrupción. Su fiel remanente ha estado siempre presente, y será siempre fiel hasta el final. Dios habla hoy como lo hizo en tiempos de Jeroboam :
“He aquí que un varón de Dios por palabra de Jehová vino de Judá (donde estaba el altar verdadero de Dios) a Bet-El (donde estaba el falso altar); y estando Jeroboam junto al altar para derramar incienso, aquel clamó contra el altar por palabra de Jehová y dijo : Altar, altar, así ha dicho Jehová: He aquí que a la casa de David nacerá un hijo llamado Josías, el cual sacrificará sobre ti a los sacerdotes de los lugares altos que queman sobre ti incienso, y sobre ti quemarán huesos de hombres. Y aquel mismo día dio un señal, diciendo : Esta es la señal de que Jehová ha hablado: he aquí que el altar se quebrará, y la ceniza que sobre él está se derramará.” (1ª Reyes 13:1-3)
El decreto contra Satanás y su reino fue emitido de esa manera. Muchos siglos más tarde, Cristo, la verdadera Semilla de David, vendrá por segunda vez. El será Quien destruirá el reino de engaños y mentiras de Satanás. El falso reino de Satanás, su falsa religión y sus sacerdotes serán descubiertos y destruidos.
Ahora bien, puede que, igual que este hombre de Dios, ya hayamos aprendido a no transigir con los caminos de Jeroboam. Sin embargo, el resto de la historia también ilustra las dificultades para el remanente, en su posición y nivel. Nos muestra lo que pasa con aquellos que, dándose cuenta de la verdad e incluso proclamándola, terminan acomodándose a los profetas tradicionales de otras órdenes religiosas; a aquellos que están enredados en alguna forma no genuina de su falso reino. Miremos detenidamente los pasajes siguientes y veamos la enorme relevancia que tienen sobre nuestra situación hoy.
En 1ª de Reyes 13, este hombre de Dios estaba a punto de dejar Bet-el, que era un lugar de adoración a los ídolos, para volver a Judá, el lugar donde estaba la morada de Dios y su altar. De repente, Satanás entra en actividad para destruir a este exponente y representante del remanente. Notad la astucia y el engaño del enemigo:
“Y el rey dijo al varónde Dios; Ven conmigo a casa, y comerás, y yo te daré un presente. Pero el varón de Dios dijo al rey: Aunque me dieras la mitad de tu casa, no iría contigo, ni comería pan ni bebería agua en este lugar. Porque así me está ordenado por palabra de Jehová, diciendo: No comas pan, ni bebas agua, ni regrese por el camino que fueres. Regresó pues, por otro camino, y no volvió por el camino por donde había venido a Bet-el.” (1ª Reyes 13:7-10).
Hasta aquí, todo bien. El hombre de Dios ha reconocido el esquema de Satanás en una persona como Jeroboam y rechaza cualquier favor de él. Un ataque directo ha sido repelido por este hombre de Dios. Pero notad lo que ocurre después.
Transigente Conformidad con un Viejo Profeta
Un viejo profeta, en el reino de Jeroboam, se enteró de lo ocurrido por medio de sus hijos presentes en el altar de Bet-el. Supo acerca de la palabra profética que Dios había dado por medio de este hombre de Dios y lo que había acontecido. Este viejo profeta siguió al hombre de Dios hasta alcanzarle :
“Entonces le dijo: Ven conmigo a casa, y come pan. Mas él respondió: No podré volver contigo, ni iré contigo, ni tampoco comeré pan ni beberé agua contigo en este lugar. Porque por palabra de Dios me ha sido dicho: No comas pan ni bebas agua alli, ni regreses por el camino por donde fueres. (1ª Reyes 13:15-17)
Y ahora veamos la obra de arte de Satanás al empezar a hablar el viejo profeta:
Yo también soy profeta como tu, y un ángel me ha hablado por palabra de Jehová, diciendo; Tráele contigo a tu casa, para que coma pan y beba agua (estaba mintiendo).
Entonces volvió con él, y comió pan en su casa y bebió agua. Y aconteció que estando ellos en la mesa, vino palabra de Jehová al profeta que le había hecho volver. Y clamó al varón de Dios que había venido de Judá diciendo: Así ha dijo Jehová: Por cuanto has sido rebelde al mandato de Jehová, y no guardaste el mandamiento que Jehová tu Dios te había prescrito, sino que volviste, y comiste pan y bebiste agua en el lugar donde Jehová te había dicho que no comieses pan ni bebieses agua, no entrará tu cuerpo en el sepulcro de tus padres. Cuando había comido pan y bebido, el que le había hecho volver le ensilló el asno. Y yéndose, le topó un león en el camino y le mató; y su cuerpo estaba echado en el camino, y el asno junto a él, y el león también junto al cuerpo”. (1ª Reyes 13:18-24).
Lo que Satanás no llevó a cabo por medio de un rey evidentemente corrupto, lo hizo a través de un viejo profeta religioso perteneciente al mismo reino. El hombre de Dios debía haber sabido que Dios no se contradice a Sí Mismo. ¿Cómo podía Dios darle un conjunto de instrucciones y luego retractarse por boca de otro?
Se puede aprender una gran lección por medio de la vida de este hombre de Dios. Nosotros, como remanente, podemos haber visto el falso reino de Satanás y los falsos altares en la Cristiandad. Puede ser que hayamos profetizado contra ellos y declarado su destrucción. Pero , cuidado con cualquier comunión que pueda amoldarnos a los antiguos caminos que hemos abandonado; aún cuando se nos acerquen aquellos que digan “yo también soy profeta como tu”. Si Satanás no nos distrae por medio de regalos materiales del mundo, intentará engañarnos por medio de algún viejo profeta que ministre en Bet-el. ¿No dijo el Apóstol Juan lo mismo que Dios le había dicho a este hombre de Dios?
“Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo. Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo (como el hombre de Dios), sino que recibáis galardón completo. Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo ése si tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis ¡Bienvenido! Porque el que le dice ¡Bienvenido! Participa en sus malas obras. (2ª Juan 7-11).
La Alerta Vigilante del Remanente de Dios
El remanente de Dios debe tener una inequívoca determinación de proclamar el reino de Dios cueste lo que cueste. Pero, a la vez, debe estar alerta de los esquémas del enemigo con un vigilante sentido del peligro. Debemos depender continuamente del Espíritu Santo para que nos guarde de las mentiras, engaños y falsos altares, que se irán poniendo en nuestro camino para destruirnos.
Hemos revisado extensamente la vida e historia de Jeroboam. Hemos visto como, convirtiéndose en instrumento en las manos de Satanás, tuvo un profundo impacto en la nación Judía, como pueblo de Dios. Debemos, pues, estar preparados para reconocer al enemigo y sus esquémas, ya que él está utilizando estas mismas tácticas en la Iglesia de Dios. La Palabra de Dios no deja nada a la especulación.
Es más, la razón del cautiverio de Israel nos ha sido dada muy claramente:
“Todo esto ocurrió porque los hijos de Israel pecaron contra Jehová su Dios...”(2ª Reyes 17:7)
Después de detallar sus pecados en los versos 8 a 17, leemos:
Jehová, por tanto, se airó en gran manera contra Israel, y los quitó de delante de su rostro; y no quedó sino sólo la tribu de Judá. Mas ni aún Judá guardó los mandamientos de Jehová su Dios, sino que anduvieron en los estatutos de Israel, los cuales habían ellos hecho. Y desechó Jehová a toda la descendencia de Israel, y los afligió, y los entregó en manos de saqueadores, hasta echarlos de su presencia. Porque separó a Israel de la casa de David, y ellos hicieron rey a Jeroboam hijo de Nebat; y jeroboam apartó a Israel de en pos de Jehová, y les hizo cometer gran pecado. Y los hijos de Israel anduvieron en todos los pecados de Jeroboam que él hizo, sin apartarse de ellos, hasta que Jehová quitó a Israel de delante de su rostro, como él lo había dicho por medio de todos los profetas sus siervos; e Israel fue llevado cautivo de su tierra a Asiria, hasta hoy.”(2ª Reyes 17:18-23).
Téngamos un especial cuidado en reconocer a los modernos “Jeroboams” del Cristianismo, a sus falsos altares y asegurémonos de que no persistimos en sus caminos, como hizo Israel, no sea que nosotros también caigamos. Tomemos la posición sólida e intransigente del remanente de Dios.
7
Dulces y Apacibles Conformistas
Insidiosa Influencia Interna
La historia de Jeroboam terminó con una nota triste. El hijo de Jeroboam enfermó. El mismo profeta que le transmitió, una vez, la promesa de Dios de heredar el reino del norte, le dijo a su mujer que el niño moriría pronto. Y el hijo murió poco después. El reinado de Jeroboam sobre Israel, duró veintidós años. Tuvo un efecto y una influencia dramáticos sobre todos los reyes de Israel, y sobre algunos de los de Judá, que reinaron después de él. Esto duró cuatrocientos años, hasta que ambos reinos fueron finalmente llevados al cautiverio.
Debemos seguir mirando a lo largo del antiguo testamento, para ver cómo el enemigo, Satanás, intentó penetrar las líneas y filas del pueblo de Dios. Su propósito era contaminar sus caminos, establecer delante de ellos sus altares idólatras e instaurar su reino diabólico. Algunos detalles nos ayudarán a detectar las distintas formas en las que fueron introducidos los tortuosos caminos de Satanás en los reinos de Israel y de Judá. En contraste, seguiremos también la línea del remanente; aquellos que fueron fieles a Dios hasta el final, a pesar de las persecuciones, pruebas y dificultades, y no se inclinaron jamás ante Satán ni ante sus falsos altares.
La marca del remanente no es la perfección, sino el no amoldarse. el no transigir. Eso es lo que identifica y caracteriza su vida, individual y corporativamente. A pesar de sus debilidades e imperfecciones, el Señor es su único y verdadero Dios.
Mientras seguimos los principios del altar y el remanente, debemos recordar que estamos observando los ataques de Satanás, desde dentro y desde fuera de los dominios del pueblo de Dios. El ataque por medio de Jeroboam fue desde dentro, circunstancia bastante más peligrosa que cualquier ataque desde afuera. La influencia interna de Jeroboam era insidiosa y traicionera, y casi destruye totalmente al pueblo Judío. Aunque el ataque del enemigo desde afuera, como en el caso de Nabucodonosor, era tremendamente destructivo, consiguió purgarlos de la adoración idólatra. Sin embargo, en ambos casos, el remanente aguantó los ataques, interno y externo y sobrevivió. Al enseñaros la línea del remanente, quiero animar al pueblo de Dios, primeramente a ver las mentiras y los esquemas del enemigo; luego a resistirle, y, por fin a mantenerse en el propósito de Dios. Al final, nuestro bendito Señor y Salvador Jesucristo aparecerá para destruir, de una vez y para siempre, el reino del enemigo y para anunciar Su gobierno milenial, al que sucederá el reino eterno de Dios.
Dulce y Agradable Influencia
En el norte, Jeroboam había gobernado el reino de Israel con sus falsos altares y fiestas. Pero, ¿qué pasó con el reinado del Rey Roboam en Judá, reino del sur? Roboam era nieto de David. Debería haberlo hecho bien. Su abuelo había sido “un hombre según el corazón de Dios”, y Salomón, su padre, era el hombre que construyó el templo, la morada de Dios en Jerusalem. Pero ¿fue todo bien con él?
“Roboam hijo de Salomón reinó en Judá. De cuarenta y un años era Rroboam cuando comenzó a reinar, y diecisiete años reinó en Jerusalén, ciudad que Jehová eligió de todas las tribus de Israel, para poner allí su nombre. El nombre de su madre fue Naama, amonita.” (1ª Reyes 14:21).
Naama fue una de las mil esposas que tuvo Salomón, una extranjera. Sigamos leyendo:
“Pero el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres extranjeras; a las de Moab, a las de Amón, a las de Edom, a las de Sidón y a las heteas; gentes de las cuales Jehová había dicho a los hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A éstas, pues, se juntó Salomón"con amor. Y tuvo setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas; y sus mujeres desviaron su corazón. Y cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David. Porque Salomón siguió a Astoret, diosa de los sidonios, y a Milcom, ídolo abominable de los amonitas. E hizo Salomón lo malo ante los ojos de Jehová, y no siguió cumplidamente a Jehová como David su padre.” (1ª Reyes 14:21)
Aunque ya hemos cubierto la era de Salomón y su pecado, de introducir la adoración de ídolos en Israel, el pasaje anterior está tan lleno de exhortación y enseñanza, que no podemos pasar por encima sin observar algunos puntos:
Primero, cada persona tiene una voluntad libre de seguir el camino del Señor, o sus propios deseos y lujuria. Salomón eligió esto último. Un segundo punto, de gran importancia, es que los hijos no pueden llegar a ser espirituales sólo porque su padre lo sea, como fue el caso de Salomón y su padre, David. Tercero, el paso de resbalar hacia atrás no es una pendiente pronunciada, sino un declive progresivo, una tendencia hacia abajo, que empieza con un sencillo compromiso. La palabra es resbalar hacia atrás no caer hacia atrás.
El resbalón de Salomón empezó cuando se casó con la hija de Faraón. Fue un matrimonio político que se hizo por razones estratégicas, pero no quedó solo en esto. Salomón acabó teniendo mil esposas, de entre las cuales, muchas eran de naciones idólatras. Cuanto más permaneció en su compromiso, más se debilitó para remediarlo. A medida que envejeció, perdió por completo toda su voluntad de luchar contra los ídolos de sus mujeres y capituló ante sus detestables prácticas. Salomón no era un necio. Fue probablemente el hombre más sabio de la tierra (sin contar a nuestro Señor Jesucristo. Mat. 12-42). Pero ¿como se las arregló Satanás para postrarle de rodillas?
Para poder comprender esto, debemos observar tres palabras que indican estos factores clave: Dos de ellas se han recalcado en el pasaje anterior – “Amonitas” y “Milcom” (1ª Reyes 11:1-6). La otra palabra es “Naama” (1ª Reyes 14:21). El nombre de la madre de Roboam era Naama, una amonita y una adoradora del ídolo Milcom. Naama significa ‘dulce y agradable’, Milcom significa ‘rey’. Satanás puso una mujer dulce y agradable en el camino de Salomón. Ella adoraba a un dios llamado ‘rey’ (Milcom). Salomón cayó por esta dulce y agradable mujer amonita, y finalmente cedió a su costumbre de adorar. Le permitió erigir un ídolo llamado ‘rey’ y consintió en que le edificara altares a su ‘rey’.
De una mujer así nació un hijo llamado Roboam, que heredaría el reino del sur. Las dulces y agradables influencias de Naama fueron tan grandes sobre Salomón, que nombró a Roboam principe de la corona, su sucesor, ¡aunque Roboam no era el primogénito! Satanás había trabajado muy eficazmente por medio de Naama, la Amonita, y Salomón colaboró forzando a Judá a que reconociera a Roboam como rey. Roboam reinó como resultado de haber levantado un altar a Milcom, ‘el rey’, en el territorio del reino del sur.
En Israel, reino del norte, Satanás tenía a Jeroboam trabajando para él, y en Judá, reino del sur, utilizó a Naama. Parcialmente, había tenido éxito por el colapso emocional de Salomón y sus deseos desmedidos. Las generaciones siguientes pueden verse afectadas negativamente por compromisos nocivos, o bien positivamente por una postura firme y enérgica en cuanto a la verdad de Dios. Salomón se doblegó y Judá recogió la cosecha, como se materializó en Roboam.
“Y Judá hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y le enojaron más que todo lo que sus padres habían hecho en sus pecados que cometieron. Porque ellos también se edificaron lugares altos, estatuas, e imágenes de Asera, en todo collado alto y debajo de todo árbol frondoso. Hubo también sodomitas en la tierra, e hicieron conforme a todas las abominaciones de las naciones que Jehová había echado delante de los hijos de Israel.” (1ª Reyes 14:22-24).
¡Hasta qué niveles de degeneración se hundió el pueblo de Dios! Satanás había tenido éxito al levantar sus altares, tanto en Judá como en Israel. Pero ésto no parecía ser bastante. Si tan sólo pudiera incitar a Judá para que entrara en amistad y en matrimonio con Israel (cosa que más tarde llevó a cabo), entonces su plan se podría consumar. La influencia vecinal de Jeroboam, junto con la influencia interna de Naama, llevó a Juda a caer sobre sus rodillas; y así los dos reinos de Israel estaban a punto de inclinarse ante Satanás y convertirse en su reino exclusivo.
Influencia Santificada que no Transige
A pesar del éxito parcial de Satanás, en llevar a cabo su plan, Dios se reservó Su propio remanente que nunca se inclinó ante Satanás. Fueron los no-conformistas que siempre proclamaron a Dios como su supremo Señor y soberano Rey. Entre ellos hubieron reyes, profetas, hombres, mujeres, niños, y gente de todas las clases sociales. Éstos fueron el remanente que, a cualquier precio, mantuvo el altar de Dios erigido y el fuego de Dios encendido. Dios habló a Su pueblo por medio de esos profetas santificados; los llamó a santidad, exigiendo que se apartasen de los caminos del mundo, y constriñéndolos a que no transigieran. De esta manera, Él estaba preparándose un remanente que estuviera presente, para dar la bienvenida a su único Rey verdadero y anunciar el Reino eterno de Dios.
8
Derribar y Construir
Un Amor Fiel del Remanente por el Reino de Dios
Conforme seguimos estudiando la historia del pueblo de Dios, llegamos a la era de Asa. Asa era el nieto de Roboam. Su tatarabuelo fue Salomón. En cuanto a Asa, la Palabra de Dios dice:
“E hizo Asa lo bueno y lo recto ante los ojos de Jehová su Dios. Porque quitó los altares del culto extraño, y los lugares altos; quebró las imágenes, y destruyó los símbolos de Asera; y mandó a Judá que buscase a Jehová el Dios de sus padres, y pusiese por obra la ley y sus mandamientos Quitó asimismo de todas las ciudades de Judá los lugares altos y las imágenes; y estuvo el reino en paz bajo su reinado.” (2ª Crónicas 14-5)
Destruyó los “altares del culto extraño” que representaban la autoridad y el gobierno de otros dioses y reyes. Ésto incluía la destrucción de altares idólatras como Milcom, que fueron introducidos en Judá por Naama, madre de Roboam (tatarabuela de Asa). Asa declaró también el reino y el gobierno de Jehová y los estableció sobre Judá. Notad cómo le animó el Profeta Azarías:
“Vino el Espíritu de Dios sobre Azarías, hijo de Obed, y salió al encuentro de Asa y le dijo: Oídme, Asa y todo Judá y Benjamín: Jehová estará con vosotros, si vosotros estuviereis con él; y si le buscareis, será hallado de vosotros; mas si le dejareis, él también os dejará. Pero esforzaos vosotros, y no desfallezcan vuestras manos, pues hay recompensa para vuestra obra. Cuando oyó Asa las palabras y la profecía del profeta Azarías, hijo de Obed, cobró ánimo, y quitó los ídolos abominables de toda la tierra de Judá y de Benjamín, y de las ciudades que él había tomado en la parte montañosa de Efraín; y reparó el altar de Jehová que estaba delante del pórtico de Jehová”. (2ª Crónicas 15:1-2, 7-8)
Asa estaba actuando sobre el principio del remanente. Rompió los altares del culto extraño, y luego reparó el altar del Señor. Si Asa fuera contemporáneo nuestro, sería tildado de ser alguien desagradable y sin amor. Probablemente se le aconsejaría que ganara al pueblo idólatra de Judá de nuevo para el Señor por medio del amor Cristiano. Pero ésta no es la forma en que se demuestra el amor. Desgraciadamente, la palabra ‘amor’ se utiliza de una forma tan vaga en los círculos Cristianos, que, poco a poco se ha ido convirtiendo en un sinónimo de ‘compromiso’. A menudo nos callamos en aras del ‘amor, especialmente cuando vemos variantes populares de los “altares extranjeros” en el contexto de nuestro Cristianismo. Este tipo de ‘amor’ tiene una nueva connotación. Pero, desde la perspectiva de Dios, el amor es algo distinto. Muchas veces, como se describe en el libro de Hebreos, el amor es correctivo:
“Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.” (Hebreos 12:5-6)
Asa no estaba amando menos a su propio pueblo, ni estaba siendo duro con ellos. El hecho es que él, por el amor que sentía hacia Dios y hacia Su pueblo, destituyó a su propia abuela Maaca de su alta posición de reina madre, y también a otros que, como ella, se habían convertido en instrumentos de “opresión” (este es el significado del nombre de ella) espiritual en las manos de Satanás. Ellos estaban contaminando al pueblo de Dios y pervirtiendo la verdad del Reino de Dios. Había que ocuparse de ellos por el bien de todos los demás.
Asa permaneció firme sobre la base del remanente de Dios al destruir “los altares extranjeros” y reparar el altar del Señor, y, oponiéndose a todo y a todos los que se alzaron contra el Señorío de Jehová.
El Cristianismo de hoy está contaminado con altares extranjeros estraños o ajenos. Más aún, el altar de Dios necesita una gran reparación, porque ha sido obviamente descuidado. Dios está buscando un remanente que se alce en contra de esta idolatría, introducida en la iglesia por Satanás, desde dentro y desde fuera. Necesitamos hermanos y hermanas, que se unan a nosotros en la tarea de destruir las tradiciones anti-Cristianas del Cristianismo de hoy. Necesitamos que introduzcan la simplicidad del Cristianismo verdadero, que se amolda al verdadero Reino de Dios y lo representa. En esta tarea no estamos peleando contra otros Cristianos, sino contra Satanás y sus huestes de maldad, que estan detrás de todos los Jeroboams, Naamas y Maacas del Cristianismo. Estos tipos de gente toman posiciones de poder e influencia, introduciendo todo tipo de corrupción dentro de la Iglesia de Dios. Tienen que ser descubiertos y destituidos de sus posiciones de poder. Hoy en día tiene que ocurrir lo mismo que en los días de Asa. La Palabra de Dios dice, “Asa quitó los lugares altos y los altares del culto extraño en cada ciudad de Judá...”
Todo el reino de Judá estaba contaminado a causa de los instrumentos del enemigo, situados en posiciones de poder. Pero, ¡gloria a Dios!, Él levantó un remanente y posicionó a Asa en un lugar de poder y autoridad, para que echara abajo todo lo extranjero ajeno y declarara Su reino. ¿Es esa la forma en que, nosotros los Cristianos, actuamos? ¿Hacemos lo mismo que el remanente del pueblo de Dios? ¿Tenemos ojos para ver la necesidad de reparar el altar del Señor? ¿Estamos deseosos de hacer algo al respecto? O más bien pensamos que transigiendo con el pretexto del amor podremos zafarnos de las demandas y expectaciones de Dios. ¿Queremos tan siquiera ser parte del remanente de Dios?
Una Recompensa para el Remanente Fiel por no Transigir
La profecía de Azarías que fortaleció las manos de Asa se aplica a nosotros : “Pero esforzaos vosotros, y no desfallezcan vuestras manos, pues hay recompensa para vuestra obra.” La recompensa para el remanente es grande. A medida que vayamos adelante con estos estudios, veremos que la gran mayoría de las promesas de Dios no son para todos, sino que son particularmente para el remanente. Hoy, tantos Cristianos citan estos versos de promesas fuera de contexto. Si, la salvación por gracia es verdaderamente un regalo gratuito de Dios a todo aquel que cree. Pero Dios también tiene una recompensa, especialmente reservada, y conservada, para el remanente fiel, no para el Cristiano débil, y flojo.
“En el año treinta y seis del reinado de Asa, subió Baasa, rey de Israel contra Judá, y fortificó a Ramá, para no dejar salir ni entrar a ninguno al rey Asa, rey de Judá.” (2ª Crónicas 16:1)
Cuando la verdad es proclamada, el pueblo de Dios llega finalmente a reconocerla y es atraído por ella. Por ejemplo, la gente que buscaba a Dios en Israel, reino del norte, se dieron cuenta de que algo estaba pasando en Judá, reino del sur. Sus corazones anhelaban la adoración verdadera a Dios, ante el altar verdadero en Jerusalén. Atraídos por la verdad, se dirigieron en manadas a Jerusalén.
¿Por qué otra razón pensáis que Baasa, rey de Israel, fortificó la ciudad de Ramá? Él no quería que las noticias de las reformas en Judá llegasen hasta su pueblo. Más aún, quería impedir que su pueblo fuera a Judá para ver los cambios y, como resultado, se establecieran permanentemente en Judá con el pueblo de Dios. Por ello, Satanás, obrando por medio de Baasa, intentó construir una cortina de hierro alrededor de Israel para impedir el avivamiento.
Pasa lo mismo con el remanente en el Cristianismo. Cada vez que empieza un avivamiento o un despertar, Satanás se vuelve hiperactivo, fortificando sus posiciones por todos los medios a su alcance — falsos avivamientos, cotilleos, calumnias, guerras, etc. Pero nada de ésto ha prevalecido. El remanente del pueblo de Dios ha luchado contra cada falsedad, y cada engaño del gobierno y autoridad de Satanás. Han echado abajo los altares extranjeros y han reparado el altar del Señor. Su gran recompensa es ver al pueblo recibir la verdad y entrar en el Reino de Dios.
Como vimos antes, la marca del remanente no es la perfección, sino el no transigir. Asa llevó esa marca. Sí, el tuvo sus defectos y momentos de debilidad, pero nunca transigió con la idolatría que había a su alrededor. Después de ser representante del remanente de su tiempo, Asa descansó con sus padres y fue recordado con honor:
“Y durmió Asa con sus padres, y murió en el año cuarenta y uno de su reinado” (2ª Crónicas 16:13)
Fidelidad del Remanente en resistir hasta el final
Antes de cerrar la era de Asa y volver al reino del norte, merece la pena mencionar que, mientras Asa reinó en Judá durante 41 años, varios reyes reinaron en Israel, reino del norte. Asa fue contemporáneo de Jeroboam, Nadab, Baasa, Ela, Zimri, Tibni, Omri y Acab.
“Y Baasa hijo de Ahías, el cual era de la casa de Isacar, conspiró contra él, y lo hirió Baasa en Gibetón, que era de los filisteos; porque Nadab y todo Israel tenía tenían sitiado a Gibetón. Lo mató pues, Baasa en el tercer año de Asa rey de Judá, y reinó en lugar suyo. Y"cuando él vino al reino, mató a toda la casa de Jeroboam, sin dejar alma viviente de los de Jeroboam, hasta raerla, conforme a la palabra que Jehová habló por su siervo Ahías silonita; por los pecados que Jeroboam había cometido, y con los cuales hizo pecar a Israel; y por su provocación con que provocó a enojo a Jehová Dios de Israel.” (1ª Reyes 15:27-30).
Una palabra hablada por Dios es tan válida como si estuviera ya cumplida. Dios había dicho a Jeroboam, por medio de Ahías el silonita, que destruiría a toda su familia. No mucho después de morir Jeroboam, Baasa cumplió la Palabra de Dios matando a Nadam, hijo de Jeroboam, y exterminando totalmente a su familia. ¿Por qué mereció Jeroboam un castigo tan severo? David había cometido adulterio y asesinato. ¿Por qué no fue castigado tan severamente como Jeroboam quien, aparentemente, no había cometido unos pecados tan gordos?
En todas sus debilidades, David había alzado siempre la soberanía de Dios y Su reino. Fue un pecador, como él mismo confesó, pero un pecador bajo un Dios soberano. Jeroboam, por otra parte, era un hombre egoísta, que, por razones de auto-protección, renegó del reino de Dios para acomodar el reino de Satanás. No solo se había postrado ante altares extranjeros, sino que hizo que las diez tribus se inclinaran ante un falso dios, y fueron hechos esclavos de Satanás. Ciertamente David había pecado contra Dios, pero no contra el Reino de Dios. Aunque no era perfecto, nunca transigió con la idolatría que había a su alrededor. De la misma manera, Asa, era un no-conformista. Pero Jeroboam se adaptó a las prácticas de adorar a ídolos de las naciones de alrededor, y cometió pecado de rebelión contra el reino de Dios. Por ello, Baasa asesinó a Nadab, hijo de Jeroboam y le sucedió como rey sobre Israel.
Baasa, que había sido instrumento para la ejecución del juicio justo de Dios, debería haber sabido cuál era la pena por rebelión. Pero “En el tercer año de Asa, rey de Judá, comenzó a reinar Baasa hijo de Ahías sobre todo Israel en Tirsa; y reinó veinticuatro años. E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y anduvo en el camino de Jeroboam, y en su pecado con que hizo pecar a Israel.” (1ª Reyes 15 : 33-34)
¿El hecho de matar a toda la familia de Jeroboam convirtió a Baasa en parte del remanente? ¡No! Por una parte, había sido el instrumento de la justicia, pero por otra parte, había sucumbido al pecado – no pecados – de Jeroboam. Adoró a otro dios. Se inclinó ante otro dios que no era el Señor.
La suerte de Baasa fue la misma que la de Jeroboam. De acuerdo con la Palabra de Dios, toda su familia fué asesinada por Zimri, quien le sucedió como rey sobre Israel.
“Más viendo Zimri tomada la ciudad, se metió en el palacio de la casa real, y prendió fuego a la casa consigo; y así murió, por los pecados que había cometido, haciendo lo malo ante los ojos de Jehová, y andando en los caminos de Jeroboam, y en su pecado que cometió, haciendo pecar a Israel.” (1ª Reyes 16: 18-19)
A Zimri le sucedió Tibni, quien fue sucedido poco después por Omri.
“Y Omri hizo lo malo ante los ojos de Jehová, e hizo peor que todos los que habían reinado antes de él; pues anduvo en todos los caminos de Jeroboam hijo de Nabat, y en el pecado con el cual hizo pecar a Israel, provocando a ira a Jehová Dios de Israel con sus ídolos” (1ª Reyes 16: 25-26).
Estos siete reyes de Israel, que siguieron a Jeroboam (Nadab, Baasa, Ela, Zimri, Tibni, Omri, y Acab) fueron contemporáneos de Asa, rey de Judá. Cada uno de los siete reyes se cruzó en el camino de Asa, pero ninguno de ellos consiguió que Asa, rey de Judá, transigiera con sus costumbres idólatras. Asa, como parte del remanente, permaneció fiel y aguantó hasta el final, adorando únicamente ante el altar de Dios. Para él, el Señor era inequívocamente el Rey.
9
La Amenazadora Rivalidad del Reino de Satanás
En el año trigésimo octavo del reinado de Asa, entramos en una de las épocas más interesantes de la historia judía. Tres años antes de la muerte de Asa, siendo éste aún rey de Judá, Acab, hijo de Omri, se convirtió en rey de Israel.
El desafío de los Altares Idólatras de Samaria
“Comenzó a reinar Acab hijo de Omri sobre Israel el año treinta y ocho de Asa reu de Judá. Y reinó Acab hijo de Omri sobre Israel en Samaria veintidós años. Y Acab hijo de Omri hizo lo malo ante los ojos de Jehová, más que todos los que reinaron antes de él. Porque le fue ligera cosa andar en los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, y tomó por mujer a Jezabel, hija de Et-baal rey de los sidonios, y fue y sirvió a Baal y lo adoró.” (1ª Reyes 16:29-32)
En los capítulos anteriores, expusimos el efecto creciente del pecado de Jeroboam, aún sobre muchas generaciones posteriores a él, incluídos todos los reyes de Israel y las diez tribus de su jurisdicción. Finalmente, su influencia llegó a intensificarse también en los dominios de Judá. El pecado de transigir con los caminos idólatras del mundo había tenido el efecto de una bola de nieve. El principio es, que una vez que el corazón se rinde por la razón que sea, está proporcionándole un asidero a Satanás para exigir más y más. Jeroboam sólo lanzó una pequeña variación de la verdad. Hizo dos falsificaciones del altar del Señor, y solemnizó una de las fiestas en el octavo mes en vez del séptimo. No desafió abiertamente al Señor. Lo hizo todo bajo el pretexto del Nombre del Señor.
Sin embargo, cuatrenta o cincuenta años más tarde, Acab “hizo lo malo ante los ojos de Jehová, más que todos los que reinaron antes de él.” Y esto incluía a su padre, Omri, de quién las escrituras dicen que “hizo peor que todos los que habían reinado antes que él.” Además, Acab hizo dos cosas malas más; primero, introdujo oficialmente la adoración de Baal, en Israel, reino del norte. Luego, por medio del matrimonio, hizo a Jezabel reina de Israel. Josefo, un historiador judío, se refirió a Et-baal (padre de Jezabel) como rey-sacerdote que gobernó sobre Tiro y Sidón durante treinta y dos años. Su hija, una hija del infierno, hizo oficial la adoración de Baal en Israel, y nombró sacerdotes de Baal, su dios. Es probable que incluso Acab participara en la adoración de Baal en el momento de su casamiento.
Acab, por influencia de Jezabel, no solo construyó un altar a Baal, sino que colocó este altar en un templo edificado en Samaria y dedicado a Baal; igual que Salomón edificó un Templo al Señor en Jerusalén. Ahora, en el territorio de Israel, se había establecido un altar rival y un templo opuesto, para desafiar al altar y al templo en Judá. Las diez tribus del norte y las dos tribus del sur habían formado una única nación, Israel. Aparentemente, Satanás había conseguido establecer su trono cerca del Trono de Dios, en medio del pueblo de Israel. Jeroboam nunca habría soñado con llegar a ser tan descarado ni tan flagrante. Lo que Jeroboam comenzó como una imitación bajo el Nombre de Jehová, Acab lo acabó como un desafío bajo el nombre de Baal. Los postes de Asera, equivalente femenino en diosa de Baal, se levantaron por todos los rincones de Israel. Estos ídolos ofensivos eran exactamente un reflejo de lo que había ocurrido en el corazón del pueblo de Israel al inclinarse ante los altares incorrectos. ¡Qué detestable y triste!
La Amenazadora Rivalidad del Reino de Satanás
Satanás quería imitar a Dios en todo. Quería una capital para el reino del norte. Samaria, que fue comprada por el padre de Acab, se encontraba a solo siete millas al noroeste de Siquem, donde Josué había congregado a las tribus de Israel para renovar el pacto instituido por Moisés (Deut. 11:26-30; 27:1-7). Éste fue el último acto oficial de Josué como siervo del Señor y como mediador de la soberanía del Señor sobre la gente de Su reino. Siguió los pasos de Moisés, cuyo acto final fue también el de recordar al pueblo de Israel de los términos y condiciones del pacto de Dios con ellos, como Dios y Rey.
El Testimonio del Mandamiento Final de Moisés
¡Qué fieles son los siervos del Señor, que siguen recordándole el Reino de Dios a Su pueblo:
“Ordenó Moisés, con los ancianos de Israel, al pueblo, diciendo: guardaréis todos los mandamientos que yo os prescribo hoy. Y el día que pases el Jordán a la tierra que Jehová tu Dios te da, levantarás piedras grandes, y las revocarás con cal; y escribirás en ellas todas las palabras de esta ley, cuando hayas pasado para entrar en la tierra que Jehová tu Dios te da, tierra que fluye leche y miel, como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho. Cuando, pues, hayas pasado el Jordán, levantarás estas piedras que yo os mando hoy, en el momte Ebal, y las revocarás con cal; y edificarás allí un altar a Jehová tu Dios, altar de piedras; no alzarás sobre ellas instrumentos de hierro. De piedras enteras edificarás el altar de Jehová tu Dios.” (Deut. 27:1-7)
Al edificar un altar al Señor su Dios, estaban declarando Su Reino y Su derecho de gobierno sobre la tierra prometida.
El Testimonio del Reto Final de Josué
Josué hizo lo mismo en Siquem. Como siervo fiel del Señor, llamó a las doce tribus de Israel, y las juntó para renovar ese pacto, justo antes de salir del escenario de la historia de Israel. Les recordó su historia, empezando por Taré, padre de Abraham: Hizo un recuento de todo lo que habían pasado, incluído el cautiverio en Egipto, el éxodo, los años en el desierto, la entrada a Canáan, y las conquistas para poseer la Tierra. Josué concluye con estas palabras:
“Y os di la tierra por la cual nada trabajasteis, y las ciudades que no edificasteis, en las cuales moráis; y de las viñas y olivares que no plantasteis, coméis. Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová. Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová. Entonces el pueblo respondió y dijo: Nunca tal acontezca, que dejemos a Jehová para servir a otros dioses; porque Jehová nuestro Dios es el que nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre; el que ha hecho estas grandes señales, y nos ha guardado por todo el camino por donde hemos andado, y en todos los pueblos por entre los cuales pasamos. Y Jehová arrojó de delante de nosotros a todos los pueblos, y al amorreo que habitaba en la tierra; nosotros, pues, también serviremos a Jehová, porque él es nuestro Dios. Entonces Josué dijo al pueblo: No podréis servir a Jehová porque él es Dios santo, y Dios celoso; no sufrirá vuestras rebeliones y vuestros pecados. Si dejáreis a Jehová y sirviereis a dioses ajenos, él se volverá y os hará mal, y os consumirá, después que os ha hecho bien. El pueblo entonces dijo a Josué: No, sino que a Jehová serviremos. Y Josué respondió al pueblo: vosotros sois testigos contra vosotros mismo, de que habéis elegido a Jehová para servirle. Y ellos respondienron: Testigos somos. Quitad, pues, ahora los dioses ajenos que están entre vosotros, e inclinad vuestro corazón a Jehová Dios de Israel.” (Jos. 24:13-23)
¡Qué discernimiento! En lo más profundo de su corazón, Josué conocía la ingenuidad y la simpleza de ese pueblo. Sabía la tendencia que tenían de inclinarse delante de dioses ajenos y servirlos. Su historia lo demostraba, y la experiencia de Josué con ellos daba fe. Notemos esta cita en su discurso : “quitad los dioses a quienes sirvieron vuestros padres”. Esto traicionaba su “servicio de boca” al Señor, porque seguían agarrados a los ídolos que sus antepasados habían adorado desde los tiempos de Abraham – ¡durante más de 800 años!
En la declaración – “Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quien sirváis” -- Josué demuestra que sabía lo mucho que le desagradaba a Israel adorar a Jehová. Se divertían más con otros dioses, que les permitían todo tipo de libertades y que les dejaba cometer cualquier inmoralidad
¡Cuán engañoso puede ser el corazón del hombre! ¡Qué pretencioso puede llegar a ser el pueblo de Dios! Teniendo aún los ídolos de sus padres entre sus pertenencias, dijeron: “Nunca tal acontezca, que dejemos a Jehová para servir a otros dioses...” Viendo Josué la hipocrecía del pueblo y tratando de avisarles de la cantidad de problemas futuros, les dijo:
“No podréis servir a Jehová porque él es Dios santo, y Dios celoso; no sufrirá vuestras rebeliones y vuestros pecados. Si dejareis a Jehová y sirviereis a dioses ajenos.él se volverá y os hará mal, y os consumirá después que os ha hecho bien.”
Con años de antelación, Josué podía ver la evidencia de un corazón pecador en esa gente. Les estaba advirtiendo que no abandonaran a Dios. Pero el pueblo a una voz dijo: “Serviremos a Jehová” Entonces Josué respondió : “vosotros sois testigos contra vosotros mismos...” Esta palabra “contra” solo sería verdad si el pueblo se volviera a otros dioses. En realidad era la profecía de Josué al pueblo de Israel. Era como si les estuviera diciendo que, sin ninguna duda, vacilarían y se volverían idólatras, y que su testimonio en Siquem se volvería en contra de ellos.
Sin embargo, el pueblo era muy insistente. Josué, en un intento de ayudarles a ver lo vacío de su promesa y la falsedad de su corazón, les dice finalmente: “Quitad, pues, ahora los dioses ajenos que están entre vosotros.” Lo que Josué les estaba diciendo era que, al igual que Acán, ellos ya habían hecho este mismo pacto con Dios, por medio de Moisés, y sin embargo, ¡seguían teniendo idólos entre sus petenencias!
No obstante, Josué llevó a cabo todo el proceso de renovar su pacto con Dios. Y la Palabra nos dice:
“Entonces Josué hizo pacto con el pueblo el mismo día, y les dio estatutos y leyes en Siquém.” (Jos. 24:25)
El Testimonio del Pacto Memorable de Siquem
Porciones considerables de las Escrituras se dedican a explicarnos lo que pasó en Siquem, un lugar donde el pueblo de Israel renovó su pacto con Dios, prometiendo que no le abandonaría por otros diones y pactando servirle sólo a Él.
Ahora bien, menos de 700 años más tarde, en la ciudad de Samaria, situado a solo siete millas al noroeste de Siquem, el pueblo de Israel declaró un reino, que adoraba oficialmente a Baal. De esta manera hicieron burla del pacto ratificado en Siquem. Fallaron al no recordar las advertencias de Josué acerca de las consecuencias de sus acciones. Siquem se alzaba como testimonio contra el pueblo de Israel. Samaria, capital del reino del norte, se encontraba a sólo siete millas al noroeste de Siquem y a 300 pies sobre los fértiles valles de alrededor. Tenía la ubicación ideal para ser la capital, casi invulnerable, de Israel. Al establecer esta ciudad, los reyes del reino del norte podían poseer una ciudad real comparable a la de Jerusalén, la ciudad de la dinastía real de David. En contraposición a Jerusalén, capital del reino del sur, el reino del norte designó a Samaria como su capital.
El Testimonio de los Muros en Ruina de Jericó
“En su tiempo Hiel de Bet-el reedificó a Jericó. A precio de la vida de Abiram su primogénito echó el cimiento, y a precio de la vida de Segub su hijo menor puso sus puertas, conforme a la palabra que Jehová había hablado por Josué hijo de Nun.” (1ª Reyes 16:34).
Podemos pensar por qué se registra este incidente en la Biblia. Puede parecernos muy insignificante. Jericó no era una ciudad inhabitable – sólo era una ciudad sin muro; Hiel únicamente reconstruyó sus muros y sus puertas. Sin embargo, este hecho fue lo bastante significativo como para ser recogido en la Palabra de Dios, porque construir los muros era una rebelión directa contra la Palabra de Dios dada a Josué. Las ruinas de Jericó debían quedar como memorial constante para el pueblo de Israel, recordándoles que habían recibido la tierra de Canaán de Dios, como herencia y como regalo de gracia. Debía ser un monumento de su primera victoria en la tierra prometida. Los muros caídos de Jericó debían ser un recordatorio perpétuo, para el pueblo de Israel, de que la conquista de esa ciudad no había sido ni por su propia fuerza ni por su poder, sino por la soberana intervención de Jehová en favor suyo. Los muros caídos de Jericó testificaban que el reino de Satanás había sido derribado y derrocado en Canaán.
La reconstrucción de los muros de Jericó era un desafío al mandamiento de Dios y una negación de Su Soberanía y de sus derechos divinos sobre Israel. Los muros reconstruídos de Jericó significaban que el reino de Satanás estaba siendo restablecido en la tierra de Canaán.
Hasta la memoria de Jehová mismo estaba siendo borrada de la historia de los Israelitas en el reino del norte. No importaba a qué precio ni a cambio de la vida de quién; lo importante era que Satanás pudiera reclamar su absoluta jefatura y gobierno sobre Israel.
Este pueblo no parece ser el mismo al que Jehová había dado la maravillosa promesa después de sacarlos de Egipto –
“Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.” (Ex. 19:5-6)
Una vez en la trampa de Satanás, el pueblo fue de mal en peor. En la casa real de Samaria, reino del norte, la maldad había ido agravándose. Durante la era de Acab, la lucha entre el Reino de Dios y el reino de Satanás se había intensificado. Al reino de Satanás lo representaban el malvado rey Acab y la sedienta de sangre reina pagana Jezabel, hija del idólatra rey Et-aal.
Cada objeto genuino en el Reino de Dios tiene su imitación. Observemos los ejemplos siguientes : 1) Samaria contra Jerusalén; 2) el templo de Baal contra el Templo del Señor; 3) el altar de Baal conta el Altar del Señor; 4) los sacerdotes de Baal contra los Levitas. Todo esto le parecía bien a Satanás. Aparentemente, había conseguido lo que quería. Había establecido su reino entre la mayoría del pueblo de Dios.
Ahora bien, ¿quién podía alzarse contra este reino poderoso y retarlo? ¿dónde estaba el fiel remanente de Dios? ¿podía alguien retar a este malvado sistema de idolatría? La era de Acab era el mayor logro de Satanás en medio del pueblo de Israel. A un mundo malvado hasta ese extremo, solo le podía hacer frente un remanente entregado en la misma medida.
Pero hoy queda esa misma pregunta para nosotros. Vivimos en una era eclesiásticamente igual a los tiempos de Acab. Los altares de Jeroboam y los de Acab se han infiltrado en la Iglesia de Dios. ¿Quién puede retar a las imitaciones idólatras de la iglesia de hoy – imitaciones que son falsificaciones y una burla de la realidad de la soberanía del Señor? Lo representan todo menos a la verdadera Iglesia de Dios. Declaran cualquier cosa menos lo que pertenece al Reino de Dios. Hoy pasa lo mismo que pasaba en los tiempos de Acab. La mayor parte del cristianismo está bajo el gobierno de los dominios de Satanás. Pero, ¿dónde está el fiel remanente que se levanta y grita en la cara de este sistema corrupto y le llama por su verdadero nombre – ”La Gran Ramera” (Ap. 17:1) No es una coincidencia que nuestro Señor, en el libro de Apocalipsis, señale a una “Jezabel” en la iglesia (Ap. 2:20).
A medida que seguimos, vemos la influencia de esta pareja malvada, Acab y Jezabel, sobre el pueblo de Dios. Pero también descrubrimos al poderoso remanente de Dios, que se enfrentó a ese potente sistema idólatra. No sólo le retaron, sino que también demostraron y declararon el Reino soberano de Dios. ¡Que el Señor nos conceda a nosotros también la fuerza de la misma visión!
10
Un Llamamiento para el Reino
El escenario está ahora montado. El reino falsificado se ha fortalecido. Satanás ha colocado a Acab y a Jezabel sobre el trono del reino del norte. Samaria, con su templo de Baal en contrapeso al Templo de Dios,
había sustituido a Jerusalén como centro de adoración para las diez tribus norteñas de Israel. El altar de Baal estaba consumiendo sacrificios – incluso de niños – ofrecidos por el pueblo de Dios. El sacerdote de Baal, muy bien atendidos por Jezabel, estaban delante de los altares de Baal en representación de Israel.
Elías – Un Representante del Reino
Israel se encontraba en esa condición tan deplorable cuando Dios levantó a un profeta Su nombre. El Señor convocó a un representante de entre Su pueblo – uno que vió espiritualmente la epidemia de fracasos por todo Israel. Por causa de los vínculos comunes, afectos naturales, ganancias personales, persecuciones políticas e intereses nacionales, la corrupción espiritual se propagó en Israel. Sin embargo, el fiel remanente seguía declarando el Reino de Dios en Judá, y adorando en el altar del Señor en Jerusalén. Había llegado el momento de que Dios llamara a un profeta, Elías, que fuese a la vez Su representante y el del remanente en Israel. Dios, que es fiel, no enviará al campo de batalla, a un representante de Su remanente con las manos vacías y sin poder para enfrentarse a un enemigo tan poderoso como Acab y Jezabel – representantes de Satanás y de su reino.
Exactamente como en el caso de Noé, que recibió el plano para construir el arca, o como Moisés, que fue equipado con una vara, Elías fue un profeta del remanente investido con poder de lo Alto. El despliegue de poder, con milagros y prodigios por medio de Elías, fue un fenómeno de gobierno del Reino de Dios. No le fue dado para su propia gloria o como psicología del alma para obtener dones y poder; el poder sólose podía obtener en el reino. Cuando alguien vive dentro de los límites del reino de Dios, el poder opera espontáneamente y está constantemente disponible. Pero la Iglesia en general en nuestros días, ha desatendido e ignorado, por completo, esta verdad del reino.
Jesus no prometió el Espíritu Santo y Su poder para la “iglesia electrónica” en la que actores de televisión exageran sus magníficos poderes delante de un público cristiano y les entretienen todo el día.
Tampoco prometió ese poder a los evangelistas para que pudieran hacer negocio. No negamos la utilidad limitada de tales situaciones, pero volvamos a nuestras Biblias; busquémos la mente de Dios y conozcamos Su voluntad y Su propósito. Solo así nos daremos cuenta de cuál es el ministerio de la Iglesia; por qué fue derramado el Espíritu Santo en los primeros discípulos; y por qué necesitaba la Iglesia el poder del Espíritu Santo. Ya sea la iglesia principal, o iglesias denominacionales, casi todas ellas han fallado en este punto crucial; el mensaje de la Biblia, de principio a fin, es acerca del Reino de Dios y sus muchas ramificaciones.
Mateo – Un Evangelio del Reino
Sabemos que el Nuevo Testamento es acerca de la persona y de la vida de Jesús, Hijo encarnado de Dios, que vino a este mundo como Salvador, para morir por los pecados de la humanidad caída. El Nuevo Testamento empieza con el Evangelio de Mateo, y es en este evangelio donde Jesús es presentado como Rey. De hecho, las primeras palabras del evangelio se refieren a la genealogía real de Jesús.
El primer remanente del Nuevo Testamento se halla en este evangelio, y se llamaba Juan el Bautista. Sus mensajes eran sencillos, claros y orientados al remanente: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mat. 3:2).
El primer mensaje predicado por nuestro Señor Jesús, el mensaje del reino, se encuentra en este evangelio: ”Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mat. 4:17).
El evangelio de Mateo nos da detalles acerca de los repetidos milagros y curaciones del Señor en los capítulos 8 y 9: “Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.” (Mat. 9:35). Mateo describe la sanidad como incidente que acompaña a la predicación del evangelio del reino. Todo es para el reino de Dios.
Según Mateo, Jesús comunicaba el tema del reino a sus discípulos, como idea central: “Y yendo, predicad, diciendo: el reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios...” (Mat. 10:7-8)
Una vez más, la sanidad y los milagros acompañaban al mensaje del reino. La salvación todavía no se había mencionado. La sangre no había sido derramada aún, y no se había echo expiación. El reino era el único mensaje predicado el único poder demostrado.
En este evangelio es en el que Juan el Bautista, tras haber sido encarcelado, envía mensajeros a Jesús para que le confirme que El es el Rey. Jesús respondió: “Id y haced saber a Juan las cosas que oís y veis: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio.” (Mat. 11:4-5).
Las buenas nuevas, como las predicaba Jesús, no eran simplemente el evangelio de salvación, sino el evangelio del reino, que incluía las buenas nuevas de salvación. Estas buenas nuevas se demostraban también en poder.
Es también en el Evangelio de Mateo, donde los fariseos retan a Jesús sobre la fuente de Su poder para sanar a los enfermos y echar fuera a los demonios. Él reveló la fuente de Su poder muy claramente: “Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios.” (Mat. 12:28). Este versículo declara, en un lenguaje simple y sencillo, que el Espíritu de Dios está conectado e identificado con el reino de Dios, y que la sanidad es el efecto natural del poder disponible en los domínios del reino de Dios.
Como resultado de este versículo, las palabras siguientes son instructivas y se convierten en el tema de numerosas interpretaciones: “Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; más la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonado. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero.” (Mat. 12:31-32)
En el versículo 28, Jesús asocia la manifestación del Espíritu Santo con el reino de Dios, y anteriormente, vimos en el caso de Jeroboam, un rechazo voluntario al reino de Dios. Esto es una blasfemia contra el Espíritu Santo y lleva a consecuencias extremadamente graves. Por ejemplo, Satanás, en su deseo de establecer su propio reino, rechazó deliberadamente el reino de Dios y fue culpable de blasfemia. Sin embargo, Adán y Eva fueron engañados para rechazar el reino de Dios; por lo tanto, ellos no son culpables de blasfemia. Jeroboam cometió este pecado de rechazo deliberado del reino de Dios, inclinándose adrede ante Satanás como su rey. Esto era una blasfemia directa contra el Espíritu Santo cuyo objetivo era establecer el reino de Dios.
En capítulos anteriores, comparamos el pecado de David y el de Jeroboam. Aunque el pecado de David parecía peor en superficie, él nunca rechazó deliberadamente el reino de Dios. Sin embargo, Jeroboam sutílmente levantó un altar falso que declaraba la venida de otro reino a Israel. Finalmente, su altar blasfemo se amplió con un altar y un templo a Baal en tiempos de Acab.
Otra vez, en el Evangelio de Mateo, leemos las palabras de nuestro Señor en cuanto a una apariencia del reino simulada o alterada – una descripción del cristianismo de hoy – retratado por Sus parábolas del capítulo 13.
Mateo es el primero en mencionar la alimentación a los 5000 con cinco panes y dos peces (Mat. 14:13-21), hecho que, una vez más, manifestaba el fenómeno de un poderoso reino.
Asimismo, en Mateo, se describe la transfiguración de nuestro Señor, que nos deja vislumbrar la que será Su apariencia visible y Su gloriosa manifestación en la venida del reino (Mat. 17:1-2). El poder del Espíritu sobre la materia se demuestra espectacularmente en este suceso.
En este evangelio, Jesús menciona a Elías en varias ocasiones (Mat. 11:14; 16:14; 17:3-4, 10-12; 27:47,49). Y Elías es el tema de nuestro estudio inmediato. Como veremos, se mantuvo como remanente firme contra Acab y Jezabel en su declaración del reino de Dios.
La entrada triunfal del Señor en Jerusalén, como del Rey en el reino de los cielos, también se subraya en este evangelio (Mat. 21:1-11). Esto cumplía la profecía de Zacarías que decía: “Alégrate mucho, hija de Sión, he aquí tu rey vendrá a ti” (Zac. 9:9).
El evangelio de Mateo describe a Jesús como Rey de los Judíos. Cuando Pilato preguntó a Jesus si Él era el Rey de los Judíos, Él respondió “Tu lo has dicho”. (Mat. 27:11). Y la inscripción sobre la cruz declaraba, “Ëste es Jesús, el Rey de los Judíos” (Mat. 27:37).
El Cristianismo – Una Religión “sin Reino”
El cristianismo popular predica, como mucho, el evangelio de salvación, pero no el evangelio del reino. Se ocupa de salvar a los pecadores del infierno y enviarlos al cielo; pero ésto es sólo medio evangelio. El evangelio completo también incorpora el evangelio del reino de Dios. El evangelio de salvación abre la puerta al reino de Dios y hace posible que los pecadores se conviertan en ciudadanos. En realidad, el máximo propósito del cristianismo no es la salvación, sino el reino. La batalla y el conflicto entre Dios y Satanás ha sido, desde el principio, por el reino y sus súbditos. El proceso de salvar a los pecadores, sin introducirles y guiarles a la esfera de la vida del reino, echa por tierra el propósito de la salvación. La salvación está hecha para conducir triunfantemente a los salvos hasta el reino de Dios.
Es más, la salvación es individual; el reino de Dios es corporativo. Los indivíduos, que son salvados del dominio de Satanás, del pecado y de la muerte, deben también ser guíados a ser salvos de su individualismo (que no de su individualidad). El campo del reino es colectivo en naturaleza y se debería manifestar corporativamente en la Iglesia.
El evangelio de salvación, tal y como se predica hoy, es un “evangelio barato” que consiste en salvar pecadores del infierno y venderles “un seguro de incendio”. ¿Dónde está el evangelio del reino? La sanidad, los milagros y los prodigios se han convertido en el entretenimiento de los cristianos en la televisión. En un cristianismo centrado en sí mismo, esto es casi todo lo que uno puede esperar.
Señales, prodigios y milagros fueron el criterio estándar para el remanente del antiguo testamento, que se mantuvo fiel en la esfera del reino. El poder que ellos experimentaron fue la norma para el remanente, porque, por una parte, ellos rehusaron inclinarse ante los altares de Jeroboam, Acab y Jezabel; por otra parte, declararon el reino del Señor. Aquellos que se mantuvieron sobre la base del remanente fueron equipados para el ministerio que el Señor les había encomendado.
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La Iglesia Contra el Mundo
El verdadero Objetivo de la Iglesia
Jesús vino a restablecer el reino de Dios que había estado en peligro durante miles de años. La humanidad, creada en un principio para representar el reino de Dios, había fracasado. Ahora el Hombre nuevo de Dios, la Persona de Jesucristo, tenía que empezar de nuevo con la redención del hombre adámico.
Vamos a detenernos y a pensar acerca de nuestro propósito en el Cristianismo y de nuestra relación con el reino de Dios. ¿Cuál es el objetivo de nuestro Cristianismo? ¿Hacia qué van dirigidas nuestras predicaciones? Algunos basan su objetivo en ciertos pasajes del Nuevo Testamento más que en el reino. Otros predican un mensaje que no es el del reino.
Por ejemplo, algunos pueden mencionar este versículo, “Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.” (Lucas 24:47). Notad la palabra “arrepentimiento.”La primera mención que se hace de esta palabra, en el Nuevo Testamento, es en relación con el reino. Por lo tanto resulta obvio que “el arrepentimiento y la remisión de pecados” son temas relacionados con el reino de Dios.
Veamos otro ejemplo: cuando nuestro Señor dio la promesa del Espíritu Santo a Sus discípulos, dijo: “He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.” Ser investido de poder desde lo alto ¿con qué propósito? ¿para llevar a cabo milagros, sanidades, hablar en lenguas, interpretar, profetizar, etc?
La respuesta nos la da el mismo autor en Hechos: “hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido; a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.” (Hechos 1:2-3)
En Sus apariciones tras la resurrección, Jesús no enseñó a Sus discípulos a oficiar bodas, funerales o a bautizar a niños. Sin embargo, estos sacramentos se han convertido en el único ministerio de muchas iglesias, dejando el evangelio a un lado. Pero éste no es el verdadero propósito de la Iglesia.
Al llegar al cierre del libro de Hechos, vislumbramos los últimos días de la vida y del mensaje del Apóstol Pablo. Mientras estaba en arresto domiciliario en Roma, ésto es lo que enseñó a los Judíos que venían a escucharle:
“Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde...
Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios; y ellos oirán.
Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento.” (Hechos 28:23, 28,20-31)
Notemos las palabras “salvación de Dios”, “el reino de Dios”, y “el Señor Jesucristo”. Estas frases, en este contexto, indícan la relación entre salvación, reino y Cristo. La salvación de Dios, forjada en la cruz del Calvario por nuestro Señor Jesucristo, fue con el propósito del reino de Dios. Pablo predicaba el mensaje del reino de Dios, en una ciudad en la que César tenía su trono y altar. Pero este fiel remanente predicó el reino de Dios y a Jesus como Rey. Entonces, ¿por qué ha perdido la Iglesia hoy su dirección y su mensaje? Es simplemente porque lo que le ocurrió a Israel le ha ocurrido también a la Iglesia. Primero, se introdujeron los falsos altares y fiestas de Jeroboam; esto llevó posteriormente hasta Samaria, fortaleza idólatra para el templo de Baal, el altar de Baal y los sacerdotes de Baal. La misma sucesión de acontecimientos caracterizan a la Iglesia hoy.
Sin embargo, Dios no es derrotado en ninguna manera. Él tiene Su remanente a quien Él conoce, marca y mantiene constantemente ante Sus ojos. Él tiene a Su gente especial que se identifica con Él y que no se avergüenza de declarar Su reino, como dijo Pablo de una manera tan hermosa : “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree...” (Romanos 1:16) Cuando Pablo habla acerca “del evangelio de Cristo,” no solo tiene en vista la salvación , sino también el reino.
Dos de los versículos más concluyentes, que combinan la salvación con el reino, se encuentran en el Evangelio de Juan. A través de su conversación con Nicodemo, Jesús dijo sencillamente: “De cierto, de cierto te digo que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios... De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” (Juan 3:3,5) En conclusión, vemos que la regeneración y la salvación están directamente ligadas al reino de Dios. Desafortunadamente, la palabra “reino” ha sido tan espiritualizada en nuestros días que la iglesia de Dios, que debería
predicarlo y demostrarlo, fracasa y no ve la relación que hay entre salvación y reino.
El Reto de la Única Iglesia Verdadera
Hoy en día, la Iglesia ha quedado relegada a ser una organización que se ocupa de ciertas ceremonias religiosas como casamientos y funerales. Reúne principalmente a personas mayores, que están llegando al final de sus días y quieren hacer algunas buenas obras para congraciarse con Dios. Se la ve como una organización que instituye un código moral de conducta y hace obras de caridad.
La Iglesia contemporánea ha quedado totalmente inútil e impotente. Ya no es algo aparte como la sociedad, sino que se ha integrado en la estructura social del mundo en el que existe. Ha perdido la visión y el valor de alzarse y declarar que solo la Iglesia, y nada más que la Iglesia, es la verdadera sociedad; todo lo demás es una imitación y pertenece al reino de Satanás.
La Iglesia hoy no es la entidad revolucionaria que no se conformó y retó una vez al reino de César. En vez de ésto, ha llegado a ser parte del reino de César, e intenta mejorarlo. De haber habido radio y televisión en los días de César, las noticias más importantes habrían sido probablemente los conflictos entre los Cristianos y el Imperio Romano. La Iglesia verdadera está completamente ausente de las noticias hoy en día. ¿Qué pasó con la Iglesia verdadera que se alzaba contra los reinos falsos y declaraba, “Hay un Rey, el Señor Jesús, { hay un reino, representado por la única Iglesia verdadera”?
Un Benigno Mundo Bueno y un Maligno Mundo Malo
Tristemente, hemos dividido el mundo de Satanás en dos categorías : un mundo benigno y uno maligno; el bien y el mal como hicieron creer a Adán y Eva. Después de miles de años de revelaciones de Dios, directa e indirectamente, volvemos a la casilla número uno. Para nosotros hay un mundo bueno y un mundo malo. Pero de acuerdo con la Palabra de Dios, todo el mundo es malo y reposa en el regazo del diablo (1ª Juan 5:19). Hemos olvidado que nosotros, como Iglesia, debíamos ser la sociedad alternativa, opuesta en todo a lo que es del mundo. Cuando Juan y Santiago se referían al mundo, no lo catalogaban de capitalismo, democracia, comunismo y cosas por el estilo; considerando algunas partes buenas y otras malas. Ellos dijeron que era malo en su totalidad.
Santiago dice: “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.” (Santiago 4:4)
Juan retoma también el mismo tema: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.” (1ª Juan 2:15). No existe eso de dividir el mundo en categorías. Juan pone mucho énfasis cuando dice: “Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno .” (1ª Juan 5:19)
La Alternativa al Mundo
No condeno a ningún grupo o denominación en particular. No me desvinculo del resto de mis hermanos y hermanas en Cristo. Lo que quiero decir es que toda la Iglesia de Dios se ha desviado de la verdad que debía predicar y defender. Quiero llamar su atención sobre el hecho de que han habido infiltraciones en nuestras filas. Los Jeroboam, Acab y Jezabel han tomado el mando y han erigido altares que no son los del Señor. El pueblo de Dios se ha postrado ante ellos y se han esclavizado a Satanás. Yo invito a los hermanos y hermanas cristianos a que se alcen conmigo sobre la base del remanente, para defender y declarar el reino de Dios, y exponer el mal que contamina y que se ha deslizado como la levadura en la masa. Nosotros no somos, ni debemos ser nunca, parte del sistema religioso presente en este mundo.
¡Despertémos! No estamos aquí para arreglar las cosas, sino para ser la alternativa a este mundo corrupto. La Iglesia se ha entregado al enemigo, como hizo Israel en manos de Acab y Jezabel. Fue cuando parecía no haber ninguna esperanza en absoluto, como pasa hoy, cuando Satanás, por medio de Acab y Jezabel, estableció su trono en Israel. Luego, Dios llamó al remanente, representado por Elias, para que se mantuviera firme por Él, declarara Su Reino, y derrotara a Satanás y a sus marionetas.
A veces, los creyentes del Antiguo Testamento parecen entender lo que estaba en juego, mejor que nosotros, que reclamamos tener la plena revelación de Dios por medio de las Escrituras. Elías estaba totalmente al tanto de la batalla entre el reino de Dios y el reino de Satanás. El también sabía muy bien cuales eran las posibilidades. Y aún así eligió no postrarse ante Baal, se afirmó sobre la base del remanente de Dios, y declaró el reino de Dios. Aún hoy, Dios quiere que Su remanente se alce firme por Él como hizo Elías en su tiempo.
¡Levantémosnos todos, como hermanos y hermanas Cristianos, y resistamos juntos a los Jeroboam, Acab y Jezabel del Cristianismo! Luego, como veremos en el caso de Elías, Dios honrará a Su remanente y estará a su lado para Su propia gloria.
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Preparación del Remanente
Ahora vamos a analizar a un Profeta relevante, cuya vida representa el principio del remanente. Dios preparó a este hombre para que tomase posición y declarara el reino de Dios. Del punto de vista natural y lógico, la idea de dar ese paso resultaba amenazadora, pero desde la perspectiva de Dios, merecía un aplauso. Observemos varios rasgos esenciales de la vida de Elías que caracterizan al remanente:
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Estar firme ante el Dios vivo
“Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de"Galaad, dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra. (1º Reyes 17:1)
Elías vivió a la altura del significado de su nombre: “el Señor es mi Dios.” Se alza firme delante del rey idólatra de aquel territorio y dice, “ ...vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy ...” primero testifica que El Señor, no Baal, es el Dios de Israel. Segundo, testifica que el Señor vive. En otras palabras, el Señor es un Dios vivo, y Baal es un dios muerto. Tercero, deja clara su propia posturadiciendo. “en cuya presencia estoy.” Elías, usando una terminología bien conocida por Acab, designa su posición como persona que está al servicio del Señor, su soberano verdadero.
Para recibir las bendiciones del pacto de Dios, Israel debía ungir reyes y sacerdotes, que sirvieran como representantes oficiales del Señor, su verdadero Rey, y les guiaran en el camino de la fidelidad al Señor. Sin embargo, desde los días de Jeroboam, el reino del norte no había tenido un sacerdote así; todos sus reyes habían sido infieles, andando en los caminos pecaminosos e idólatras de Jeroboam. Con el tiempo, Acab y Jezabel habían causado una gran crisis nacional, promoviendo la adoración a Baal. En ese momento, por intervención soberana, Dios envió a Elías como representante de Su remanente, para levantarse y servir delante del Señor Mismo.
En otras palabras, Elías le está diciendo a Acab, “ Yo sirvo al Señor, que es el gran Rey y el Dios vivo de Israel – no como tu, que estás delante de Baal, un ídolo muerto.” ¿Está siendo presuntuoso Elías? Claro que no. Él ha sido llamado a levantarse, en un siglo degenerado, y a actuar de forma realista en el nombre de Dios, Él tiene que hacer un esfuerzo para traer a su pueblo de vuelta a Dios y a Su Reino. Está actuando sobre el principio del remanente, sabiendo que éste siempre estará investido de poder. Sabe que en el pasado, a Noé se le había equipado con el arca, y a Moisés se le había armado con un báculo. Ahora Elías es investido con el poder de la Palabra hablada de Dios. Ha sido armado con poder divino desde el santuario de Dios, para tratar con Israel. Las palabras, “Vive Jehová Dios de Israel , en cuya presencia estoy” son muy significativas y poderosas; quieren decir que mientras que él esté delante del “Señor Dios de Israel,” estará conectado con el poder de hablar con autoridad.
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Identifícarse con el Señor en Oración
Acab solo ve a Elías hablando y reivindicando su posición delante del Señor Dios de Israel. No está al tanto de las largas horas que Elías, en su soledad, había pasado arrodillado delante del Dios vivo – mucho antes de presentarse ante Acab e Israel. Si nosotros, como remanente del Señor, estamos preparados así, no nos afectará lo que la gente pueda decir sobre nosotros, ni lo que puedan hacer cuando nos presentemos ante el mundo en nombre de Dios. ¡Cuánto necesitamos identificarnos con nuestro Señor! ¡Cuánto necesitamos presentarnos delante de Él, y servirle, antes de poder presentarnos ante los Acab de nuestros días. Solo en ese momento seremos capaces de levantarnos como Elías y decir, “no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra.”
Elías se identificó completamente con el Señor. Estas palabras eran las de Dios. Estas palabras del remanente son las de Dios. Santiago, en sus epístolas, nos recuerda la razón que hay detrás del poder de Elías:
Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses.” (Santiago 5:17)
Aquí, la frase clave es “oró fervientemente”. ¡Ojalá aprendiéramos a orar! Nosotros, que queremos estar delante del Señor y presentarnos delante del mundo, deberíamos aprender a orar fervientemente, como Elías, en sintonía con la voluntad de Dios. Entonces seremos capaces de decir “excepto por mi palabra”. Sin embargo, a menudo nos engañamos con oraciones formales, sin realidad alguna en ellas mismas. Están mayormente basadas en nuestras necesidades y en sintonía con nuestra propia voluntad. La oración verdadera es el fluir del Espíritu dentro de nosotros, no una mera declaración supersticiosa de lo que pensamos que debemos hacer por la fuerza de la costumbre.
“No habrá ni lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra.”
¿Cuál es la razón de una aseveración tan llena de fuerza? Como representante del remanente del pueblo de Dios, Elías se había encargado de retar a Baal concretamente en las atribuciones por las que era adorado: Baal era dios de la fertilidad y señor de las nubes de lluvia. Por eso, la declaración de Elías golpeó el corazón mismo del poder de Baal. Dios, por medio de Elías, no solo estaba retando a Baal, sino que estaba también castigando a una nación que se había vuelto idólatra y había abandonado al Dios vivo por un ídolo muerto. Elías fue levantado para mostrarle a Israel lo bajo que habían caído.
La verdadera iglesia de Dios debería también alzarse delante de un sistema religioso corrupto e idólatra, que abarca lo que le gusta a Acab y a Jezabel. Este sistema, bien organizado, se encolerizará. Por medio de su alianza inherente al orden de este mundo, movilizará todas sus fuerzas, poder y maquinaria propagandística. Todo esto, en un intento de destruir al remanente verdadero de Dios que rehúsa inclinarse ante los altares falsos y los dioses impotentes. Por miedo a tales reacciones, hoy, los púlpitos de muchas iglesias predican y abogan por una moralidad auto-promovida, y un humanismo secular; de una manera más moderna, el poder de un pensamiento positivo más que “Jesucristo, y a éste crucificado”(1ª Cor. 2:2)
Las iglesias se han abandonado a la práctica de inclinarse ante los reinos de éste mundo en vez de proclamar el reino de Dios. Están famélicas y buscan a tientas la verdadera Palabra de Dios, como hizo Israel en días de Acab, pero sin resultado. Preparan mucho sus discursos aprendidos, escriben sus bosquejos pedantes, y tienen buenas enseñanzas de sus seminarios y escuelas Bíblicas. Pero están vacíos de poder, no son capaces de decir : “así dice el Señor” o “ sino por mi palabra”. No osan proferir tales reivindicaciones, porque saben que Él no ha hablado. Pero Elías, alzándose sobre la base del remanente de Dios e identificándose con Él, podía decir, “No habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra .”
3. Aprender a Rechazar La Gloria de la Carne
Tras pronunciar un juicio temporal contra Israel y retar a Baal en los mismos campos por los que era adorado, a Elías se le ordenó volver a la oscuridad, a seguir entrenándose.
“Y vino a él palabra de Jehová diciendo: Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que está frente al Jordán” (1ª Reyes 17:2-3)
No deberíamos envanecernos de nuestra popularidad ni desanimarnos por lo contrario. Hay un tiempo en el que el remanente debe alzarse y proclamar la Palabra de Dios y otro en el que debe volver a la comunión con su Dios, lejos del bullicio y del ajetreo de la actividad diaria y los enredos religiosos.
Hay un periodo de transición, para el remanente, que va entre el momento de pronunciar los juicios ante un reino contrario a Dios y el establecimiento y proclamación del reino de Dios en demostración y poder. Este periodo es para más entrenamiento. Es un tiempo en el cual Dios se revela a Su remanente, en formas tan profundas como nunca antes ha conocido. Los prepara y refuerza su fe para poder afrontar las confrontaciones más feroces.
En este periodo intermedio, de tres años y seis meses, cuando Israel pasó por la sequía, Elías se familiarizaba más y más con el Dios Vivo y aprendía a rechazar su carne. Somos tan propensos a convertir nuestro servicio y conocimiento de Dios, nuestras revelaciones y presentaciones de Su verdad, en un pedestal sobre el cual ostentar y lucir nuestra propia gloria. Pero esto no puede permitirse en la vida del remanente.
Las revelaciones y la oscuridad van de la mano para mantener la carne bajo control. Al remanente se le facilita todas las oportunidades, para tratar con la carne antes de enfrentarse al peligro real y presente, no sea que el diablo haga uso de la carne en medio de la batalla.
Es importante que el remanente esté separado de toda jerarquía religiosa, y que, de ninguna manera, se identifique con una sociedad eclesiástica. En situaciones religiosas como ésta, el Señor muestra cuánto se opone a los religiosos y a sus religiones. El Señor elige caminos y medios que se oponen a todo lo convencional, formal y tradicional.
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Confíar en la Promesa de La Providencia de Dios
De este modo, a Elías se le ordenó que fuese a la oscuridad para más entrenamiento y para recibir más lecciones importantes. Algo que tuvo que aprender fue acerca de la providencia de Dios para con Su remanente. Dios iba a proveer para Elías sin importarle lo degenerado y corrupto de las condiciones imperantes.
“Y vino a él palabra de Jehová diciendo: Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que está frente al Jordán. Beberás del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer. (1ª Reyes 17:2-4)
Dios suple las necesidades del remanente. Si se mantiene fiel a su llamado de proclamar la palabra del reino de Dios, no debería preocuparse por sus necesidades cotidianas. ¿No es esto lo que el Señor nos dijo cuando estaba estableciendo los principios del reino en Mateo 5 al 7?
“Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿ No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo... No os afanéis, pues, diciendo. ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles (naciones) buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.” (Mateo 6:25-32)
Estos versículos muestran, de una forma muy hermosa, la providencia de Dios, nuestro Padre. Pero ¿se aplica ésto a todo el mundo, incluso al Cristiano centrado en sí mismo y autosuficiente? Aquellas personas cuya carne es el rey de sus vidas y se inclinan ante los altares de la economía de este mundo ¿podrían ellas también reclamar esta providencia? El versículo siguiente nos da una respuesta :
“Más buscad primeramente el reino de Dios y Su justicia y todas las demás cosas os serán añadidas.” (Mateo 6:33)
Mientras la sequía y el hambre permanecieron en la tierra, Dios ordenó al estanque de Querib que fluyera y a los cuervos que proveyeran carne para Elías – dos sucesos de lo más inverosímil. ¿Cómo podía fluir un arroyo seco en el ardor de una sequía? ¿Cómo podían los carroñeros actuar en contra de su naturaleza y proveer comida durante una hambruna?
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Obedecer aboliendo su Origen Religioso
Más extraño aún era que los cuervos habían sido tachados de impuros por Dios Mismo en sus leyes dietéticas dadas a Moisés (Lev. 11:15; Deut. 14:14). Vimos anteriormente que “la marca del remanente no es la perfección sino el no transigir.” Aquí vemos a Elías, no perfecto en cuanto a la justicia que viene de las leyes dietéticas de Dios, pero no transigiendo con la idolatría en los altares de Acab.
Dios ordenó y Elías obedeció. En todo este pasaje, no detectamos la más mínima insinuación de que Elías cuestionara el mandato del Señor ni Su providencia. De alguna manera, este incidente nos recuerda a Pedro, en un contraste total cuando estaba en la azotea de la casa en Jope. Tuvo una visión de una sábana bajando hacia él desde el cielo, y en ese momento el Señor dándole una orden en Hechos 10:13-15 :
“Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come. Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás.. Volvió la voz a él la segunda vez: Lo que Dios ha limpió, no lo llames tú común.”
Pedro estaba a punto de ser llevado a casa de un oficial gentíl. Iba a ser el instrumento que abriera la puerta del reino de Dios a este oficial y a todos los gentiles después de él. El Señor Jesús había entregado las llaves del reino de Dios a Pedro (Mateo 16:19); pero justo cuando estaba a punto de utilizar una de esas llaves, su pasado religioso se interpuso en el camino. El Señor tuvo que tratar primero con la religiosidad de Pedro antes de que pudiera admitir cooperar.
Pedro había andado con Jesús durante tres años y medio y seguramente había estado con Jesús cuando surgió la disputa sobre el tradicional lavado de manos. Como respuesta, Jesús había replicado, “No lo que entra en la boca contamina al hombre; más lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.” (Mateo 15:11)
Pedro estuvo del lado de Jesús entonces. ¿A qué venía ahora la desobediencia y la discusión? Todavía quedaba alguna religión en él. Aún cuando parecía haber obedecido, la religión en Pedro no estaba completamente depurada. Más tarde, su enfrentamiento con el Apóstol Pablo nos muestra que todavía quedaba algo de religión en él. (Gal. 2:11-21)
Por otro lado, tenemos a Elías, ese bendito hombre del remanente, que no cuestionó al Señor. Solo obedeció. El sabía que lo que estaba en juego era más grande que la religión y que cualquiera de sus reglas dietéticas. De esta manera, pasó una prueba dura y, como resultado de su obediencia al mandato de Dios, fue testigo de las formas milagrosas en las que el Señor proveyó para Su remanente.
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Tomarse Tiempo para recibir Más Luz
Mientras Israel pasaba hambre en la tierra prometida, su rey y su profeta, como veremos más adelante, buscaban hierba por el desierto abrasador para alimentar a sus animales. Sin embargo, Elías era alimentado por Dios Mismo con los medios más inverosímiles. Israel confiaba en Baal y pasaba hambre. Elías, siervo de Jehová y representante Suyo, de acuerdo con el principio del remanente, era cuidado por Dios Mismo. Si estudiamos más profundamente la vida de este hombre de Dios, llegamos a ver cómo el Señor se revela más y más a Sus siervos en circunstancias que los hombres pueden considerar imposibles.
Elías había venido desde las montañas de Galaad con un mensaje del Dios de Israel para el que se hacía llamar rey de Israel. Ahora tenía que volver a la soledad de la oración y a estar en la Presencia de Dios, donde recibiría más entrenamiento y más revelaciones acerca del carácter de Dios. Dios utiliza a aquellos a los que se ha revelado; como Moisés en el Monte de Dios, como Aarón en el lugar santísimo, como Juan en la isla de Patmos, y ahora a Elías en el arroyo de Querid y más tarde en Sarepta.
El mejor ejemplo de todos es el Señor Jesús Mismo. Tan pronto como fue bautizado y llamado al ministerio del reino, “fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo” (Mateo 4:1). Durante cuarenta días fue tentado por el diablo en muchas áreas, incluída el área de la comida y la bebida. Pero El venció al tentador por la Palabra de Dios hablada. Lucas recoge lo siguiente: “Y Jesús volvió en el poder del Espíritu” (Lucas 4:14). En las tentaciones y en las pruebas la dirección del Espíritu se convirtió enpoder del Espíritu con el fin de equiparle para el mensaje que Él tenía que predicar. Mateo nos dice lo que ocurrió después:“Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” (Mateo 4:17)
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Conocer el Carácter de Dios
Puede que el remanente escogido de Dios no sea muy visible, o no destaque mucho, pero está siendo preparado y entrenado para un enfrentamiento final. Este era el caso de Elías, cuyo conocimiento de Dios debía ampliarse por medio de una prueba de fe. Cada paso que dió le trajo a un conocimiento más profundo de Dios, quien a su vez, le llevó a un mayor ejercicio de fe. En línea con esa etapa de su vida, nos encontramos con otro cambio en las circunstancias de Elías.
Las Lecciones de Fe en la Providencia de Dios
“Pasados algunos días, se secó el arroyo (Querit), porque no había llovido sobre la tierra” (1ª Reyes 17:7).
Cuando todo está bien y todo es favorable, pensamos que nuestra fe es fuerte. La fe, sin embargo, nunca mira a las circunstancias, si no más allá de ellas, directamente a Dios. Dios lo prepara todo para entrenarnos de verdad, a fin de que tengamos la oportunidad de crecer y ejercitar nuestra fe, para pruebas mayores y retos que han de llegar. Antes de enfrentarse al reino de Satanás, los arroyos de nuestro “Querit” se secarán. Los recursos anteriores de nuestros antecedentes cristianos se secarán para que podamos ser llenos de algo nuevo. Dios entrena sin parar a aquellos que confían en Él y se someten a su disciplina, porque los ha llamado para una obra mayor según Su propósito. Pero el arroyo seco no es el final.
“Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo: Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente.” (1ª Reyes 17:8-9)
Nuestra fe no debería basarse en las circunstancias, sino sobre el fundamento seguro de que Dios “ha ordenado” que se cuide al remanente. Él puede utilizar los medios más increíbles, pero lo que importa es que Dios “ha dado órden”. En todas las circunstancias ordenadas por Dios, Elías tenía que aprender la lección de la providencia y la omnipotencia de Dios; de otro modo, no sería capaz de ponerse delante de personas acuciadas por el hambre, y decirles “Si el Señor es Dios, seguidle”. ¿Cómo podemos declarar a Dios como Rey de todas nuestras necesidades si Su gobierno soberano no ha llegado a nuestras propias vidas? Si nosotros, como ciudadanos de Su reino, no podemos depender de Él en todas las circunstancias de nuestra vida, ¿cómo podemos convencer a otros para que lo hagan?
Elías aprendió dos grandes lecciones : Que Dios era soberano sobre los temas materiales y sobre la vida humana. Una vez más, Elías obedeció al Señor. Por consiguiente, fue colocado en circunstancias en las que podría avanzar en conocimiento y profundizar en su experiencia con Dios.
“Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, u le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba. Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano. Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mi y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir........... (1ª Reyes 17:10-12)
Tenemos a una mujer que estaba a punto de morir de hambre. ¿Se había equivocado Dios al elegirla para que alimentase a Elías? ¡Qué persona tan inverosímil para atender al profeta de Dios! Nuestra respuesta natural es la de la incredulidad. ¿Por qué no elegir a una persona rica en vez de atormentar a esa pobre mujer y a su hijo que estaban a punto de morir? Porque la abundancia de un creyente rico no habría glorificado ni justificado a Dios que estaba a punto de alimentar a Israel, acosado por el hambre. Más bien, la pobreza de esta viuda indigente demostró, que Dios no solo era soberano sobre el espíritu del hombre, sino sobre toda circunstancia relacionada con él. Él era el Dios omnipotente, quien podía alimentar a una nación hambrienta.
Elías estaba a punto de proclamar a ese Rey divino y a ese bendito Reino delante de un Israel agotado por las circunstancias. Pero antes de poder hacerlo, tenía que verlo por sí mismo. Tenía que recibir una revelación acerca de este atributo particular de Dios. Solo entonces podría predicar acerca de la providencia de Dios, para con Israel, como única alternativa a Baal. Este mensaje debía alcanzar al mismísimo rey Acab, quien bajo el dominio de Baal que mataba al pueblo de hambre, también buscaba hierba para alimentar a sus caballos y mulos.
A pesar de las circunstancias aparentes en las que se encontraba, Elías no dudó de Dios, quien había dicho “he dado órden allí a una mujer viuda que te sustente...... Él podía haber recurrido a otros medios y fuentes para satisfacer su hambre y su sed. Si hubiese hecho esto, se habría perdido una de las mayores lecciones de fe de toda su vida – el disfrutar de la providencia de Dios. Él sabía que Dios era Dios. Y lo que estaba a punto de presenciar era a Dios en acción; una demostración del Dios soberano de Israel, Aquel a quien Israel había abandonado por Baal. A medida que daba un paso más en el conocimiento de Dios, su fe crecía haciéndose cada vez más fuerte para una tarea tremenda. Elías no fijó sus ojos en la viuda ni en sus recursos limitados. Puso sus ojos en el Dios que pudo crear algo de la nada. ¡Gloria a Dios! Elías no cayó como víctima de sus circunstancias. Más bien, deseándo conocer a Dios para una revelación más nueva y una fe mayor, dijo:
“No tengas temor; ve, haz como te he dicho; pero hazme a mi primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra.” (1ª Reyes 17:13-14)
El lenguaje de la fe es “Así dice el Señor”. En el momento en que nos agarramos a las promesas de Dios, acaban los razonamientos de nuestra incredulidad. Como dijo alguíen, muy acertadamente : “La incredulidad pone circunstancias entre el alma y Dios; la fe pone a Dios entre el alma y las circunstancias.”
Por una parte, la actitud de la viuda era de resignación a sus circunstancias y de rendición a la muerte -- “que comamos y nos muramos”. Donde hay incredulidad hay muerte. Pero donde hay fe en las promesas de Dios, la muerte está derrotada. La viuda miró a la tinaja de la harina y a la vasija del aceite casi vacía y pensó, “Ha llegado el fin”. No había esperanza porque no conocía a Jehová. ¿Cómo podía conocerle, si el pueblo de Israel, que supuestamente eran los que debían conocerle y testificar de Él, se habían ido tras Baal?
Pero Dios es el Dios de todos. Si Su propio pueblo le había rechazado ¿quería esto decir que Él no se revelaría a los gentiles, que estaban deseando colaborar con Él para manifestar Su reino? No, porque antes de revelarse a Israel en el poder de Su reino, escogió revelarse a los gentiles. Por esta razón, en el contexto del reino de Dios, Jesús le dijo a los Judíos:
“De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su propia tierra. Y en verdad os digo que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en toda la tierra; pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón.” (Lucas 4:24-26)
Si el pueblo de Dios rechaza Su reino, Él lo revelará a aquellos que no son Su pueblo. Israel rechazó a Jehová; por ese motivo, la viuda de Sarepta juntamente con Elías, fueron elegidos para ser los primeros de su propia generación en ver el reino de Dios en acción.
La esperanza de la viuda dependía de un puñado de harina y de un poquito de aceite, porque ella no conocía a Jehová. ¿Cuánto durarían? ¿Qué podía hacer Dios con tan poca cosa? Esta situación me recuerda a los discípulos de Jesús. Cuando llegó el momento de alimentar a cinco mil personas con cinco panes y dos peces, preguntaron: “Pero qué es esto para tantos?” (Juan 6:9). Éste es el lenguaje de la lógica y de la razón. Pero el lenguaje de la fe es, “Hay Dios para tanta gente” y “Dios todo lo puede”. La fe dice, “Para los hombres, esto es imposible, pero para Dios, todo es posible “ (Mat. 19:26)
La actitud de esta viuda era la de auto-conservación, “para mi y para mi hijo”. Su razón y su lógica decían “Por qué debo dar mis escasas provisiones a un hombre de Dios”? Sin embargo, ella también tenía que aprender la lección de negarse a si misma antes de poder ver la gloria de Dios. Al confiar en la Palabra de Dios, ejercitó su fe y entregó todo su ser al Señor. De esta manera ella y su hijo fueron librados de morir en su egoismo. También se convirtieron en testigos y participantes de la gloria de Dios. Pudieron ver un milagro relevante. Al proveer para una persona que, más tarde, proclamaría y demostraría el reino de Dios, ella pudo darse cuenta de que Dios era capaz de cuidarse de las necesidades de ella también.
Cada milagro debería ser observado en el contexto correcto. Dios no hace milagros para publicitar Su poder y así satisfacer la curiosidad humana. Los fariseos esperaban que Jesus hiciera milagros. Herodes quería encontrarse con Jesus para verle hacer algunos milagros, como si fuera un mago que entretiene a la gente. No era porque quisieran creer, sino porque querían sensacionalismo. Jesus le negó la oportunidad a esa gente. Cada milagro hecho por nuestro Señor, se hallaba en el contexto de Su ministerio, y era para declarar y demostrar el reino de Dios.
La viuda respondió a la demanda de Dios sobre su “puñado de harina” y “el poquito de aceite”, para que pudiesen ser usados para la promoción de Su reino. El resultado fue que ella y su hijo vivieron durante toda la hambruna. No murieron como ellos pensaban. Al entregar todo su ser, ellos se convirtieron en recipìentes de la bendición de Su reino, pronunciada por Elías, el representante del remanente de Dios--
“la harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá , hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra. Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días. Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías”.(1ª Reyes 17:14-16)
¡Gloria a Dios por Su Palabra por medio del remanente!
Las Lecciones de Fe en la Resurrección de Dios
En la vida de Elías se pueden aprender tremendas lecciones Conforme seguimos estudiando la vida de este bendito hombre del remanente, vemos cómo se le enseñó otra importante lección que le ayudó a conocer otro atributo del carácter de Dios. Aprendió y experimentó que Jehová no solo es el Dios que sustenta la vida, sino que también es quien la imparte. Es un Dios de resurrección y tiene poder sobre la muerte. Para Elías, Israel estaba espiritualmente muerto y acabado por culpar de su idolatría. Pero el Dios de Israel, podía impartir vida, incluso en este tipo de situación. Israel podía ser resucitado.
Un remanente conoce a Dios como el Dios de la resurrección. Jesús mismo actuó sobre este principio en el caso de Lázaro: “Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto; y me alegro por vosotros, de no haber estado allí, para que creáis; ” (Juan 11:14).
Para que pudieran creer ¿qué? Que este Dios es el Dios de la resurrección. Primero los discípulos, luego Maria y Marta, y finalmente los Judíos – todos ellos habían esperado que Lázaro fuese sanado cuando estaba enfermo (Juan 11:21, 32, 37). Jesus tenía que manifestarle a Israel que Dios no solo es el Conservador y el Sanador de la vida, sino que también es el que imparte la vida.
Elías también tenía que enfrentarse con la muerte antes de poder estar dispuesto para el ministerio de ministerios: declarar el reino de Dios.
¿En qué clase de Dios creemos? ¿En un Dios débil e impotente frente a la muerte? ¿Es el poder de resurrección de Dios un conocimiento objetivo para nosotros, o una experiencia sujetiva? En otras palabras, ¿qué tipo de reino proclamamos? ¿Un reino cuyo Rey es soberano y omnipotente sobre la muerte? ¿Un reino en el cual la muerte no existe? Como ciudadanos y proclamadores del reino, debemos reinar sobre nuestras circunstancias. No debemos justificar nuestros fallos culpando a las circunstancias.
“Después de estas cosas aconteció que cayó enfermo el hijo del ama de la casa; y la enfermedad fue tan grave que no quedó en él aliento. Y ella dijo a Elías: ¿Qué tengo yo contigo, varón de Dios? ¿Has venido a mí para traer a memoria mis iniquidades, y para hacer morir a mi hijo?” (1ªReyes 17:17-18)
Observemos lo que dice la mujer : “¿Has venido para traer a memoria mi pecado, y para hacer morir a mi hijo?” Esto demuestra la conciencia que ella tenía de la relación entre el pecado y la muerte. Pero Dios no es un asesino; ¡Él es el Salvador! Él vino en carne, en la Persona de Su Hijo Jesucristo, para zanjar el tema del pecado de una vez por todas. Ahora, en vez de estar preocupados por el pecado que es la causa de la muerte, podemos ser liberados de él. En vez de preocuparnos del pecado y de la muerte, podemos preocuparnos de Dios como nuestro Rey y de declarar Su reino. Elías no solo representaba a Dios en Su carácter de odiar el pecado, sino tambien en su carácter de llevar el pecado, perdonarlo y, finalmente, impartir vida. Ahora era el momento en que Elías debía poner en práctica este conocimiento de Dios como el dador de la Vida:
“Él le dijo: Dame acá tu hijo. Entonces él lo tomó de su regazo, y lo llevó al aposento donde él estaba, y lo puso sobre su cama. Y clamando a Jehová, dijo: Jehová Dios mío, ¿aún a la viuda en cuya casa estoy hospedado has afligido, haciéndole morir a su hijo?” (1ª Reyes 17:19-20)
¿Conocía Elías realmente a Dios? ¿Podía él, con su entendimiento y conocimiento limitados de Dios, ir a Israel y proclamar Su reino? No; porque él, igual que los discípulos de Jesús, debía aprender acerca del verdadero carácter de Dios. Tenía que saber más de Él y experimentar más de Él antes de poder ser enviado. Por eso, Dios le puso en esta circunstancia de muerte, en la que pudiera probar a Dios por sí mismo y experimentarle como Señor de la vida y Dios de resurrección.
“Y se tendió sobre el niño tres veces, y clamó a Jehová y dijo: Jehová, Dios mío, te ruego que hagas volver el alma de este niño a él. Y Jehová oyó la voz de Elías, y el alma del niño volvió a él, y revivió. Tomando luego Elías al niño, lo trajo del aposento a la casa, y lo dió a su madre, y le dijo Elías: Mira, tu hijo vive. Entonces la mujer dijo a Elías : Ahora conozco que tú eres varón de Dios, y que la palabra de Jehová es verdad en tu boca” (1ª Reyes 17:21-24)
¡Qué escena tan maravillosa! Dios manifestó Su verdadero carácter como Dios que perdona y que imparte vida al muerto. Más aún, Elías fue justificado como “hombre de Dios” y verdadero profeta de Dios con “la Palabra de Dios en tu boca”
En resumen, Elías aprendió que Dios no solo es el que provee, sino que es el Dador de la Vida. Aquí se produce una pregunta.: Si la mujer no hubiese entregado todo su ser ¿habría visto la providencia de Dios y el poder de Su resurrección? ¿habría podido, Elías, hacer algo de lo que hizo?
La respuesta es : ella creyó en la Palabra de Dios, rindió todo su ser, y se mantuvo firme sobre la base de la resurrección para el reino de Dios. Por consiguiente, Elías tuvo éxito en lo que emprendió. Si la mujer hubiese rehusado entregar su puñado de harina y su jarra, casi vacía, de aceite, ella y su hijo habrían muerto. Aún más, no habría tenido la oportunidad de ver y experimentar, en su propia vida, el poder de la resurrección de Dios.
Tres años y seis meses tardó Elías en aprender las lecciones necesarias de fe en un Dios vivo. Ahora estaba preparado para aparecer en 1ª de Reyes 18, uno de los capítulos más gloriosos y poderosos de la Palabra de Dios.
14
Preparado para el Día de la Confrontación
“Una Luz para los Gentíles”
En esta situación, es una gran bendición recordar una referencia que hizo el Señor Jesus con respecto a la misión de Elías con la viuda gentíl. Es un anuncio de la reunión de los gentiles en el reino de Dios.
“De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su propia tierra. Y en verdad os digo que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en toda la tierra; pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón.” (Lucas 4:24-26)
El Señor Jesus se presentó ante Israel como el Profeta de Dios que proclamaba el Reino de Dios. Pero le rechazaron como su Profeta y Su Rey, y rehusaron el reino de Dios. No solo le rechazaron sino que le crucificaron y le desafiaron gritando : “No tenemos más rey que César” (Juan 19:15). ¡Declararon explícitamente que formaban parte del reino de César! Juraron adhesión al reino de César, repudiando toda representación en el reino de Dios. Jesús vino a ellos como su Rey, para traerles de vuelta al reino de Dios. Pero después que Israel decidiera rechazarle, él se dirigió hacia los gentiles, mientras decía a los Judíos:
“Poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures el remanente de Israel; también te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra.” (Isaías 49:6)
“Los Cielos se Cierran”
La fe de Elías estaba siendo probada durante el periodo de su preparación para la gran tarea que le esperaba. Mientras tanto, bajo el reinado de Acab y Jezabel, Israel se iba deteriorando cada vez más, en idolatría, inmoralidad e impiedad, hasta que “los cielos se cerraron”
(1ª Reyes 8:35). Era el momento en el que Israel iba a ver las consecuencias de haberse alejado del Dios vivo, Aquel que era la fuente de su bendición.
“Fue, pues, Elías a mostrarse a Acab. Y el hambre era grave en Samaria. Y Acab llamó a Abdías su mayordomo. Abdías era en gran manera temeroso de Jehová. Porque cuando Jezabel destruía a los profetas de Jehová, Abdías tomó a cien profetas y los escondió de cincuenta en cincuenta en cuevas y los sustentó con pan y agua. Dijo, pues, Acab a Abdías: Ve por el país a todas las fuentes de aguas, y a todos los arroyos, a ver si acaso hallaremos hierba con que conservemos la vida a los caballos y a las mulas, para que no nos quedemos sin bestias. Y dividieron entre sí el país para recorrerlo: Acab fue por un camino, y Abdías fue separadamente por otro.” (1ª Reyes 18:2-6)
¡Qué imágen! ¡El rey del pueblo de Dios buscando hierba! ¡Qué contraste con aquellos días de riqueza y opulencia bajo David y Salomón y los días de pobreza y hambruna durante el reinado de Acab! Dios había sido destronado como Rey verdadero y soberano de Israel. Jezabel había entronizado a su propio dios, Baal, el dios de los Sidonios. Ella alimentaba a los profetas de Baal, profetas malvados que habían empujado al pueblo de Israel a la idolatría y la rebelión. Los altares de Baal habían remplazado a los de Dios. La hambruna y la miseria de estos sucesos catastróficos eran símbolos de la dureza de corazón de Israel y de su baja condición moral. En todas estas adversidades, en vez de volverse hacia Dios, Acab buscaba “fuentes de agua y arroyos” cuando sabía muy bien que se habían secado. En cierto modo estaba disfrutando en medio de los profetas de Jezabel, y no le importaba la hambruna en Samaria. En vez de estar preocupado por las ovejas de Dios, el pueblo afligido de Israel, se preocupaba más de sus propios caballos y mulos. En vez de buscar la causa de la hambruna, había salido a buscar hierba.
Esta es una imagen simbólica del cristianismo de hoy en general. Cuando el mundo se muere de hambre por la Palabra, cuando las naciones se vuelven hacia otras alternativas, políticas y religiosas, nosotros estamos buscando “hierba” para alimentar a nuestros propios “caballos y mulos”. “Los cielos están cerrados” porque no se declara el reino de Dios. Falsos altares han remplazado al verdadero altar de nuestro Señor Jesucristo. El cristianismo está bajo la influencia del materialismo del mundo, el humanismo seglar y las políticas partidistas. ¿Por qué no nos humillamos delante del Señor? ¿Por qué no nos postramos delante de Dios y decimos: “Señor, hemos pecado. Hemos olvidado la razón por la que hemos sido salvados. Hemos sido negligentes en cuanto a apoyar Tu reino. Señor, nos hemos vuelto religiosos. Estamos satisfechos con nuestro cristianismo de ir una o dos veces por semana a la iglesia. Estamos más preocupados por nuestras propias conveniencias y programas. Señor, solo pensamos en el cielo y venimos a Ti por temor al infierno. Venimos a Ti para obtener Tus bendiciones para un beneficio egoista y egocentrista. Señor, perdónanos. Nos arrepentimos de nuestro egoismo. Señor, estamos deseando ser entrenados, para ir a hacer discípulos a todas las naciones. Estamos dispuestos a declarar Tu reino. Danos otra oportunidad. Llénanos con Tu Santo Espíritu, no solo por las sensaciones ostentosas. Pero revístenos de poder para la proclamación de Tu reino. Señor, hemos estado buscando hierba, fuentes y arroyos que no existen. Hemos sido negligentes a la hora de buscar la causa de nuestra hambruna”
Acab se había vendido y se había convertido en el esclavo de Jezabel. Su palacio se había convertido en la jaula de todo pájaro inmundo. Los profetas de Baal, como muchos buitres revoloteaban alrededor de su trono y desde allí esparcían la levadura de la idolatría y la rebelión contra Dios por toda la tierra. Es realmente terrible cuando el corazón se aleja del Dios vivo. Acab era israelita, pero se había dejado atrapar por una falsa religión, encabezada por su esposa Jezabel. La gente como él van de mal en peor. Se vuelven cada vez más religiosos y caen más profundamente en el pozo de la religiosidad – pensando, dando por sentado, y suponiendo que están creciendo en gracia. El maligno parece tener un placer especial en formar a ese tipo de gente que no son más que instrumentos para sus designios malvados contra la verdad de Dios.
“Los Enemigos de la Cruz”
Muchos se llaman “hijos de Dios”, pero viven para sí mismos y sirven a sus propias vidas. Pablo escribió a este tipo de santos en Filipos:
“Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aún ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal.” (Fil. 3:18-19)
Ciertamente, Pablo no se refiere a no-creyentes. El llora por los creyentes que viven una vida centrada en ellos mismos, una vida egoista en los placeres y comodidades de este mundo. A éstos llama enemigos de la cruz de Cristo. A él no le preocupan los incrédulos que, por naturaleza, son enemigos de la cruz, sino más bien los creyentes que han recibido una nueva naturaleza y sin embargo andan en los viejos caminos de la carne. Han caído presa de un sistema religioso que defiende los placeres, la opulencia, y la moda de esta era mundana. Estos indivíduos han aceptado a Jesús como Salvador, pero ahora andan en caminos hedonistas que no son compatibles con la voluntad de Dios. Su vida, su comportamiento y testimonio no ayudan en nada al avance del reino de Dios. En vez de llegar a una expresión corporativa del reino – o sea la verdadera iglesia del Dios vivo – eligen un estilo de vida de auto satisfacción, centrada en ellos mismos e individualista.
¡Cuidado con los falsos profetas que predican otro evangelio y extienden la vergüenza de sus influencias religiosas! Pablo sabía de lo que estaba hablando cuando escribió lo siguiente a los Gálatas:
“Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Más si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, tambien ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.” (Gal. 1:6-9)
Vemos una era en la que la atmósfera que respiramos está envenenada y es tóxica para una verdadera vida espiritual. Hay muchos falsos profetas que, a sabiendas o no, están pervirtiendo el verdadero evangelio. El enemigo, con miles de años de experiencia a sus espaldas y un profundo conocimiento del temperamento de la mente humana, dispone sus trampas alrededor de nosotros. Solo una comunión constante, con nuestro Padre celestial y el Cuerpo de Cristo, puede preservar nuestras almas.
El vocabulario de Dios y Su reino no se utilizaba en la corte de Acab. El debía gobernar su pueblo en representación de Dios, pero hizo cualquier cosa menos eso. Nunca consideró su ciudadanía de acuerdo con el propósito de Dios. Cuando David pecó censando a Israel, el juicio de Dios cayó sobre todo Israel. Sin embargo, la súplica de David fué :
“¿No soy yo el que hizo contar el pueblo? Yo mismo soy el que pequé, y ciertamente he hecho mal; pero estas ovejas ¿qué han hecho? Jehová Dios mío, sea ahora tu mano contra mí, y contra la casa de mi padre, y no venga la peste sobre tu pueblo.” (1ª Cron. 21:17)
Este era un verdadero rey de Israel. Manifestó el verdadero espíritu de Cristo, arriesgándose él para que las ovejas pudieran escapar al juicio de Dios. Él aseguró primero y principalmente, el interés del pueblo de Dios y se cuidó de que estuvieran a salvo y protegidos. Esto era una evidencia incuestionable del corazón de un pastor. ¿No le dijo nuestro Señor al Padre. “Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.” (Juan 17:12)?
Pero, ¿qué pensaba Acab de todo esto? Israel no le importaba ni lo más mínimo. Solo le preocupaba alimentar a sus caballos y a sus mulos mientras el pueblo de Dios pasaba por una terrible hambruna.
“Ve, Preséntate a Acab”
Mientras tanto, Elías recibió una revelación acerca del carácter de Dios, y su fe fue fortalecida. Entonces, Dios le da una nueva órden:
“Pasados muchos días, vino palabra de Jehová a Elías en el tercer año, diciendo; Vé, muéstrate a Acab, y yo haré llover sobre la faz de la tierra.” (1ªReyes 18:1)
Elías estaba ahora equipado con conocimiento y experiencia acerca del Señor. Estaba preparado para ponerse delante de Acab. Estaba en total obediencia a la Palabra de Dios, y daba igual que la órden fuera “vé y escóndete” o “vé y presentate”. Personalmente, puede que hubiese preferido la dulce comunión que estaba disfrutando con el Señor, lo excitante de multiplicar la harina y el aceite, y resucitar a los muertos. Puede que hubiese preferido ser alimentado por cuervos y viudas en vez de volver a enfrentarse a un rey malvado y a una reina intimidante. Pero esos milagros soberanos y esas revelaciones divinas que Elías había experimentado estaban pensados para este preciso día de la confrontación. Por sí solos no eran un fin, sino un medio para ese fin. Eran necesarios para equiparle para ese día del conflicto. No eran defensivos por naturaleza, sino ofensivos. Elías no se escondió en algún sitio para ser perseguido por Acab, sino que salió por su propia iniciativa y se presentó ante Acab. Demostró que era capaz y competente para representar y expresar a Dios.
Acab, el rey de Israel, había fallado en su misión de representar y expresar a Jehová, el Dios vivo de Israel. Pero Elías tuvo éxito allí donde Acab había fracasado. Elías se presentó ante Acab, con la plena autoridad de Dios. Cada palabra que expresó venía directamente del trono de Dios. Se afirmó sobre el fundamento del remanente. Obediente, estaba deseoso de traer a la luz su parte en el reino de Dios. ¿Acaso no había sido entrenado para este objetivo? La nueva órden que Elías había recibido significaba un enfrentamiento con un tirano airado, quien, junto con su maliciosa reina, intentaban quitarle la vida. Pero ahora, el conocía al Dios a Quien servía y por eso, estaba deseando abandonarlo todo y ponerse al lado de Dios contra Acab y Jezabel, al precio que fuese.
15
El Triste Estado de los Siervos de Dios
A medida que vamos pasando por la bendita vida de remanente de Elías, vemos la progresión de su ministerio. Antes de que pudiera verse cara a cara con Acab, tuvo que pasar otra preciosa experiencia. Tenía que descubrir por qué Dios le había elegido para Su ministerio. Tenía que aprender lo que era “religión” y cómo la verdadera naturaleza de ésta es absolutamente impotente a la hora de tratar con el diablo.
La Impotente Religión de un Siervo de Dios
Antes de enfrentarse a Acab y a Jezabel – dos personalidades terriblemente diabólicas que representaban y expresaban a Satanás – Elías se encontró con un profeta llamado Abdías. Ya hemos leído acerca de Acab que buscaba hierba por todo el territorio para alimentar a sus caballos y a sus mulos. Dividió la tarea entre él y Abdías, quien estaba a cargo de su casa. Y es en este marco en el que Elías, cuando iba de camino para presentarse ante Acab, se tropieza con Abdías.
“ Y yendo Abdías por el camino, se encontró con Elías; y cuando lo reconoció , se postró sobre su rostro y dijo: ¿No eres tú mi señor Elías? Y él respondió: Yo soy, ve y dile a tu amo: Aquí está Elías.” (1ª Reyes 18:7-8).
Este diálogo es de gran importancia; de otro modo, no se habría recogido en la Palabra de Dios con detalle. La conversación de ellos continúa como sigue:
“Pero él le dijo: ¿En qué he pecado, para que entregues a tu siervo en manos de Acab para que me mate? Vive Jehová tu Dios, que no ha habido nación ni reino adonde mi señor no haya enviado a buscarte, y todos han respondido. No está aquí; y a reinos y a naciones él ha hecho jurar que no te han hallado. ¿Y ahora tú dices: Ve, di a tu amo : Aquí está Elías? Acontecerá que luego que yo me haya ido, el Espíritu de Jehová te llevará adonde yo no sepa, y al venir yo y dar las nuevas a Acab., al no hallarte él, me matará; y tu siervo teme a Jehová desde su juventud. ¿No ha sido dicho a mi señor lo que hice, cuando Jezabel mataba a los profetas de Jehová; que escondí a cien varones de los profetas de Jehová de cincuenta en cincuenta en cuevas, y los mantuve con pan y agua? ¿Y ahora dices tú: Ve, di a tu amo: Aquí está Elías, para que él me mate? Y le dijo Elías: Vive Jehová de los ejércitos, en cuya presencia estoy, que hoy me mostraré a él. Entonces Abdías fue a encontrarse con Acab, y le dio el aviso; y Acab vino a encontrarse con Elías.” (1ª Reyes 18:9-16).
¡Qué escena! ¡Qué diálogo! ¡Qué lecciones podemos aprender! Se podría escribir todo un libro sobre estos pocos versículos. Quizás algún día, algún eminente maestro cristiano sea avivado por el Señor para escribir ese libro y despertar a los creyentes para que vean la triste condición del cristianismo contextual.
El nombre de Abdías significa “El siervo del Señor”. pero tristemente, durante su encuentro, Elías le dice, “Ve y dile a tu amo”. En otras palabras, Abdías es realmente un siervo de Acab. Se suponía que él debía servir en la casa del Señor y ministrar en el altar del Señor. Pero las escrituras dicen, “su mayordomo (en la casa de Acab)” (v.3)
Abdías, enumerando sus servicios para el Señor, recordó a Elías que también era un siervo del Señor Dios de Israel. Pero ¡qué forma tan pobre de empezar un argumento! “¿En qué he pecado, para que entregues a tu siervo en mano de Acab para que me mate?” Morir por el Señor, en la mente de este pobre profeta, iba asociado con pecar.
Y enseguida informa a Elías que Acab ha enviado a sus espías a todos los reinos y naciones para localizarle y matarle. No le importaba lo que le sucediera a Elías, pero se preocupaba por su propia vida. Ni siquiera le preguntó a Elías acerca de su ministerio. Un pensamiento sobresaliente ocupaba su mente – como proteger su propia vida. Incluso confesó con su propia boca, “no ha habido ........ donde mi señor no haya enviado a buscarte.” Por temor a la muerte, no quería identificarse con Elías delante de Acab.
Sigue presentando una lista de sus servicios para el Señor – “... y tu siervo teme a Jehová desde su juventud,” y “escondí a cien varones de los profetas de Jehová,” y “los mantuve con pan y agua”. Sus servicios parecían nobles y dignos de alabar. Pero Elías no hizo mención de ninguno de ellos. Estaba involucrado en una misión que era el mayor honor para cualquier profeta de Dios. Y ahí estaba Abdías, pensando solo en su propia vida. Lo que Elías estaba llamado a hacer ahora era lo que Abdías y los cien profetas debían haber hecho antes. Lo menos que ellos podían hacer ahora era salir y estar al lado de Elías. ¿De qué servían los cien profetas escondidos? Aunque hubiese mil o un millón de ellos, no habría supuesto ninguna diferencia para la causa de Dios, ni habrían sido ninguna amenaza para el reino de Acab.
Mientras Elías iba a enfrentarse valiente y directamente a Acab, Abdías estaba sirviendo a Acab abiertamente, aunque también servía al Señor en secreto. Mientras Elías había estado respirando el santo aire de la Presencia del Señor durante tres años y seis meses, Abdías había respirado el aire contaminado de la corte de Acab. Mientras Elías recibía su sustento diario de la mano de Dios, Abdías iba por todo Samaria buscando hierba para los caballos y los mulos de Acab.
¿Muchos de nuestros hermanos en el Cristianismo de hoy no están en la misma situación que Abdías? Son presa de la amistad con gente del mundo. Gastan su preciosa vida en busca de cosas perecederas en vez de alzarse junto al remanente de Dios para declarar el reino de Dios?
Abdías sabía que lo que Elías estaba a punto de declarar iba a provocar la ira de Acab y de Jezabel. Aunque temía al Señor, no quería tener parte en esto. Estaba dispuesto a alimentar a cien profetas asustados, pero no quería tener parte en el ministerio de Elías. No le importaba hacer cualquier cosa, pero sin identificarse con el remanente de Dios. Para él esto le parecía demasiado radical, demasiado peligroso: podía costarle la vida.
El remanente ha sido y será siempre considerado militante. ¿Porqué? Porque retan al reino de Satanás y al reino de este mundo. El remanente dice “¡Hay un Dios – Jesús! ¡Y un reino – el Reino de Dios!” Cada cristiano debería predicar y proclamar la palabra del reino.
Hagámosnos algunas preguntas: ¿Qué estamos haciendo? ¿A quién estamos sirviendo? ¿De quién es el plan que estamos llevando a cabo? ¿Quién es nuestro amo? ¿Qué fin tenemos a la vista? ¿Estamos protegiendo nuestra vida, o confiamos en que el Señor lo hará por nosotros? ¿Estamos sembrando para la carne? ¿Estamos trabajando para las cosas terrenales y los bienes materiales? ¿Tenemos metas más altas? ¿Nos sentimos tentados por la auto-compasión cuando miramos a los cristianos prósperos? (ver Salmo 73)
Abdías sabía del poder de la resurrección. Probablemente sabía que Elías podía ser arrebatado. Sin embargo, un mero conocimiento de la resurrección y del arrebatamiento no convierten a nadie en un remanente. Abdías solo tenía un conocimiento objetivo del poder de la resurrección del Señor: “Acontecerá que luego que yo me haya ido, el Espíritu de Jehová te llevará adonde yo no sepa” (1ª Reyes 18:12)
¡Qué razón tenía! Era un “lugar” simbólico de aquello que no le era familiar, “un lugar” conocido solo por aquellos que han experimentado a Dios en el poder de Su resurrección; aquellos que viven en la Presencia misma de Dios; aquellos que moran en el lugar santísimo – “un lugar” donde hoy un hijo de Dios entra por fe en su espíritu.
Estando en este santuario, Elías sabía que Acab estaba sobre un terreno resbaladizo. Pronto él y su casa se derrumbarían, toda su gloria mundana terminaría en una tumba solitaria, y su espíritu tendría que presentarse delante de Dios a rendir cuentas. Jezabel mató a los profetas del Señor para satisfacer a su dios, Baal. Pero aquellos profetas, junto con Abdías, no se dieron cuenta, de que ni escondidos, ni puestos sobre el altar de Baal eran de utilidad para Dios. De la única forma que podrían haber sido realmente útiles para el propósito de Dios era si hubiesen salido y se hubiesen puesto al lado de Elías y en contra de Acab y Jezabel, proclamando el reino de Dios.
Cuando todo estaba bien, cuando los sacerdotes cumplían con su deber y los reyes andaban en los caminos de Dios, no había necesidad de profetas. Solo aparecían cuando los sacerdotes y los reyes no funcionaban correctamente. Solo en estas situaciones anormales los profetas salían al frente para que dar a conocer los pensamientos de Dios a Su pueblo. Se suponía que los profetas no debían esconderse, sino que debían hablar y retar.
En este episodio, Elías no consideró a ninguno de estos profetas, incluido Abdías, como verdaderos profetas. La función principal del remanente del pueblo de Dios es profética en el verdadero sentido de la palabra. Como quiera que el cristianismo de hoy está sobre el mismo terreno que Abdías en los tiempos de Acab, la necesidad de un remanente profético, es aún mayor que nunca; un remanente como Elías que defienda al Señor y proclame Su Reino.
Las Amistades Mundanas de los Siervos de Dios
Así pues, antes de poder encontrarse con Acab, Elías debía tropezarse con Abdías para hacerse una idea de la mentalidad de lo mejor del pueblo de Dios. Por eso mismo, antes de presentarnos ante el mundo como remanente de Dios, debemos saber como está el cristianismo de hoy. Solo cuando estemos convencidos de que no hay esperanza alguna en los Abdías de hoy estaremos preparados y dispuestos para levantarnos valientemente ante el reino de Satanás y retarlo.
El cristianismo ha transigido con el mundo. Las denominaciones están comiendo a la mesa del mundo. Como mucho, temen al Señor y alimentan “a cien” profetas escondidos. Pero no pueden, ni quieren, tomar parte con un pequeño remanente para proclamar el reino de Dios y retar a los Acab y las Jezabel de hoy. Para ellos es demasiado arriesgado. Sin embargo, Dios siempre se ha reservado una minoría, que ha sido preparada y equipada para proclamar la verdad de Su reino reparando Su altar.
Ahora Elías estaba bien convencido de la corrupción de su pueblo incluidos los profetas. Se hallaba frente a frente con lo que se llamaba un “profeta de Dios.” Cada uno de ellos representaba a su verdadero señor. Uno estaba allí con Acab, buscando hierba para alimentar a los caballos y los mulos del rey, mientras el otro – Elías – estaba allí con Dios para declarar Su reino. Sin lugar a duda, Abdías era un profeta, pero servía a Acab y a su casa. Ciertamente, alimentó a cien profetas escondidos, pero ninguno de ellos, incluido Abdías mismo, podía ahora tener parte en declarar y establecer el reino de Dios en Israel. No habían sido entrenados, ni preparados para esta tarea. Mientras Elías era entrenado, ellos estaban escondidos en cuevas o comiendo a la mesa de Jezabel. Estaban sirviendo a dos señores.
No queremos entrar en largas discusiones sobre la controversia que presentan aquellos que dicen que Dios nos manda que “estemos sujetos a las autoridades gobernantes ordenadas por Dios” (Rom. 13:1).Algunos defienden esta opinión con fuerza, pero se olvidan de la diferencia entre “sujeto a” y “colaborar con”. Lo primero es según las escrituras y es un acto de obediencia positiva a Dios. Lo segundo, no es según las escrituras; es asumir una autoridad mundana que mueve a la gente en una dirección errónea y es, invariablemente, una obstrucción a la voluntad de Dios.
Dos Categorías de Siervos de Dios
Abdías es un ejemplo notorio. No se le consideraba el “turbador de Israel” mientras que Elías sí era considerado como tal en la casa de Acab. Así es como se conoce siempre al verdadero remanente. Pero hoy en día, los cristianos que transigen, cooperando con los sistemas y gobiernos de este mundo, nunca serán tildados de radicales, fanáticos o estrechos de mente. Por una simple razón no son una amenaza para Satanás ni para su reino: porque se han ocupado en buscar “hierba” para alimentar a los “caballos y mulos” del enemigo.
Este no es el caso del remanente. Son los turbadores de los sistemas del mundo; los que causan problemas a las iglesias cristianas y a los prósperos y tranquilos cristianos que se dedican a disfrutar del mundo con sus riquezas y placeres. El dios de este mundo no está descontento con aquellos que tienen un pie en su reino y el otro en el reino de Dios. Sabe que tiene un pie de ellos y eso es todo lo que él necesita para evitar que entren totalmente en el reino de Dios. Con el tiempo, hará que estos creyentes asuman el nombre de “cristianos” cuando realmente están sirviendo al reino de Satán.
Al alimentar a los profetas cobardes, Abdías quería mantener un pie en el reino de Dios, mientas buscaba hierba para alimentar a los caballos y mulos de Acab. Si un profeta no se levanta y profiere las palabras del reino de Dios, entonces no es profeta.
Cuando nuestro Señor Jesús estaba estableciendo las reglas fundamentales y las leyes del reino de Dios en Mateo 5 a 7, lo dejó absolutamente claro:
“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, u espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los qu entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida; y pocos son los que la hallan. Guardaos de los falsos profetas ...” (Mat. 7:13-15).
El contexto de estos versículos nos muestra que Jesús no está hablando de los incrédulos. Se refiere a dos categorías de creyentes. Un grupo elige el camino de transigir, y el otro el camino del remanente, el de no transigir. Cualquier profeta que no guíe a los hijos de Dios hacia la puerta estrecha y por el camino difícil, es un falso profeta. Un verdadero profeta de Dios se basará sobre la verdad del reino de Dios y guiará a tantos como le sea posible a encontrarlo. Sus frutos serán los hijos del reino de Dios. Es por eso por lo que nuestro Señor, en el versículo dieciséis, prosigue: “Por sus frutos los conoceréis”. En este mismo contexto, sigue diciendo: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mi hacedores de maldad.” (Mat. 7:21-23)
Ciertamente, Jesús no está hablando de incrédulos. Por el contexto vemos que tiene a un tipo particular de creyentes en mente. ¿Quiénes son estos creyentes?
La respuesta es bien simple ya que estos dos tipos reseñados están representados por Abdías y Elías. O son los Abdías que temen al Señor y alimentan a los profetas del Señor que están escondidos, o son los Elías que, en primer lugar y contra toda probabilidad, son entrenados bajo la mano de Dios; segundo, salen a presentarse a los Acab de este siglo con el propósito de retar sus imperios mundanos y sus malvadas ambiciones; y tercero, declaran al Rey y a Su reino.
Los cristianos y la iglesia en toda su amplitud pueden entretenerse con la pregunta “¿Es esto pacífico?” Para ellos no importa si la paz se obtiene a costa del reino de Dios. A la mayoría les gusta lo fácil, y frecuentemente ruegan por la paz, la gracia y el amor. Mientras tanto, el remanente, que es fiel a Cristo y su reino, llama para luchar contra el enemigo a cualquier precio. Están preparados y dispuestos a declarar el reino de Dios sin importarles el peligro ni el riesgo. Para la mayoría, las cosas de este mundo son demasiado importantes para dejarlas de lado con el fin de ganar el reino de Dios, que a veces parece tan abstracto y distante.
Elías, sin embargo, no pensaba así. A él se le había ordenado interrumpir el sopor pacífico del pecado bajo el gobierno de un rey y una reina malvados al precio que fuese. Si, estaban en paz, pero también en idolatría. En tales situaciones de apuro es cuando se levanta el remanente y lo hace para provocar una tormenta. Así era, así es y así será, hasta que el Señor vuelva. La tormenta que se levanta al declarar el reino de Dios es siempre preferible a la calma engañosa de transigir con el reino de Satán. Todos desearíamos que no hubiese necesidad de tal tormenta, pero el remanente del pueblo de Dios tiene que levantarse y declarar Su reino. La mayoría está convenientemente dormida. Es el remanente, la minoría, quien está listo, despierto y dispuesto para arriesgar todo lo que tiene por causa del reino de Dios. De no haber habido ningún Elías en Israel en los decadentes días de Acab y Jezabel, Baal y sus profetas habrían mantenido su poder incontestable sobre la mente del pueblo de Dios.
Pero Dios levantó a un hombre a quien no le importaba su propia paz: Protestó contra ese momento de calma que se había obtenido al precio de sacrificar el honor del reino de Dios. Elías podía haber escogido permanecer pasivo, seguir a gusto y en paz; tolerar a Baal y a sus profetas. Podía haber dejado que los baluartes de la idolatría permanecieran intactos. Pero después de tres años y medios en compañía de Dios, bajo Su entrenamiento, y recibiendo la totalidad de las revelaciones de Dios, no podía hacer esto; no podía ser negligente con el mandato de Dios y traicionar Su obra.
Elías se encontró con Abdías, y vió cómo representaba éste el estado patético de los profetas de Dios; ahora estaba preparado para encontrarse con Acab, fuese como fuese. Todo dependía de él. Estaba dispuesto para representar al remanente de Dios aunque le costara su propia vida.
“Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.” (Apoc. 12:11).
16
“¡Oh Turbador de Israel!”
“... y Acab vino a encontrarse con Elías. Cuando Acab vio a Elías, le dijo : ¿Eres tú el que turbas a Israel? Y él respondió: Yo no he turbado a Israel, sino tú y la casa de tu padre, dejando los mandamientos de Jehová, y siguiendo a los baales. Envía, pues, ahora, y congrégame a todo Israel en el monte Carmelo, y los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, y los cuatrocientos profetas de Asera, que comen de la mesa de Jezabel.” (1ª Reyes 18:16-19)
Aceptar la Responsabilidad del Reino
Es interesante ver cómo el pecador echa la culpa de su infortunio a todo y a todos excepto a sí mismo. Las personas olvidan que todo lo que es contrario al reino de Dios está condenado a la decadencia progresiva y la destrucción final; esto es porque las leyes del reino se ejecutan por sí solas, no necesitan ni juez ni jurado, ni policía ni cárcel. Rompa la ley del reino y se romperá usted automáticamente. Este principio se refiere tanto a indivíduos como a naciones.
Acab, como indivíduo, e Israel, como nación, pecaron y se alejaron del reino de Dios; pero él le echa toda la culpa a Elías y le llama “turbador del Israel”. Acab no se da cuenta de que su propia apostasía ha sido la causa del hambre. Ve a Elías como la causa, no como el instrumento ejecutor del juicio de Dios sobre Israel. De la misma manera, nuestra propia generación también le echa la culpa a Dios por las miserias del mundo. No quiere aceptar ninguna responsabilidad. Se niega a creer que dándole la espalda a Dios caen bajo las leyes de efecto inmediato de Su reino.
Como replicó Elías, la parte responsable debía admitir su culpa. Le dijo muy acertadamente a Acab, “yo no he turbado a Israel......
Ejercitar el Valor del Remanente
¡Qué valor tuvo de retar con tanta audacia a un rey tirano! Recuerde que no estamos hablando de una sociedad democrática donde las personas tienen derecho a expresar su punto de vista. Ésa era una sociedad en un tiempo en que los reyes tenían un poder absoluto sobre las riquezas de los hombres, su vida y su familia. Con una sola palabra de Acab, Elías habría sido decapitado.
Sin embargo, a Elías le había enviado el Señor. Había sido dotado del poder y de la valentía necesaria para enfrentarse a este rey malvado. Había evaluado el riesgo. Conocía a Dios. Sabía que ahora, actuar en nombre de Dios para redimir a Israel dependía solo de él. Si podía compartir la revelación de Dios, podía liberar a sus hermanos y a la nación de las garras de la tiranía de Satanás. Había recibido el encargo de poner a Jehová y a Baal cara a cara, y estaba decidido a ello. Por consiguiente, retó a Acab sugiriéndole que reuniese en el Monte Carmelo a todos sus profetas y a los de su mujer, aquellos que comían a la mesa de Jezabel. ¡Qué orden tan autoritaria! Era como si Dios mismo hablase por medio de Elías:
“nvia, pues, ahora y congrégame a todo Israel en el Monte Carmelo, y los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, y los cuatrocientos profetas de Asera que comen de la mesa de Jezabel.”
La autoridad de la palabra y de la órden de Elías son evidentes en la respuesta de Acab:
“Entonces Acab convocó a todos los hijos de Israel, y reunió a los profetas en el monte Carmelo.” (1 Reyes 18:20)
Aunque Elías había estado fuera de Israel, durante tres años y medio, sabía el número exacto de los falsos profetas que comían a la mesa de Jezabel. Mientras la totalidad de Israel sufría de una grave hambruna, los 850 profetas de Baal y Asera comían a la mesa de Jezabel. El mundo alimenta a los suyos; no se preocupa del pueblo de Dios. Pero Elías no se dejaba amedrentar por los números. Estaba decidido a retar al poder y al reino de Satanás. Como dijímos anteriormente, estaba resuelto a poner a Baal y a Dios cara a cara en presencia de Israel. Su pueblo no podía permanecer más tiempo en el reino de la oscuridad ni en esclavitud a Satanás. Estaba decidido a ponerlo todo a prueba. Quería que el pueblo de Dios conociera a Dios como él mismo habia llegado a hacerlo.
El ministerio del remanente del pueblo de Dios se enardece cuando la mayoría se desmorona, y cae en picado, en el reino tirano del poder de la oscuridad; la consecuencia es que se convierte en rehen de los falsos profetas que operan bajo un falso sistema religioso llamado Cristiandad. Aún ahora, el pueblo de Dios sufre, ya sea a manos de los falsos profetas de la religión, o a merced de los profetas escondidos de Dios, quienes temiendo por sus propias vidas, no se atreven a retar publicamente al reino de Satanás. Pero éste no es el caso del remanente que tiene una revelación verdadera acerca del carácter de Dios. Están dispuestos a abandonarlo todo por Su Reino, para de liberar a sus hermanos y hermanas del reino de Satanás. Están dispuestos a retar al pueblo de Dios a cualquier precio.
Reanimar a Los Fieles Supervivientes
El remanente está deseando levantarse y preguntar al pueblo de Dios lo mismo que Elías le preguntó a Israel:
“¿Hasta cuando claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él...” (1ª Reyes 18:21).
Éste es el verdadero espíritu del remanente. Cuando el pueblo de Dios cae en las trampas de Satanás, por medio de engaños y de transigir, sus mentes se oscurecen a la verdad de la palabra de Dios. Es entonces cuando Dios levanta a un “Elías” y le envía a conducir a Su pueblo fuera de esta oscuridad. Entonces el remanente se convierte en guía para aquellos que buscan a Dios con todo su corazón.
Aunque Elías, en su desesperación y soledad, pensó que era el único fiel que quedaba en Israel, la realidad era que había 7.000 creyentes que permanecían fieles a Dios. Éstos no se habían inclinado ante Baal (1ª Reyes 19:18). Es de suponer, que estaban a la espera de un líder, o de un profeta, para aparecer, representar a la verdad y declarar el reino de Dios. Estaban sobreviviendo hasta que llegara el momento en que alguien reuniera a las tropas. No tenían poder para hacerlo ellos mismos, pero, sin lugar a dudas, se regocijaron con la actitud valiente de Elías y el reto que lanzó a la casa de Acab y a sus falsos profetas.
En nuestros días, estamos seguros de que todavía quedan aquellos que no han doblado su rodilla ante los Baales y las Aseras del cristianismo. Éstos también buscan, fervientemente, al remanente fiel que tiene el espíritu vehemente de Elías, para que declare el reino de Dios a son de trompeta. Entonces, juntos retarán no solo al mundo, sino tambien a la religión falsificada que se presenta al pueblo como cristianismo. Juntos cooperarán con el Señor para liberar a un gran número de creyentes cuyas mente ha sido oscurecida, corrompida y contaminada por una religión materialista, que busca la prosperidad, hedonista, centrada en si misma, que no pertenece a las escrituras y que se llama cristianismo.
Estas palabras pueden parecer demasiado ásperas, contundentes y faltas de amor. Sin embargo, éste ha sido el caso, a menudo, en la historia del pueblo de Dios. En tiempos de oscuridad, siempre ha sobrevivido un remanente, que ha lamentado la maldad extendida por el mundo, la apostasía y el deterioro dentro de las filas de la Iglesia en general. Ellos anhelaban y esperaban a que la luz de la verdad surgiera de una vez, para proclamar a Dios como Salvador y Rey. Un santo de una generación pasada escribió lo siguiente : “Dios no se ha quedado nunca sin un testigo. Aunque solo sea aquí y allá, podemos percibir una estrella lo suficientemente grande y brillante que traspase las nubes de la noche y alumbre a la iglesia ignorante en el desierto. ¡Bendito sea el Dios que permite las nubes más oscuras y sombrías! Sabemos que a pesar de esas nubes, las estrellas han estado presentes en todas las épocas, aunque su parpadeo se haya visto poco.”
Es el deso de mi corazón que aquellos que lean estas páginas, también deséen fervientemente ser una de esas pequeñas estrellas parpadeantes y brillantes de verdad, en la oscura noche de la cristiandad. Pueden taparnos las espesas nubes de oscuridad que cubren a esos hermanos y hermanas cautivos en la religión organizada; pero el Señor quiere irradiar la parpadeante luz de la verdad. Elías era una de esas estrellas brillantes y penetrantes. Fue capaz de irrumpir en la misma fortaleza de Acab. Volcó la mesa de Jezabel donde se alimentaban los falsos profetas de los poderes de la oscuridad. Solo por la gracia de Dios, Elías pudo finalmente demostrar a sus hermanos lo necio que era adorar e inclinarse ante cualquier otro que no fuese el Dios vivo.
Reto a los Cristianos Titubeantes
La pregunta que Elías dirijió a Israel continuará vigente hasta que el Señor vuelva. Es una pregunta que se debería hacer a cada generación de creyentes en Cristo – ¿Hasta cuando divagaréis entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguídle.”
Pero el pueblo no dijo ni una palabra. Entonces Elías les hizo este comentario: “Solo yo he quedado profeta de Jehová; mas de los profetas de Baal hay cuatrocientos cincuenta hombres.” (1 Reyes 18:22)
Antes de considerar la pregunta de Elías, quizás merezca la pena comentar brevemente esta última frase. Es la prueba de que él tenía una percepción acerca de la condición religiosa y el dilema interno que se extendía por Israel. Prueba que Elías nunca consideró verdaderos profetas de Dios ni a Abdías ni a los cien profetas escondidos que éste alimentó. No se les podía considerar auténticos profetas porque no actuaban como tal. Podían ser buenas personas, acreditarse con buenas y religiosas obras, incluso con salvar la vida de otros como hizo Abdías. Pero esto no les convertía en genuinos profetas de Dios. Solo se les podía haber considerado verdaderos profetas de Dios si se hubiesen comprometido activamente contra Acab, Jezabel y sus falsos profetas. A sus propios ojos y a los de Israel, se les podía considerar profetas, pero no a los ojos de Dios, a quien Elías representaba, porque no eran un remanente activo que repudiara la adoración a Baal.
Se requiere una especial calidad de carácter para desarrollar la vida del remanente. Dios nunca llamó a esos profetas porque no encontró en ellos el calibre de carácter apropiado. Tenían demasiado miedo y se preocupaban demasiado por sus propias vidas. Estaban más preocupados por ellos mismos que por el reino de Dios. Después de que Elías formulara esa pregunta al pueblo, dice la Biblia : “Pero el pueblo no respondió palabra”. Esto solo confirma que lo que Elías estaba insinuando era verdad. Estaban divagando entre dos opiniones – adorar al Señor o adorar a Baal No podían contestar porque no estaban seguros de ellos mismos.
Israel había sido guiado equivocadamente por Acab, Jezabel y sus falsos profetas. Estaban enredados en supersticiones derivadas de un ambiente de adoración a los ídolos. Estaban en oscuridad y no podían ver cómo volver a Jehova y a Su altar de misericordia y gracia. Necesitaban a alguien que pudiera ver y sacarles de la oscuridad a la luz del reino de Dios. Y ahí estaba Elías, haciéndoles la pregunta “¿Hasta cuando claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él.”
El Señor Jesus nos está llamando para que salgamos de la falsa cristiandad que se acomoda y para que tomemos Su yugo. Así como Elías invitaba a pueblo de Israel, el Espíritu Santo hace el llamamiento a cada hijo de Dios. Insta a cada verdadero creyente a salir del falso sistema de adoración, idolatría, inmoralidad, materialismo, atadura legal al “yo”, y otras muchas esclavitudes que operan bajo la bandera y el pretexto del cristianismo. El Espíritu nos está reuniendo alrededor de Cristo y de Su remanente, con el fin de podernos usar para retar a esos malvados y corruptos sistemas inventados del hombre.
Martín Lutero, ciertamente, vino a liberar al pueblo de Dios de la esclavitud de la religión de su tiempo. Estaban siendo explotados y manipulados por un sistema religioso organizado y por su jerarquía; pero Lutero nunca tuvo la intención de provocar un caos. Sin embargo, hoy el caos prevalece y controla a la mayoría del pueblo de Dios. El colapso de la religión actual está siendo aún peor a los ojos del Señor. En la historia de la iglesia en la generación de Lutero, no se tenía acceso a la Palabra de Dios. Pero, ¿cuál es nuestra excusa hoy? ¿Tener acceso a la Palabra de Dios es, acaso, una licencia para la permisividad, la inmoralidad, la idolatría, el materialismo, las divisiones, el denominacionalismo – todo bajo el pretexto de libertad cristiana? ¡No! ¡De ninguna manera! Esto no es verdadero cristianismo.
Más bien es como Israel bajo Jeroboam; como Israel bajo Acab y Jezabel. Es como Abdías, que sirvió en la corte de Acab buscando hierba para alimentar a sus caballos y sus mulos. Sí; es incluso como los cien profetas escondidos en cuevas, alimentados por los que son iguales a Abdías.
Hoy, necesitamos personas con agallas, como Elías, que se levanten y reten al presente sistema de cristianismo, que liberen al pueblo de Dios y le guie al único reino verdadero – el reino de Dios. Si la iglesia en general es esclava de los reinos de este mundo, ¿quienes son los Elías que deben guiarle al reino de Dios? Si el ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el mismo hoyo (Mat. 15:14). Solo el remanente tiene la revelación del carácter y de los atributos de Dios. Solo ellos ansían entrar en el reino de Dios según Su plan y propósito. Solo ellos pueden representar a Dios y proclamar Su reino sin tener en cuenta lo que cueste ni el sacrificio requerido.
17
La Batalla entre los Altares de dos Reinos
La religión, reforzada por los que son hostiles como Acab y Jezabel, está enfurecida y rabiosa contra el remanente. Pero todo tiene que ser puesto a prueba. El Señor mismo señaló: “....la sabiduría es justificada por sus hijos.” (Mat. 11:19). Todo lo que es real permanecerá, y todo lo que es falso se derrumbará. Y vemos que Elías hizo la proposición siguiente :
“ Solo yo he quedado profeta de Jehová; mas de los profetas de Baal hay cuatrocientos cincuenta hombres. Dénsenos, pues, dos bueyes, y escojan ellos uno, y córtenlo en pedazos, y pónganlo sobre leña, pero no pongan fuego debajo; y yo prepararé el otro buey, y lo pondré sobre leña, y ningún fuego pondré debajo. Invocad luego vosotros el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré el nombre de Jehová; y el Dios que respondiere por medio de fuego, ese sea Dios. Y todo el pueblo respondió, diciendo: Bien dicho. Entonces Elías dijo a los profeas de Baal: Escogeos un buey, y preparadlo vosotros primero, pues que sois los más; e invocad el nombre de vuestros dioses, mas no pongáis fuego debajo. Y ellos tomaron el buey que les fue dado y lo prepararon, e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodia, diciendo: ¡Baal, respóndenos! Pero no había voz, ni quien respondiese(; entre tanto, ellos andaban saltando cerca del altar que habían hecho. Y aconteció al mediodía, que Elías se burlaba de ellos, diciendo: Gritad en alta voz, porque dios es; quizás está meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme, y hay que despertarle. Y ellos clamaban a grandes voces, y se sajaban con cuchillos y con lancetas conforme a su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos. Pasó el mediodía, y ellos siguieron gritando frenéticamente hasta la hora de ofrecerse el sacrificio, pero no hubo ninguna voz, ni quien respondiese ni escuchase.” (1 Reyes 18:22-29)
La Impotencia de la Religión
Anteriormente hice una declaración acerca de 1ª de Reyes 18, y lo describí como uno de los capítulos más reveladores y gloriosos de la Palabra de Dios. En el pasaje anterior, el Espíritu Santo revela algunas verdades hermosas y contundentes acerca de la diferencia entre adoración en religión y adoración en vida.
Por algo se nos muestra que el número de adoradores no tiene ningún efecto sobre el resultado de la adoración – 850 profetas de Baal (450) y de Asera (450) contra Elías como único profeta de Dios (1ª Reyes 18:19)
Vemos también que los ruidos y gritos por sí solos no tienen efecto. Elías retó a esos falsos profetas para que clamaran en nombre de su dios. ¿Puede imaginar a 450 personas gritando un nombre al unísono? Sería atronador
Por encima de todo, los rituales demostraron ser ineficaces. Las danzas de estos profetas eran una ceremonia y un ritual religioso totalmente inútiles. Tampoco influye la duración de la adoración para recibir una respuesta de Dios. Las profecías auto inducidas, e incluso el baño de sangre, no sirvieron para nada. ¿Qué poder de expiación podría tener la sangre de pecadores?
Observe cómo Elías se burlaba de esos falsos profetas: Elías se burlaba de ellos, diciendo: Gritad en alta voz, porque dios es; quizás está meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme, y hay que despertarle. Y ellos clamaban a grandes voces y se sajaban con cuchillos y con lancetas conforme a su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos.” (1ª Reyes 18:27-28)
¡Qué estampa! Un grupo de profetas sangrando a borbotones, desarrollando toda una serie de ceremonias ridículas sin ningún resultado. Esto duró casi medio día. Cuando vieron la inutilidad de sus rituales y la ineficiencia de sus ceremonias, probaron algo nuevo:
“Pasó el mediodía, y ellos siguieron gritando frenéticamente hasta la hora de ofrecerse el sacrificio, pero no hubo ninguna voz, ni quien respondiese ni escuchase.”. (1ª Reyes 18:29)
¿No nos muestra ésto la impotencia de la religión? Cuando descubrieron su impotencia, en vez de volverse al Dios vivo, idearon nuevos sistemas y nuevos acercamientos. Hacia el mediodía, estos profetas de Baal improvisaron nuevos métodos. Cambiaron de sistema. En vez de gritar, danzar y sajarse, empezaron a profetizar. Pero no ocurrió nada, igual que pasa hoy en día en el cristianismo. Después de darse cuenta de la impotencia de los rituales y de las ceremonias, muchos se han dedicado a pronunciar profecías y otros a predicar. Pero incluso predicar, sin el poder del Espíritu, es un ejercicio religioso inútil.
El Significado del Sacrificio de la Tarde
“........hasta la hora de ofrecerse el sacrificio” (1ª Reyes 18:29). La hora había llegado. Para poder entender la importancia de este suceso y de este sacrificio, tenemos que citar a Moisés:
“Esto es lo que ofrecerás sobre el altar : dos corderos de un año cada día, continuamente. Ofrecerás uno de los corderos por la mañana, y el otro cordero ofrecerás a la caída de la tarde. Además, con cada cordero una décima parte de un efa de flor de harina amasada con la cuarta parte de un hin de aceite de olivas machacadas; y para la libación, la cuarta parte de un hin de vino. Y ofrecerás el otro cordero a la caída de la tarde, haciendo conforme a la ofrenda de la mañana, y conforme a su libación, en olor grato; ofrenda encendida a Jehová. Esto será ..el holocausto contínuo por vuestras generaciones a la puerta del tabernáculo de reunión, delante de Jehová, en el cual me reuniré con vosotros, para hablaros allí. Allí me reuniré con los hijos de Israel; y el lugar será santificado con mi gloria. Y santificaré el tabernáculo de reunión y el altar; santificaré asimismo a Aaron y a sus hijos, para que sean mis sacerdotes. Y habitaré entre los hijos de Israel y seré su Dios. Y conocerán que yo soy Jehová su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto, para habitar en medio de ellos. Yo Jehová su Dios.” (Exodo 29:38-46)
Quiero llamar su atención sobre estas palabras resaltadas únicamente. Durante años, a causa de los reyes malvados y los sacerdotes corruptos, Israel no había oído hablar a Dios. Ahora, el sacrificio de la tarde sobre el altar santificado de Dios, significaba una renovación de su consagración a Jehová.
No debemos olvidar que el sacrificio de la tarde no era una ofrenda para expiación de los pecados. Era una ofrenda quemada que representaba una consagración total y absoluta al Señor y Dios de Israel. Significaba lealtad al reino de Dios y aceptación de Su soberanía sobre Israel. El sacrificio de la tarde era el encuentro de Dios con los hijos de Israel. Una vez más, Dios moraba en medio de ellos; el mismo Dios que les había liberado de la esclavitud de los egipcios. Volvian a ser Su pueblo y quedaban libres de la esclavitud a Baal, ídolo sidonio, y de un falso sistema religioso que estaba devorando sus fundamentos. Representaba la liberación del gobierno tiránico de su malvado rey Acab y su demoníaca reina Jezabel. La ofrenda de la tarde era la renovación del pacto de Dios con Israel, a condición de que se ofreciera el sacrificio.
El Dios que Contesta con Fuego
Pero había una dificultad – ¡no había fuego! Por consiguiente, Elías retó a los profetas de Baal: “.......clamad el nombre.........” (1ª Reyes 18:24)
¿Porqué insistía tanto Elías en poner a Jehová y a Baal cara a cara delante de Israel? Porque así Israel podría dar testimonio del “Dios que conteste con fuego”. A pesar de su corrupción, el pueblo de Israel no había olvidado su propia historia. Recordaban cuando Dios sacó a sus antepasados de Egipto, y les ordenó que construyesen el tabernáculo y el altar. También recordaban cómo Jehová mismo, desde el cielo, encendió el primer fuego sobre el altar. Recordaban que los fuegos extraños, encendidos por el hombre, estaban prohibidos sobre el altar de Dios. Se acordaban de cómo Nadab y Abihu, los dos hijos de Aaron, fueron heridos por fuego que cayó del cielo y murieron cuando, en su ignorancia o quizás ebrios, intentaron poner fuego extraño sobre el altar de Dios.
Sobre todo, tenían recuerdos de Jeroboam, quien había construido un altar diferente. Ahora estaban bajo Acab y Jezabel, quienes habían construido multiples altares. Ellos reconocían que Jehová era el Dios de la antigüedad, el Dios de sus padres, quien había encendido el fuego sobre Su altar. Pero ellos pensaban que aquellos eran “los buenos viejos tiempos” que quedaban relegados a su maravilloso pasado histórico. Habían llegado a la conclusión de que los días en los que Dios vivía en medio de los hombres y les hablaba, ya se habían acabado. Ellos creían que el reino del hombre había remplazado al reino de Dios.
Ahora le tocaba a Elías colocar a Jehová y a Baal cara a cara y ponerlo todo a prueba. Los 450 profetas de Baal se habían torturado durante todo el día; pero no pasó nada, y dice la palabra de Dios : “..... hasta la hora de la ofrenda de la tarde........nadie hizo caso.”
Desde el punto de vista de todo Israel y del rey Acab, los 450 profetas de Baal habían hecho todo lo que podían hacer. Pero el sacrificio quedó tal cual sobre el altar. ¿Dónde estaba el fuego que debía quemarlo? ¿Podía Dios enviar el fuego desde el cielo?
Lo más probable es que éstas fueran algunas de las preguntas que los hijos de Israel se estarían haciendo. La mayoría no podía ni concebir un fenómeno tan irreal, tan poco razonable y tan poco científico. En su ignorancia y sus supersticiones, daban por sentado que la propuesta de Elías era imposible. ¿Justificaría Dios a Elías? ¿Se demostraría que Elías era un hombre de fe? En todo caso, el sacrificio de la tarde estaba ahora sobre el altar. El escenario estaba montado. Todo lo que se necesitaba ahora era el fuego del cielo.
Dos Reinos representados por Dos Altares
Antes de proseguir, quisiera refrescarles la memoria en cuanto al altar de Dios y los sacrificios ofrecidos sobre él. Al principio de este libro, señalé que el altar se identificaba con la ofrenda presentada sobre él. Si era una ofrenda por el pecado, el altar representaba la expiación de los pecados del que ofrecía el sacrificio. Si se trataba de una ofrenda quemada, entonces el altar representaba la soberanía de Dios y Su autoridad aceptada por el que ofrece el sacrificio. La ofrenda quemada significaba la entrega total al señorío de Jehová.
Las series de ofrendas prescritas en el libro de Levítico empieza por la ofrenda quemada. C-H. MacIntosh (conocido como C.H.M.) declara, muy justamente, lo siguiente: “Si empezamos por la ofrenda quemada, veremos a Cristo en la cruz cumpliendo la voluntad de Dios....” Si no tenemos clara la voluntad de Dios, nos vendría bien recordar la oración del Señor, “Venga a nosotros tu reino, hágase Tu voluntad, en la tierra como en el cielo” (Mat. 6:10). La voluntad de Dios es el establecimiento del reino de Dios sobre la tierra. La muerte de Cristo en la cruz del Calvario fue, primero y principalmente, para cumplir la voluntad del Padre.
C.H.M. Sigue escribiendo acerca de la ofrenda quemada: “Cristo, en la ofrenda quemada, era exclusivamente para los ojos y el corazón de Dios..... Somos muy propensos a ver la cruz, simplemente como el lugar donde se trata y se resuelve la gran cuestión del pecado; algo entre la justicia eterna de Dios y la Victima sin mancha – el lugar donde nuestra culpa fue expiada, y donde Satanás fué gloriosamente derrotado. ¡Demos gloria eterna y universal al Amor redentor! La cruz era todo esto, pero también mucho más que todo esto. Era el lugar donde el amor de Cristo hacia el Padre se expresaba en un lenguaje que solo el Padre podía oir y entender. Es el último aspecto tipificado en la ofrenda quemada...; la ofrenda quemada no anunciaba a Cristo en la cruz, llevando los pecados, sino a Cristo en la cruz, cumpliendo la voluntad de Dios.... En la ofrenda quemada reconocemos simbólicamente a Dios Hijo cumpliendo, por medio del Espíritu, la voluntad de Dios Padre.”
La voluntad del Padre era que Cristo echase fuera al príncipe de este mundo y estableciese el reino de Dios. Esto es lo que el altar tipificaba cuando se ofrecia una ofrenda quemada sobre él. Elías no estaba allí para expiación de Israel. Elías estaba allí en representación del reino de Dios para retar al reino de Baal; de ahí su propuesta de un sacrificio de ofrenda quemada. Allí, cada reino estaba respresentado por su propio altar.
“Y tomaron.................... Baal..................... el altar que habían hecho (1ª Reyes 18:26)
Este era un altar hecho por los seguidores de Baal. Representaba la soberanía y la autoridad de Baal. Pero al lado se encontraba el altar derrumbado de Jehová, que representaba a Israel, quien había renegado del reino de Dios. De alguna manera, en algún sitio, el pueblo temeroso de Dios en Samaria, reino del norte, había construido un altar para el Señor. Pero debido a su negligencia y seguramente por orden de Jezabel, ahora se encontraba derrumbado. Este era el altar que Elías reconstruyó y sobre el cual iba a ofrecer el sacrificio de la tarde – el altar del Señor.
18
La unidad del Altar de Dios Que Todo lo Incluye
El único Altar de Adoración
Dios había prohibido a los Israelitas que construyesen un altar de adoración fuera de Jerusalén. El Señor habia dado una órden explícita por medio de Moisés:
“.... el lugar (Jerusalén) que Jehová vuestro Dios escogiere de entre todas vuestras tribus, para poner alli su nombre para su habitación, ése buscaréis y allá iréis. Y allí llevaréis vuestros holocaustos, vuestros sacrificios... (Deut. 12:4-6)
Entonces, ¿cómo pudo el remanente desafiar este mandato divino y construir un altar en un lugar prohibido de Israel, reino del norte?
Una réplica del Altar como Memorial
Sin embargo, éste no era el primer incidente de esta naturaleza. En el libro de Josué leemos que, cuando los Israelitas conquistaron la tierra, los hijos de Rubén, los hijos de Gad, y media tribu de Manasés decidieron volver a la heredad que les fue asignada por Moisés en la orilla oriental del Rio Jordán. Después de cruzar el rio, construyeron una réplica del altar para el Señor.
Rápidamente se corrió la voz, y los ancianos de Israel que residían en Canáan oyeron las noticias. Inmediatamente, enviaron destacados representantes, de entre ellos mismos, para cuestionar los motivos de las dos tribus y media para construir el altar en la orilla oriental del rio Jordán. Estaban disgustados y decididos a llegar al punto que fuese para detener esta “apostasía” en Israel. Se enfrentaron a los hijos de Ruben, Gad y Manasés con palabras duras de advertencia y reproche.
Pero la respuesta que se les dió fue que la réplica del altar original no se había levantado con el propósito de presentar sacrificios; era simplemente por si las generaciones venideras cuestionaban alguna vez su parte en la herencia del Señor, ellos podrían señalar la réplica del altar como testimonio. Estaban asegurando para sí los derechos de adoración a Jehová y el tener parte en Su reino. Su respuesta convenció a los representantes del pueblo de Israel
( ver Josué 22:10-29)
El Altar Derrumbado del Señor
Ahora bien, una situación similiar existía bajo Acab y Jezabel. Habían prohibido a los Israelitas que creían en Jehová que fuesen a Jerusalén a adorar. Pero un remanente se había encargado de construir una réplica del altar como testigo de que ellos todavía tenían parte en el reino del Señor. Manifestaron que no eran parte del reino de Baal. Jezabel hizo derrumbar ese altar, pero Elías todavía estaba interesado en él.
En la mente de los líderes de Israel quedaba sin contestar una pregunta más seria. Si este altar era una réplica y no estaba permitido ofrecer sacrificio sobre él, ¿cómo podía Elías hacer una proposición semejante? Todo Israel, así como los profetas de Baal y de Asera, reconocían este principio. Probablemente, ellos estaban pensando para sus adentros, que si ellos fracasaban, lo más seguro era que Elías tampoco tuviera éxito. El fuego de la presencia de Jehová solo podía encender el altar de Jerusalén, y ningún otro.
Pero Elías había sido muy bien entrenado en la presencia del Señor durante tres años y medio. El sabía que no se podía hacer ninguna ofrenda por el pecado en otro lugar que no fuera Jerusalén. Pero en esos momentos, el pecado no era la cuestión. Se trataba, más bien, de incluir o excluir al pueblo de Dios del reino de Dios, en un lugar muy lejano de Jerusalén. Acab, Jezabel y los profetas de Baal habían convencido a las diez tribus de Israel de que Dios les había abandonado, y que ahora pertenecían al reino de Baal. Israel estaba convencido de haber pasado el punto de no retorno.
Ahora, Elías tenía que encargarse de demostrar lo contrario. Dios todavía les amaba y los quería, si solamente volvían a El. ¡Si Dios aceptara su ofrenda quemada! Si Elías conseguía hacer caer fuego del cielo que consumiera el sacrificio de la tarde, entonces Israel se convencería de la aceptación del Señor, Dios de Israel. Pero, ¿mandaría Dios realmente fuego sobre una réplica del altar situado fuera de Jerusalén?
Mil y una preguntas cruzaban por la mente de los Israelitas, pero Elías sabía por qué habia sido enviado. No tenía ninguna duda de lo que Jehová iba a hacer. No obstante, tenía que asegurarse de que el pueblo de Dios también entendíera todo lo que iba a suceder:
“Entonces dijo Elías a todo el pueblo: Acercaos a mi. Y todo el pueblo se le acercó; y él arregló el altar del Señor que estaba arruinado. Y tomando Elías doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, al cual había sido dada palabra de Jehová diciendo, Israel será tu nombre, edificó con las piedrasun altar en el nombre de Jehová; después hizo una zanja alrededor del altar, en el que cupieran dos medidas de grano.” (1ª Reyes 18:30-32)
Un Altar Universal para Todo el Pueblo de Dios
Manteniéndose firme como remanente, Elías empezó a reparar el altar del Señor que estaba derrumbado. Lo que estaba haciendo, en realidad, era declarar un importante principio del reino de Dios. Pero, es crucial que tomemos nota de que, si se iba a declarar el reino del Señor, éste debía incluir a todos los hijos de Israel.
Desafortunadamente, no había unidad entre los hijos de Israel. Inmediatamente después del reinado de Salomón, el reino se había dividido en dos – Israel, reino del norte, con diez de las tribus; y Judá, reino del sur, con las otras dos. Si Elías le hubiese puesto el nombre de “Israel” al altar, esto habría sido malinterpretado: habría incluido solo a las diez tribus del reino del norte y excluido a las otras dos tribus de Judá. El nombre debía abarcar las doce tribus. Por consiguiente, “Elías tomó doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, al cual había sido dada palabra de Jehová diciendo, Israel será tu nombre.”
De esa manera, Elías le estaba diciendo al pueblo, que no importaba cómo se llamaran en la actualidad, ya fuera “Israel” o “Judá”. Lo que importaba era que todos ellos eran hijos de Jacob, y que todos eran parte del reino de Dios. Por lo tanto, el nombre de todas las tribus estaba escrito en el altar. De ese modo, Elías se apoyaba verdaderamente en el principio del remanente. Al incluir en su totalidad a las doce piedras en el altar, estaba manifestando el pacto de Dios con todo Su pueblo; su división politica en los dos reinos de Judá e Israel, no era importante en ese momento.
El reino de Dios es indivisible; no puede ser dividido por el hombre. Incluye a todos Sus hijos, siempre y cuando vuelvan a El. Pongamos un ejemplo: los cristianos de nuestros días pueden dividir el Cuerpo de Cristo de acuerdo a credos, doctrinas, prácticas, nacionalidades, color, cultura, etc. El remanente, sin embargo, permanece firme sobre la base de la unidad y de la unificación; delante de Dios y del altar de Su reino. El es Dios y Rey de todo Su pueblo. Cualquier cosa que pasara a los pies del altar derrumbado, tendría efecto, no solo sobre las diez tribus del reino del norte, sino también sobre la nación entera, incluidas las dos tribus de Judá y Benjamin, en el reino del sur.
Elías levantó el altar única y exclusivamente sobre el principio del reino de Dios. No podía hacer otra cosa más que estar firme sobre la base global del reino. C.H.M. Hace un interesante comentario al respecto:
“Muchos ofrecerían sacrificio al Señor sobre el altar de Baal; en otras palabras, conservarían un sistema maligno y se quedarían tan conformes con darle un nombre correcto. Pero, ¡no! El único centro de unidad que Dios puede reconocer está en el nombre de Jesus...”
Y ¿qué es lo que representa el nombre? Representa al Rey y a Su reino. Ese nombre, como dice E. Stanley Jones, representa “el reino inquebrantable y la Persona inalterable”
Lo que C.H.M. describe ¿no es acaso la situación de la mayoría de los cristianos hoy en día? El cristianismo se ha convertido en una religión causante de divisiones, infiltrada por rituales y ritos paganos, con un montón de sistemas e influencias mundanos – conserva un sistema maligno y se conforma con darle un nombre correcto”.
Los verdaderos hijos de Dios no deberían verse como miembros de un grupo religioso en particular, sino como miembros de Cristo. No deberían considerarse miembros de una denominación en particular, sino ciudadanos del reino de Dios.
Puede que Jerusalén y Samaria se consideraran ciudades distintas de reinos separados, pero a los ojos de Dios no era así. Viendo Elías lo necio y lo absurdo de esta reivindicación, levantó solo un altar en el Nombre del Señor. Eligió doce piedras, cada una de ellas llevaba el nombre de una de las tribus. Cada tribu representaba a uno de los hijos de Jacob. De ese modo, Elías, a pesar de la aparente división entre ellos, los trajo conjuntamente al único reino de Dios. Como resultado, Elías confirmó la unidad intacta y la unificación de Israel a los ojos de Dios.
El remanente del pueblo de Dios, los creyentes en el Nombre de Cristo, fieles y verdaderos, no pueden sino seguir el ejemplo de Elías al declarar la unidad, en el reino de Dios, como principio vital. No podemos y no queremos afirmarnos sobre bases denominacionales. Esto no es lo que Dios quiere. Dios desea Su único reino unido. El no se hizo carne para establecer denominaciones como vehículos sectarios que reivindiquen su propio rincón exclusivo de verdad. Dios envió a Su hijo unigénito al mundo con este mensaje especial: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos está cerca”.
Nos afirmamos en el principio del reino de Dios. Todos los creyentes verdaderamente regenerados están invitados a unirse a nosotros para abolir y demoler los altares de Baal, que han sido erigidos al lado del altar del Señor. Muchos altares sectarios de Baal han penetrado en el cristianismo de hoy, y se están ofreciendo muchos sacrificios al Señor sobre estos falsos altares. Tienen que ser derrumbados. El altar del Señor debe ser reparado; el mensaje del reino tiene que reavivarse; y el único altar global del reino, debe ser levantado. Cuando se incluyan los nombres de todos los verdaderos hijos de Dios, el fuego descenderá del cielo.
La Unidad sin Fisuras del Altar
Durante siglos, nosotros como hijos de Dios hemos sido divididos y desperdigados por la mentira del enemigo, la insensatez de nuestros padres y, ahora, por nuestra propia dejadez. Y aún así, nuestro Dios piensa en nosotros teniendo en mente esa unidad sin fisuras que solo existe en Su reino, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Dios no puede pasar por alto las diferencias sectarias de Sus hijos. Para Él, o somos sus hijos o no lo somos. En Su reino, no hay distinciones ni divisiones según los niveles raciales o conceptos culturales. ¿Por qué dijo Pablo lo siguiente?
“...habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo lo es todo en todo.” (Col. 3:9-11).
Esto es el reino de Dios. Como dice E. Stanley Jones : “El reino de Dios es Cristo universalizado”. En Cristo no hay división. En su oración sacerdotal de Juan 17, Jesus oró repetidamente por esta unidad entre Sus creyentes. Esta unidad, debo resaltar, es una cuestión de vida y no de doctrinas, con el fin de que ninguno de Sus discípulos estableciera sus propias denominaciones y promoviera su propio reino al concentrar a sus seguidores alrededor de sus propias enseñanzas.
“Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mi, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.” (Juan 17:21-22)
La unidad por la que nuestro Señor oraba en estos dos versículos, y en todo el capitulo 17 de Juan, es una cuestión de vida. Los hijos de Dios deben entender que la base de su unidad es la vida única que han recibido de su Padre celestial por medio de su nuevo nacimiento. El reino de Dios no es más que la esfera de esta nueva vida. ¿Cómo podemos nosotros, como cristianos, adoptar una actitud sectaria, y de división mientras reivindicamos unidad y unificación?
Esto es lo que Elías estaba haciendo con los hijos de Israel. Al inscribir los nombres de las doce tribus sobre el altar del Señor, estaba recordándoles que todos ellos eran hijos de Jacob, cuyo nombre fue posteriormente cambiado por el de “Israel”. Les estaba recordando su unidad de vida por medio de “Israel”. Su inclusión en el reino de Dios venía de ese cambio de nombre de Jacob. Todo Israel podía estar en el reino por ese nacimiento común. Elías conocía y entendía la mente de Dios. Y nosotros deberíamos entenderla también. Puede ser que otros cristianos nos critiquen y nos tachen de presuntuosos, fanaticos y poco realistas, pero no debemos prestar atención. ¿Acaso le importó a Elías que Acab le llamara “turbador de Israel”? ¡No! El estaba convencido. Al hombre, su misión podía parecerle una “misión imposible”, pero para Dios, todas las cosas son “una misión posible”.
El reino de Dios permanece y permanecerá para siempre. Nada podía interferir en él – ni el comportamiento adolescente de Roboam, ni la política astuta de Jeroboam. Ni la vileza de Acab, ni la crueldad de Jezabel. Nada podía estorbar a Elías para que tomara la posición de un verdadero Israelita – la posición de un verdadero adorador en el único altar hecho con doce piedras. ¡Qué bendición poder defender la unidad del altar! Esta era la base sobre la que el remanente se afirmaba. Así era entonces y así tiene que ser hoy. La oposición giraba en torno a Elías mientras el tomaba esta postura, pero por fe en el Dios cuyo propósito soberano él conocía, se mantuvo firme y reparó el único altar del Señor; lo hizo completo con doce piedras.
Mientras levantaba el altar, probablemente pensaba en Josué, quien, después de cruzar el Jordan, llevó al pueblo de Dios a la tierra prometida de Canaan para establecer el reino de Dios. Como primer acto de adoración y conmemoración, había cogido doce piedras del rio Jordan y construyó un altar para el Señor en Gilgal, declarando así el reino de Dios en Canaan. (Josué 4:1-24)
19
El Fuego Consumidor del Cielo
¿Cuál era el paso siguiente para Elías? Ahora que había reparado y construido el altar, ¿qué era lo próximo que haría para hacer caer el Fuego de la presencia de Dios? El pueblo se preguntaba si tendría éxito.
El Sacrificio de la Tarde y la Muerte de Cristo
Elías había dado a los profetas de Baal todo el tiempo que quisieron. Pero ellos no conocían la mente de Dios, puesto que estaban utilizando el altar equivocado. Aún más importante, estaban compitiendo por Baal y no por Jehová. Estaban declarando el reino de Baal y no el reino de Dios. Ahora le tocaba actuar a Elías. Primero, el altar había sido reparado, y en aquel momento en que la hora del sacrificio de la tarde se estaba acercando, Elías supo que había llegado el tiempo oportuno para actuar.
¿Por qué era tan importante que Elías actuara a la hora del sacrificio de la tarde? Porque el sacrificio de la tarde era una tipificación de la muerte de nuestro Señor sobre la cruz; una muerte que cumplía la voluntad del Padre. Precisamente, a la misma hora que se ofrecía el sacrificio de la tarde, el Señor Jesus moría en la cruz del Calvario. Según Josefo, historiador judío, el sacrificio de la tarde se ofrecía entre la hora novena y la undécima – entre las 3 y las 5 de la tarde. Y la muerte de nuestro Señor a la hora novena (Mat. 27-45), o las 3 de la tarde, corresponde con la hora del sacrificio de la tarde.
El cristianismo mantiene que Dios ha proporcionado un cordero por los pecados de la humanidad. Este cordero no era otro que Jesucristo, el Hijo del Dios vivo. El no solo vino como Cordero de Dios, sino también como Rey de Reyes y Señor de Señores. Veamos el simbolismo exacto descrito en la ofrenda de la Pascua.
A veces leemoos la historia de los pastores en Navidad y damos por sentado que eran individuos analfabetos. En realidad, eran los más brillantes “licenciados en agricultura” de su tiempo. Tenían la tremenda responsabilidad de criar 52.000 ovejas, perfectas y saludables, cada año para el sacrificio anual. Estas ovejas se cuidaban y criaban en un lugar cerca de Betlehem, llamado Migdal Eder, que significa “La Torre”. Tenían que nacer a 30 kilometros de esta torre, que está cerca de Betlehem. Como Jesus tenía que ser el Cordero de Dios, Ël también tenía que nacer en las cercanías de Migdal Eder.
José y María actuaron como responsables de este Cordero único de Dios, y le criaron y le cuidaron para el único sacrificio verdadero en la única Pascua verdadera. Y llegó la semana de la Pascua verdadera cuando el Cordero de Dios debía ser sacrificado por el pecado de la nación. Así, Jesús entró en Jerusalén el Domingo de Ramos por la Puerta Dorada que está al oriente. Aunque 52.000 ovejas habian sido introducidas por otra puerta, aquella Pascua, en especial, había otra oveja más. Esta oveja de más, era Aquella que Dios había señalado, para que fuera el único Sacrificio verdadero por el pecado, no solo de la nación de Israel, sino de todo el mundo entero.
Más tarde, fue al templo, para limpiarlo de la corrupción que los líderes religiosos habían introducido allí. Para la Pascua, debían limpiar las casas de levadura, símbolo del pecado y de la corrupción. Y Jesús estaba haciendo algo más importante – estaba limpiando la casa de Su Padre de la levadura de la religión.
Aquella noche, Jesus dió instrucciones a Sus discípulos para que encontrasen una casa, de la que hubiesen limpiado toda levadura y que fuese adecuada para celebrar la Pascua. Les dijo que buscasen a un hombre que llevara un cántaro de agua y que le dijesen que el Señor celebraría la Pascua en su casa. ¿Quien era ese hombre? ¿Cómo sabrían los discípulos donde encontrarle? En aquellos días, solo las mujeres acarreaban los cántaros de agua. Ese hombre debía pertenecer a un grupo conocido como Esenios, una secta judía que se habían apartado de la adoración en el Templo, unos cien años antes. Celebraban la Pascua un día antes que el resto de la nación. ¿Porqué? Porque El no podía celebrar la Pascua con el resto de la nación. Aquella misma noche sería traicionado, arrestado y condenado a morir crucificado.
Unos pocos días antes de la Pascua nacional, el Domingo de Ramos, cada familia judía debía comprar un cordero. Lo llevarían a su casa y le pondrían un nombre. Luego, pondrían alrededor de su cuello un rótulo con el nombre del cordero y el de la familia. De esa forma, el sacerdote a cargo del sacrificio sabría quien lo ofrecía. Durante los días previos a la Pascua, el cordero era cuidado como una mascota. La familia jugaría con él, lo cuidaría, se aseguraría de que se mantuviera en perfecto estado, e incluso llegarían a quererle. Así, llegarían a apreciar el valor de la expiación por los pecados.
Luego, el día de la Pascua, todos esos corderos eran sacrificados por los 700 sacerdotes, prácticamente en absoluto silencio. A las 9 de la mañana, el sacrificio por la nación era tomado por el sumo sacerdote, inspeccionado y a las 3 de la tarde se ponía sobre el altar. Primero lo cortaban de lado y luego a lo largo. Se sacaban los intestinos y se reliaban en la cabeza del cordero como símbolo del pecado. Luego, el sumo sacerdote debía decir : “Se acabó” mientras se ofrecía el último sacrificio.
A las 6 de la mañana Jesús fue juzgado. A las 9 de la mañana, fue clavado a la cruz. A las 3 de la tarde, gritó “Consumado es” y entregó Su espíritu. En ese momento, algo extraño ocurrió. Era costumbre en Israel, cuando un padre perdía un hijo, se rasgaba las vestiduras de arriba a abajo. Cuando el rey David oyó acerca de la muerte de Absalon, rasguño su túnica. Y ocurrió precisamente lo mismo cuando Dios rasgó el velo del templo de arriba a abajo, como señal de la muerte de Su Hijo. En ese momento, los 700 sacerdotes miraron en el lugar Santísimo y supieron que Jesus era el Hijo de Dios, el Rey de Israel, y el Cordero de Dios.
Dios no podía aceptar una ofrenda a cualquier otra hora. El sacrificio de la tarde era un memorial constante para el pueblo de Dios de la hora en la que el unigénito Hijo de Dios, el Cordero de Dios, moriría como sustituto de la humanidad, garantizando su entrada y aceptación en el reino de Dios. Fue en la sacrificio de la tarde donde Dios se encontraría con Su pueblo, moraría en medio de ellos, y les hablaría. Era a la hora del verdadero sacrificio de la tarde, la hora de la muerte de nuestro Señor en la cruz del Calvario, cuando se abrió el camino a la presencia del Señor en el lugar Santísimo. Durante siglos, el camino había estado bloqueado por una cortina, pero, ahora, por la muerte del verdadero sacrificio de la tarde en el Calvario, el camino quedaba permanentemente abierto.
“Y desde la hora sexta (12 del mediodía) hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena (3 de la tarde). Cerca de la hora novena (3 de la tarde), Jesus clamó a gran voz, diciendo : Eli, Eli, ¿lama sabactani? Esto es : Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo : A Elías llama éste. Y al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la empapó de vinagre, y piniéndola en una caña, le dió a beber. Pero los otros decían: Déja, veamos si viene Elías a librarle. Mas Jesus, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se parttieron.” (Mat. 27:47-51)
Me he tomado el tiempo de citar el pasaje anterior deliberadamente, demostrando el cumplimiento de 1ª de Reyes 18. Primeramente, no es una coincidencia que el Espíritu Santo mencionara específicamente que la hora de la muerte de nuestro Señor fue a la hora novena (3 de la tarde). Segundo, no es por casualidad que el nombre de Elías se mencione dos veces. Tercero, no es casualidad que la cortina del templo se rajara por la mitad. El Espíritu Santo ha recopilado estos detalles para asegurarse de que entendamos que el verdadero sacrificio de la tarde se ofreció en el Calvario, y que el fuego descendió del cielo para consumir el sacrificio. Como prueba de aceptación, se abrió el camino a la presencia de Dios al quitar la cortina de separación.
Así, una vez más, el pueblo de Dios recibió la seguridad de su aceptación en el reino de Dios. Se encontraron con el mismísimo Dios Padre dentro del Lugar Santísimo.
El Profeta Elías y Juan el Bautista
Elías sabía exactamente lo que estaba haciendo. Dios le había concedido el mayor de los privilegios: reparar el altar de Dios y ofrecer allí el sacrificio de la tarde. En otras palabras, Elías era quien, simbólicamente, acompañó a Jesus, como sacrificio de la tarde – la ofrenda quemada – a la cruz del Calvario. Él conocía la mente de Dios, conocía el corazón de Dios, y sabía que el Fuego llegaría. El Monte Carmelo, en el Antiguo Testamento, tipificaba al Monte del Calvario del Nuevo Testamento.
Elías es la mejor tipificación y ejemplo de un remanente. Es como si la vida de este bendito remanente estuviese entrelazada con la vida de nuestro Señor Jesus. Tuvo parte en el pasado y tendrá una parte futura en cada nueva fase de la vida y el ministerio del Señor. En verdad no se le ha otorgado mayor honor a ningún ser humano.
Durante la vida de nuestro Señor Jesus, la primera persona que anuncia y declara el reino, públicamente, es Juan el Bautista de quien el Señor dijo: “De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista;” (Mat. 11:11).
¿Qué engrandecía tanto a Juan el Bautista? En el evangelio de Lucas, cuando el ángel le anunció a su padre, Zacarías, la concepción y nacimiento de Juan el Bautista, le dijo: “El (Juan) irá delante de Él (Jesus) con el espíritu y el poder de Elías. (Lucas 1:11-17)
Y, otra vez, durante la transfiguración de nuestro Señor, como nos narra Lucas, leemos lo siguiente: “Pero os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios. Aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar. Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente. Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías; quienes aparecieron en gloria, y hablaban de su partida, que iba Jesus a cumplir en Jerusalén.”.... (Lucas 9:28-31)
Fue Elías quien puso la ofrenda quemada sobre el altar del Señor en los días de Acab y aquí, era Elías quien dialogaba con Jesus acerca de Su muerte como verdadera ofrenda quemada en Jerusalén. ¡Qué privilegio!
Y luego, en el evangelio de Marcos, leemos la conversación siguiente que tuvo lugar inmediatamente después de la transfiguración:
“Y le preguntaron diciendo: ¿Por qué dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero? Respondiendo él les dijo: Elías a la verdad vendrá primero, y restaurará todas las cosas; ¿y como está escrito del Hijo del Hombre, que padezca mucho y sea tenido en nada? Pero os digo que Elías ya vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él.” (Marcos 9:11-13)
¿A quien se refería Jesús? En Mateo 11, cuando hablaba de la grandeza de Juan el Bautista en comparación con el resto de los nacidos de mujer, Ël dijo: “Y si queréis recibirlo, él (Juan) es aquel Elías que había de venir.” (Mat. 11:14)
El pueblo de Israel y los escribas ciertamente conocían la profecía de Malaquías, su último gran profeta. Éste había hablado de la venida del Mesías de la forma siguiente: “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mi (Jesus);” (Mal. 3:1)
Esto es una referencia a Elías preparando el camino para que Jesus fuese entronizado en Jerusalén en Su segunda venida. La gente sabía acerca del ministerio de Elías antes de la segunda venida del Señor Jesus. Pero habían olvidado que este mismo Elías era aquel que había ofrecido el Sacrificio de la Tarde durante la primera venida de nuestro Señor. De este modo, Elías como tipificación se vió cumplido en Juan el Bautista como anti-tipificación.
Ellos no entendieron que la venida de Elías era paralela a la primera venida, y luego a una segunda venida del Señor Jesus. Elías debía reaparecer la primera vez para ofrecer al Señor Jesus como Ofrenda Quemada, y luego volver a aparecer una segunda vez para presentarle como Rey. Si, Elías vino, pero vendrá otra vez, como también confirmó nuestro Señor. Vendrá para poner su vida por el Señor Jesus y por Su reino. Uno de los dos testigos en el libro de Apocalipsis 11:3 será Elías, quien retará al reino de Satanás y entregará su vida en esta oposición. Elías y su ministerio han sido de principio a fin para el reino de Dios.
El Fuego Consumidor y el Sacrificio Consumido
Y tenemos a todo Israel esperando en el Monte Carmelo : “ (Elías) preparó luego la leña, y cortó el buey en pedazos, y lo puso sobre la leña. Y dijo: Llenad cuatro cántaros de agua, y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña. Y dijo: Hacedlo otra vez; y otra vez lo hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera vez; y lo hicieron la tercera vez, de maner a que el agua corría alrededor del altar, y también se había llenado de agua la zanja. (!º Reyes 18:33-35).
Todo el sacrificio y su alrededor estaban empapados de agua, que significa la muerte. ¿Se había vuelto loco Elías? Leamos el resto de la historia según está recopilada en la Palabra de Dios.
“Cuando llegó hora de ofrecerse el holocausto (ni antes, ni después), se acercó el profeta Elías y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tu eres Dios en Israel y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aún lamió el agua que estaba en la zanja.” (1ª Reyes 18:36-38)
¡Aleluya! 1ª Reyes 18 es uno de los capítulos más gloriosos en la Palabra de Dios, porque es el símbolo de la muerte de nuestro Señor, como Ofrenda Quemada en el Calvario, y también de la aceptación de este sacrificio por parte de Dios Padre. La muerte del Señor y Su aceptación por parte del Padre se cumplieron con la primera venida de Cristo, como demostraron todos los acontecimientos posteriores, tales como la rotura de la cortina del Lugar Santísimo, el terremoto, las tumbas abriendose (el lamer el agua) y todo lo demás.
“Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!” (1ª Reyes 18:39)
¡Jesus es el Señor! Él es digno de que nos postremos ante Él y gritemos a una voz “¡Jesus es el Señor!”.
¡Sí! El fuego bajó del cielo, consumió el sacrificio, se tragó la muerte y avergonzó a los profetas de Baal. Dios confirmó la fe de Elías. Dios liberó a Su pueblo de su triste condición. El reino de Dios ya no era una opinión. ¡Era una realidad! El reino de Dios es la esfera de Su vida, y no hay rastro de la muerte dentro de sus límites. Al llenar esa zanja con agua, Elías había dificultado que el hombre se acercara al altar y que Dios encendiera un fuego. ¡Pero nuestro Dios es el Dios Todopoderoso! Su fuego lo consumió todo, incluso la muerte, representada por el agua alrededor del altar. Jehová reivindicó la fe de Elías y la fe de los 7.000 del fiel remanente, que no se habían inclinado ante Baal.
El reino de Dios había prevalecido. La ofrenda quemada había sido sacrificada. Todas las barreras se habían quitado. Ahora todo estaba bien. Y Dios estaba dispuesto a derramar Su bendición sobre el pueblo. Pero antes de que pudieran apropiarse de la bendición y disfrutar de ella, todos los signos y los rastros de la apostasía y la adoración de Baal debían ser quitados.
20
La Recompensa – Un Carro de Fuego
Después que el Fuego cayese desde la presencia de Dios, consumiendo y tragándose todos los elementos negativos, el pueblo se postró sobre su rostro confesando: ¡El Señor es Dios! Entonces....
La Espada de Juicio que no se Compromete con Nada
“... Elías les dijo: Prended a los profetas de Baal, para que no escape ninguno. Y ellos los prendieron; y los llevó Elías al arroyo de Cisón, y allí los degolló.” (1ª Reyes 18:40)
Algunos dirán que este acto de Elías era cruel e innecesario. Pero no olvidemos su propia declaración cuando oró a Dios, diciendo : “Tu eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas.” (1ª Reyes 18:36)
Elías conocía la mente de Dios y cualquier cosa que hiciera estaba en línea con los mandamientos de Dios. Lo que hizo con los profetas de Baal estaba de acuerdo con las instrucciones que Dios le dió a Moisés: “El que ofreciere sacrificio a dioses excepto solamente a Jehová, será muerto.” (Ex. 22:20; Deut. 13:5; 18:20).
Como fue en aquellos días, así sucede también en nuestros días. La bendición de Dios no vendrá sobre los cristianos mientras los altares extranjeros y paganos se levanten en nuestras iglesias y falsos profetas profetizen en el nombre del Señor. Predicar la verdad en una iglesia, donde persisten tradiciones mundanas y altares extranjeros, no libera el poder del Espíritu Santo. Recordemos la declaración de C.H.M. : “Hay algunos que sacrificarían para el Señor sobre el altar de Baal; en otras palabras, conservarían un sistema maligno y se conformarían con darle un nombre correcto.”
El Templo Separado de Dios
Muchos se han arriesgado con las formas idólatras del mundo, y su final ha sido un fracaso total y una desgraciada destrucción de su vida espiritual. Han acabado en un compromiso. Pablo simplemente dice: “¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.” (1ª Cor. 5:6-7).
“Porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.” (2ª Cor. 6:14-18)
¿Podía permitir Elías que Israel co-existiera con esos altares idólatras y los falsos profetas de Baal? ¡No! Como tampoco podemos nosotros cohabitar con esta imitación de cristianismo y sus maestros. Pablo, al exortarnos y darnos el mandamiento de “purgar la levadura antigua”, nos está diciendo que mantengamos la masa sin leudar. No nos hagamos ilusiones. Si Elías hubiera permitido que los falsos profetas se quedaran, no habrían tardado mucho, despues de este hito histórico en el Monte del Carmelo, en volver los corazones de los Israelitas de nuevo a Baal.
Elías pasó a los profetas de Baal a espada según el mandamiento y el decreto de Dios. Sólo entonces, cuando todas las condiciones y las circunstancias estaban listas, las bendiciones de Dios pudieron ser derramadas sobre Israel. ¡Esta debería ser la reivindicación de los remanentes de todos los tiempos! Al estar firmes en la Palabra de Dios, se purgaron las circunstancias corruptas causadas por los falsos profetas. Sus predicaciones que agradan a la gente también serán purificadas. Entonces, el Espíritu Santo descenderá como Fuego Santo y traerá avivamiento.
No solo debemos reparar el altar del reino de Dios, sino también destruir los altares de Baall y deshacernos de sus profetas. En los días de Elías, era algo físico, pero, en los nuestros, es algo espiritual. No puede haber co-existencia.
La Escuela de Entrenamiento a la Discipilina
Ahora que todo estaba hecho, Elías, que representaba al remanente, anuncia a Acab la llegada de las bendiciones: “Sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye.”(1ª Reyes 18:41).
“Come....bebe” fueron las dos únicas palabras que le sonaban a Acab, las únicas palabras destacadas en su vocabulario. Si Elías le hubiese dicho a Acab que fuese con él a adorar al Señor, no le habría entendido. Sí, ambos eran israelitas, pero uno tenía la costumbre auto-indulgente de comer y beber, mientras el otro estaba entrenado en la comunión con su Señor. A Elías no le importaba cómo alimentarse mientras estuviese en comunión con el Señor. Como dijo nuestro Señor, cuando le tentó Satanás en el tema de la comida : “No solo de pan vivirá el hombre, si no de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mat. 4:4). Elías había aprendido esta lección en los tres años y medio de su entrenamiento. Pero para Acab, la bendición de Dios era simplemente “comer y beber”. ¿No es esta una de las promesas más familiares en el boom actual del evangelio de la prosperidad? En nuestros días, el mensaje a los cristianos carnales y que solo miran por ellos mismos, es idéntico al que se le dió a Acab: “Levántate, come y bebe”.
Elías tenía muy claro cómo debía comportarse en cada apuro y en cada circunstancia. Con toda dignidad, se había encontrado en primer lugar con Abdía, un santo en circustancias incorrectas. Luego se había enfrentado a Acab con una actitud justa y severa. Posteriormente, con gracia y con firmeza, se mantuvo en pie en medio de miles de sus hermanos equivocados. Por último, se encontró con los malvados profetas de Baal con la espada de la venganza. Él sabía cómo comportarse en presencia de los hombres – cuando usar la Palabra y cuando usar la espada.
Pero ¿cómo se comportó en presencia de Dios? “postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas.” (1ª Reyes 18:42). Elías sabía cuál era su lugar delante de Dios y cuál delante de los hombres.
¡Que el Señor tenga misericordia de nosotros y nos guíe a toda verdad por medio de Su Espíritu Santo. Como Elías, nosotros, que deseamos alzarnos sobre la base del remanente y reparar el altar destruido del Señor, debemos pasar por Su escuela de disciplina. De Su Palabra, debemos recibir la luz de las revelaciones del Señor. Según Su mandamiento, debemos declarar y proclamar Su reino. Debemos saber cómo comportarnos en el poder del Espíritu, ante la gente. Debemos humillarnos y postrarnos delante de nuestro Dios y Padre celestial. Aprendamos esta lección, no solo de Elías, representante del remanente de su tiempo, sino en nuestro tiempo, y especialmente del Vencedor de vencedores, nuestro Señor Jesucristo.
La Extraordinaria Recompensa de la Resurrección
Me voy a abstener de comentar acerca del resto de la vida de Elías, ya que solo pretendía estudiar su vida en relación con el altar del Señor, y como representante del remanente. Pero es más que justo que recordemos, cómo recompensó el Señor a este bendito representante del remanente. Elías recibió una recompensa, solo reservada para aquellos que se mantienen en el terreno del reino del Señor, proclamándolo, viviéndolo, y siempre dispuestos a morir por el.
Hacia el final de su vida sobre la tierra, después de que escogiera a Eliseo para seguir que siguiese sus pasos, leemos ésto acerca de Elías: “Y acontenció.que yendo ellos y hablando, he aquí un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías subió al cielo en un torbellino.” (2ª Reyes 2:11)
La misma recompensa espera a aquellos que anden en los pasos del remanente del Señor, ya sea en vida o después de la muerte. Si estamos vivos cuando el Señor vuelva a por Su Iglesia, seremos parte de la bendita generación que verá el arrebatamiento; estaremos delante del trono de juicio de nuestro Señor, donde recibiremos nuestra recompensa o nuestro castigo, según las obras hechas en la carne (2ª Cor. 5:10). Si tuviéramos que morir físicamente antes del regreso de nuesto Señor, entonces deberemos, mientras vivamos, estirarnos hacia adelante como Pablo deseaba --
“A fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurreción de entre los muertos. No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fuí también asido por Cristo Jesús: Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesus.” (Fil.3:10-14).
Pablo no se estaba esforzando por una simple resurrección de entre los muertos, que es la porción general para cada cristiano verdadero, y regenerado. Más bien, estaba esforzándose por esa porción especial, la recompensa del remanente: ¡La resurrección pendiente! ¡La resurrección victoriosa! ¡La resurrección del vencedor! O, en términos de Elías, la recompensa de la resurrección : ¡”un torbellino y un carro de fuego”!
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