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Puesto que el tema predominante de toda la Biblia es el Reino de Dios, se hace de extrema importancia para nosotros el comprender el significado correcto de la palabra “Reino”. Debemos ser claros en este asunto y tener una clara definición de esta frase; “El Reino de Dios”.
El Reino de Dios
Un tema que ensombrece y abarca todo lo demás en la Biblia es la frase “el reino de Dios”. El Nuevo Testamento es muy explicito y enfático en cuanto a ello. Juan el Bautista vino predicando y diciendo, “…el reino de los cielos se ha acercado” (Mat. 3:1,2). Jesús lo enseño y predico (Mat.4:17). Después de su resurrección El hablo a Sus discípulos acerca del reino. (Hec.1:3).
Este también fue el tema de los apóstoles. Pablo lo predico y enseño hasta el fin de su vida. Hasta el mismo fin hablo del reino de Dios, y de las cosas de Jesucristo (Hec.28:31). La carta a los Hebreos puede resumirse en una sola frase; “Así que recibiendo nosotros un reino inconmovible…” (Heb.12:28). Esto explica todo lo que hay en esta carta. Y finalmente miremos el libro del Apocalipsis. Todo el libro se puede resumir en una sola proclama;
“Ahora……el reino de nuestro Dios” (Apoc.12:10)
Puesto que el tema predominante de toda la Biblia es el Reino de Dios, se hace de extrema importancia para nosotros el comprender el significado correcto de la palabra “Reino”. Debemos ser claros en este asunto y tener una clara definición de esta frase; “El Reino de Dios”.
Muchos eruditos Cristianos creen que la palabra “reino” no es una buena traducción del Griego. El verdadero significado de la palabra original que se traduce como “reino” en nuestra Biblia Inglesa es: “Gobierno soberano” o “régimen”. Como resultado de esto la frase “reino de Dios” debería de traducirse correctamente por “el Gobierno soberano de Dios”. Por supuesto que seguiremos utilizando la palabra “reino”, pero debemos tener en mente que esto significa “el gobierno soberano de Dios”. Vamos a ser muy claros acerca de lo que debe de ser transmitido es la Soberanía de Dios.
T. Austin Sparks ha correctamente atribuido tres aspectos al reino. Primeramente significa; el gobierno de Dios como Rey. Luego esto nos conduce a un orden o naturales que características de aquel que gobierna.
El hecho que Dios gobierne nos conduce a siguiente cosa, principalmente a un orden, que toma su carácter de Aquel que gobierna. Este segundo aspecto nos conduce al tercero; un reino real, donde ese orden y naturaleza funcionan y son expresados. 1º. Dios Gobierna, 2º. Según un orden que toma su carácter de Dios, 3º. Un reino en el que este orden y naturaleza funciona y es expresado. Este reino es algo en lo que podemos entrar, pero no podemos entrar en el separadamente de las dos otras partes.
Primero el hecho de su Señorío absoluto. La otra es el hecho que nosotros, nos hemos convertido en coparticipes de la naturaleza Divina (2ª Pedro 1:4) por medio de una poderosa obra de Dios. Lo cual significa que la misma naturaleza de Dios ha sido introducida en nosotros y nosotros en ella, y un nuevo orden de cosas ha sido establecido. Esta es la definición de; el reino de Dios.
Lo que la Biblia nos desvela son los planes y propósitos de Dios en la creación, y la subsiguiente caída de toda esta creación, fuera de Su plan y propósito. La “Caída” hacia necesaria la redención de esta creación para devolverla a Su eterno propósito. En su palabra Dios revela que en la eternidad pasada, Su soberanía fue codiciada y desafiada por un ser angelical. Desde ese reto y rebelión, una severa guerra cósmica sobre la soberanía en este universo ha existido. Quien gobernara? Dios, o algún otro ser independiente de Dios.
En el plan eterno de Dios, la humanidad fue destinada a ser la expresión, representación y manifestación de Su soberanía en el mundo material. Así la humanidad se convirtió en un medio de expresión muy precioso, fuese para Dios o esa otra entidad conocida como Satanás.
En Génesis 1:26-28 leemos de la intención de Dios al crear la raza humana: “Y dijo Dios: Hagamos al hombre á Nuestra imagen, conforme á Nuestra semejanza; y señoree…. Y creo Dios al hombre á su imagen, á imagen de Dios lo creo. Y los bendijo Dios; y les dijo Dios: Fructificad y multiplicad, y henchid la tierra, y sojuzgadla, y señoread…”
Tanto en cuanto Satanás perseguía el reino, ahora persigue el vaso de expresión, es decir la humanidad. Si el pudiese ganar como aliado al vaso, eventualmente lo poseería y establecería su propia soberanía sobre el planeta y luego la exportaría al resto de la creación. Así empezó la batalla y la humanidad se convirtió en el factor decisivo para zanjar este conflicto.
Cuando Satanás se acerco a Eva y le dijo; “seréis como Dios” batalla por el vaso empezó. Y cuando Eva creyó la mentira arrastrando a Adán con ella, la caída de la humanidad tuvo lugar. En apariencia Satanás había triunfado, pero solo en apariencia. El Espíritu de Dios permanecía activo, y El no permitiría un colapso absoluto. El busco individuos que fueran sensibles a Su voz y los llamo a sostener Su soberanía sobre este mundo. La humanidad como tal cayo en un obscurecimiento de su mente, no pudiendo comprender el motivo de su creación y existencia. Se rindieron a un orden, que acabo en caos el cual es llamado”muerte” Rom. 1:20-32. Pero en medio de este caos Dios tenía aquellos que se alinearon con El, que reconocieron Su soberanía, aceptaron este orden que toma su carácter de Dios y proclamaron que en todo el mundo es el reino en el que este orden sin lugar para la muerte, encontraría su expresión.
El medio por el cual estas personas proclamaron la soberanía de Dios, fue un simple objeto llamado “altar”. Este representaba Su soberanía y Su carácter, y según el tipo de sacrificio ofrecido en el altar una proclamación era hecha.
Al principio aquellos que practican la construcción de altares, ofrecían una “ofrenda quemada” u “holocausto”, lo que significaba su total alianza a Dios como soberano. Tal fue el caso de Noe, Abraham, Isaac, y Jacob. Estos individuos fuero llamados a mantener el testimonio de la soberanía de Dios y su lealtad a El. Este sencillo hecho proclamaba que “Dios reina”. Mas adelante cuando Dios llamo a Moises y a los hijos de Israel para salir de Egipto, el les instituyo el tabernáculo y estos sacrificios fueron el testimonio del nuevo orden y Su carácter. Y según los guió a Canaan, un reino donde este orden hallaría su plena expresión fue designado.
Cuando Israel fracaso en mantener este testimonio, Dios llamo a individuos para que siguieran manteniendo el testimonio de Su soberanía. Estos fuero los individuos o pequeños grupos salidos de la mayoría que son llamados remanente. Estos son aquellos que permanecieron firmes en el terreno de la soberanía de Dios y pasaron la antorcha de este testimonio al remanente de la siguiente generación, hasta que el testimonio de Dios encontrara su plena expresión en la de Jesús de Nazareth, el Hijo de Dios, el hijo del hombre.
Jesucristo, fue como hombre, la plena expresión de la persona de Dios, la expresión del nuevo orden y del carácter de Dios, y primero y mas importante aun, como ser humano, el reino de expresión de este nuevo orden. Tras Su muerte y resurrección, la iglesia, un colectivo vivo, constituido por individuos regenerados, se convirtió en la expresión de este nuevo orden y en el área de la expresión de este nuevo orden.
Desafortunadamente la iglesia también perdió de vista su llamamiento y siguió en las huellas de Israel. Sin embargo si como en Israel, también en la iglesia fuera de la iglesia, Dios encontró aquellos que no perdieron de vista su llamamiento individual y colectivo, y mantuvieron ardiendo el fuego del altar.
Debemos saber que no se propone ni sugiere que el proceso de leudado que empezó en el primer siglo puede ser revocado por el remanente. Todo lo que la Biblia nos enseña es que; en medio de este colectivo leudado habrán aquellos que cumplirán el plan y propósito de Dios y continuaran proclamando todo el consejo de Dios.
Es nuestra oración que, todos y cada uno de nosotros primero y ante todo reconozcamos la soberanía de Dios en nuestras vidas individuales, y luego según encontramos creyentes con el mismo pensar, nos unamos y por cualquier medio proclamemos Su reino. El debe gobernar nuestras vidas personales de acuerdo con este nuevo orden, que toma su carácter de El. Nos corresponde a nosotros el permitir que sea en nosotros el reino donde y por medio del que El se expresa. Que el Señor nos halle dignos de ser incluidos en la lista de los remanentes de todas las edades.
Llegara el día cuando este orden encontrara plena expresión universal, y será entonces cuando lo que dice Apoc.11:15 se cumplirá: “Los reinos del mundo han venido á ser los reinos de nuestro Señor, y de su Cristo: y reinará para siempre jamás”.
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